PAIS RELATO

Libros de elena sierra

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elena sierra

emociones escondidas

Esa tarde de domingo, después de haber descansado de su largo paseo por el galacho de Juslibol, Esther se planteó que era el momento de hablar con su madre. Tras varios días de recapacitar, de imaginar las escenas que podrían desarrollarse cuando hablara con ella tomó la decisión firme de que de ese día no pasaba.
Todos los domingos que estaba en Zaragoza comía en casa de su madre. Era el día que disfrutaban mutuamente de su compañía. Su madre le cocinaba los platos que tanto le gustaban y que debido a sus horarios de clase ella no podía prepararse. La mesa primorosamente preparada por Isabel, con mantelitos individuales, servilletas a tono, vajilla y copas como si fuera una gran fiesta para las dos, sobre todo para Isabel, que desde que Esther se casó, se había quedado sola. Cuando se separó albergó durante un tiempo la esperanza de que volviera a casa pero nunca llegó ese momento. La independencia de Esther siempre quedaba patente.
Después de comer Esther dio una cabezada en el orejero con las piernas estiradas en un puf. Se despertó y vio que su madre estaba sentada en el sofá leyendo ávidamente la novela que tenía en sus manos. La televisión encendida pero nadie le prestaba atención. Se levantó, cogió el mando de la tele y la desconectó. Se sentó y mirando a su madre le dijo:
—Hay algo que quiero contarte, mamá.
Isabel cerró el libro y miró atentamente a su hija.
—Mamá tengo 38 años, estoy muy contenta con mi vida, con mi trabajo, con mis aficiones, pero hay algo que cada vez echo más de menos y cada vez tengo menos tiempo para llevarlo a cabo.
La madre no perdía detalle de las palabras de su hija.
—Quiero ser madre, quiero tener un hijo. Ya sé que hasta ahora no había mostrado interés por tener descendencia, es más, cuando estaba casada, en ningún momento me pasó semejante idea por la cabeza, pero ahora es algo que cada vez me obsesiona más.
—Pero ¿tú sola haciendo frente a todo?
—Mamá no estoy sola, hace un tiempo que salgo con un compañero de trabajo, alguna vez te lo he nombrado, Paco.
—Pero ese chico está casado ¿no?
—Todavía no tiene organizada su situación pero se está separando de su mujer de forma civilizada, han llegado al acuerdo de hacer cada uno su vida e intentar ser felices por separado ya que juntos no lo eran. Congeniamos, tenemos las mismas aficiones y nos queremos. Pronto viviremos juntos.
—Sé cómo eres y sé que cuando tomas una decisión es porque la tienes bien pensada. No seré yo quién intente hacerte cambiar de opinión. Siempre has sido el motor de mi vida y entiendo que esos mismos sentimientos se hayan despertado en ti.
Se sintió muy aliviada después de escuchar las palabras de su madre la abrazó e inmediatamente fue a buscar su teléfono móvil, tenía que contárselo a Paco.