País Relato - Autores

déborah f. muñoz

un hombre en un mundo de mujeres

Ser hombre no es tan fácil como lo pintan. Al menos, no para un modelo heterosexual, padre de tres hijos y orgullosamente casado con una maravillosa abogada.
De entrada, me veo asediado tanto por gays como por mujeres hetero que tienen la esperanza de que no sea gay. Hace tiempo que descubrí que decir que estoy casado no les sirve de freno. Para colmo, por muy bueno que sea, nunca me pagarán tanto como a las modelos femeninas. Y tenemos que soportar auténticas torturas, como hoy. ¿A qué idiota se le ocurrió hacer una sesión de fotos de bañadores en pleno invierno, con los modelos sentados en un trono de hielo? ¿Nos hemos vuelto locos?
Cuando por fin acabamos la sesión, rechazo las ofertas de ir a tomar algo y me voy de inmediato. Estoy deseando llegar a casa y acurrucarme bajo una manta junto a mi mujer y los niños. Luego, cuando se acuesten, descargaré todas mis penas con un poco de sexo apasionado con mi media naranja.
—¡Menos mal que estás aquí! —exclama ella cuando abro la puerta—. Creí que no llegabas.
En vez de recibirme con uno de sus sensuales besos habituales, me arrastra al dormitorio, donde un esmoquin me espera extendido sobre la cama. Maldición, me había olvidado de esa horrible cena de abogados a la que nos habían invitado.
—¿Es del todo imprescindible que vaya? No te imaginas qué día llevo —le digo en tono suplicante.
—¿Que si es imprescindible? —me pregunta, muy indignada—. Claro que lo es. Tres veces se han alargado tus sesiones de fotos y me has dejado tirada. ¡Van a pensar que estamos separados! No puedo volver a aparecer sola tras decir que voy contigo. Necesito que todo salga bien y me apoyes. ¿Tienes idea de lo difícil que es ser mujer en un mundo de hombres?
No pienso responder a eso. Claro que lo comprendo, porque estoy en su misma situación, cosa que comprende solo cuando le interesa, que por lo general es cuando no está enfadada ni intentando convencerme de que si no voy con ella a una cena nunca la harán socia. Lo cual es absurdo, porque es muy buena en su trabajo y de todas formas esos viejos payasos solo me quieren en sus fiestas para mofarse de mí y lanzarle indirectas a ella. Curioso, si un abogado se casa con una modelo es un héroe, pero si una abogada se casa con un modelo es de risa.
—De acuerdo. No tardo nada —suspiro y se me escapa un estornudo. Lógico, dado que he pasado seis horas sentado en un trono de hielo con la única protección de un bañador diminuto y apenas hemos tenido un par de cortos descansos envueltos en mantas térmicas.
—¿Te estás intentando escaquear fingiendo un resfriado? —pregunta ella, desconfiada.
—No. Tengo un resfriado, pero no me estoy escaqueando —le intento explicar.
Me mira poco convencida y me mete prisa. Apenas me da tiempo a saludar a los niños y, desde luego, no puedo ni tomarme un sobre para detener el resfriado: salimos pitando para no llegar tarde. En menos de media hora, estoy rodeado de abogados, sin parar de moquear. Aguanto con estoicismo sus pullas, incluso cuando empiezo a ver doble, seguramente porque empiezo a tener fiebre.
—¿Contenta? —le pregunto cuando por fin podemos irnos, tras lo que me parece una eternidad.
—Sí. Aunque podrías haber puesto mejor cara —me reprocha.
—Ya. Lamentablemente no soy actor —le respondo con debilidad—. Será mejor que conduzcas tú.
—¿Con estos tacones? —No respondo—. ¿Sabes?, si pensabas beber podías haberlo dicho y me hubiera traído unos zapatos bajos —continúa machacándome.
—No estoy bebido. Pero veo doble. —Un estornudo enfatiza la indirecta y, por fin, se da cuenta de que no estoy fingiendo.
—Pero cariño, ¡estás malo de verdad! —exclama, y de pronto cambia su actitud por completo—. Venga, vamos a casa. Te prepararé algo caliente mientras me cuentas qué te han hecho esta vez para dejarte hecho un guiñapo en menos de veinticuatro horas.
Sonrío débilmente. Por fin. Cuando se le mete algo entre ceja y ceja es mejor pasar por el aro pero, ahora que se siente culpable, sé que va a ser toda atenciones y mimos el resto del fin de semana. Solo espero que se me pase pronto para poder disfrutar de sus mimos sin la interferencia de la fiebre.