País Relato - Autores

déborah f. muñoz

temor

El temor la había paralizado. Sentía un nudo en el estómago que no la dejaba respirar desde que le vio frente a ella, mientras que sus familiares, amigos y conocidos observaban con aprobación. Ella miraba a un lado y a otro, buscando una forma de escapar a su inevitable destino pero sin encontrar ninguna. Ni siquiera se atrevió a dirigir su vista hacia él cuando se arrodilló y dijo las palabras mágicas:
–¿Quieres casarte conmigo?
Pero ella no quería. Lo que quería era marcharse de esa casa y huir lo más lejos posible de ese idiota, con el hombre al que verdaderamente amaba. Pero el temor había impedido que se marchara cuando tuvo ocasión.
No obstante, ese mismo miedo era el que iba a salvarla, porque su parálisis le impidió decir que sí. Aun con esas, él pensó que estaba demasiado emocionada como para pronunciar esa palabra, así que intentó ponerle el anillo en el dedo. Por suerte, el temor había hecho que ella apretara sus puños con fuerza y fue incapaz de abrir las manos para recibir el aro que sellaría su destino.
Un murmullo sorprendido se extendió entre los asistentes y su pretendiente se dio cuenta por fin de lo que pasaba. Se levantó y se dio la vuelta, furioso y cerrando sus puños con fuerza, posiblemente con la intención de golpear al primero que hiciera un comentario para librarse de su frustración por semejante humillación pública. Entonces, perdido el contacto visual, el miedo de ella desapareció y por fin pudo moverse para hacer lo que siempre había deseado: correr hacia su libertad.
La lluvia la empapó nada más salir del recinto, pero no importaba; siguió con su carrera, lo más rápido posible, hacia la playa, donde pudo ver a lo lejos a Peter, que miraba al infinito. Le abrazó desde detrás y se giró sorprendido hacia ella. Le besó con dulzura y susurró junto a su oído:
––Al diablo con todo. Nadie volverá a separarme de ti.