País Relato - Autores

déborah f. muñoz

inaccesible

«Si me hubieran dicho que acabaría teniendo sexo en la oficina nada menos que con Héctor, alias “Inaccesible”, habría soltado una carcajada».
Ese fue el último pensamiento racional de Alicia, mientras él le mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Después, cuando empezó a bajar lentamente con su sensual boca, primero hacia el cuello y luego en dirección a sus pechos, todo atisbo de racionalidad se evaporó dejando paso a un único deseo: acariciar su torso, quitarle la ropa y tenerle dentro de sí.
Con una sonrisa arrogante, Héctor permitió que le desprendiera de su ropa mientras exploraba debajo de su blusa. De pronto, decidió acabar los preliminares, quitó todas las prendas que quedaban por medio y se apartó un poco para mirarla, desnudo y gloriosamente empalmado.
Sin rastro alguno de pudor, Alicia abrió las piernas con una sonrisa traviesa, ansiosa por sentirle dentro. Esa invitación fue suficiente para que él volviera a acercarse y, besándola, se hundiera dentro de ella.
Su propio gemido fue lo que la despertó. Avergonzada, no solo por haberse dormido mientras hacía horas extra, sino por el resto de ruidos que, con la suerte que tenía, casi seguro que había realizado, miró a su alrededor con la esperanza de que no hubiera nadie en los alrededores.
Pero ahí estaba Héctor, alias “Inaccesible”, alias “el mejor polvo imaginario que había echado nunca”, que la miraba fijamente con una expresión extraña en el rostro. Aunque roja como un tomate, se dio cuenta de que en esos momentos no parecía inaccesible en absoluto. Sonrió con picardía y le guiñó el ojo. Quizás pudiera hacer su sueño realidad.