palabras dormidas
Me llamo Adela, quizá debería llamarme Olvido, aunque en mis oídos todavía resuenen las voces chillonas de los niños gritando: Doña Adela, doña Adela… ¡Qué lejos quedan aquellos años de enseñanza! Siempre de un lugar a otro, sin echar raíces. De compartir lo poco que se tenía en aquella difícil época de posguerra, de que mis alumnos entendieran que había un mundo distinto y qué debían luchar por él.
Ahora vivo con mis recuerdos, con mi gatita Iris y con todos los escritos y libros que fueron mis compañeros durante tantos años.
En mi mente permanece grabada la imagen de los chavales corriendo y gritando entre una polvareda tras el autobús, el que me alejó para siempre de sus vidas porque alguien consideró que mis métodos educativos no se ajustaban a las reglas impuestas.
Sin embargo, mis siguientes destinos no suplieron todo el cariño dejado en aquel pueblo. Los ojos de aquellos niños llenos de perplejidad me siguen persiguiendo. Tampoco podía encontrar en mi familia la ternura perdida. Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. A mi padre se lo llevó la sinrazón de la guerra. Aquellos niños eran mi familia, mi orgullo y mi futuro pero ¿A quién le importó?
Traté de enseñarles que todas las palabras del mundo estaban ahí, dormidas en aquellos tinteros sobre el pupitre, esperando que ellos las sacaran y les dieran vida. Una vida distinta y menos oscura que la que tenían. No quería himnos, ni revanchas ni más odio. Solo enseñarles la magia de un mundo diferente donde cabía la diversidad y la poesía.
A través de la ventana, mientras ronronea Iris, veo ese Mediterráneo que nunca pude enseñarles pero del que tanto les hablé, y se agudiza ese dolor fruto de los años y el desatino.
Sobre la mesa, mi amigo Machado, el compañero de camino que nunca me abandona, ni yo a él. En la pared cuelgan esos colosos egipcios que han viajado siempre conmigo, testigos mudos de mi vida. Sobre la cómoda una foto, en blanco y negro, de Ángel, José María, Elena, Jesús… así hasta mis quince niños. Ellos nunca lo sabrán pero han sido mi familia y mi razón de ser.
Cada día pienso en ellos.