thorp mcclusky
dos fantasmasMedianoche. Llovía a mares. No era esa clase de lluvia bajo la cual le gusta a veces a la gente pasear, sino un continuo diluviar, como la lluvia que caía e
el horror del cementerio1. Dos muertes extrañas. Fue en mayo cuando Karl Maercklein se anudó un peso de acero en los tobillos y saltó desde el puente, a tres millas al sur de nuest
el horror reptanteEstoy a punto de describir una secuencia de sucesos indiscutibles. En algunos de los incidentes estuve presente, y el testimonio de los demás me ha llegado