samanta schweblin
adalianaEsta noche, cuando Escudero descienda a los pisos que habita la servidumbre y llame a la puerta de Adaliana, sucederá algo terrible. Pero hasta aquí no habrá sorpresas. Acostumbradas a los pasos d
conservasAsí pasa una semana, un mes, y vamos haciéndonos la idea de que Teresita se adelantará a nuestros planes. Voy a tener que renunciar a la beca de estudios porque dentro de unos meses ya no va a ser
hacia la alegre civilizaciónHa perdido su pasaje y tras las rejas blancas de la boletería se le ha negado la compra de otro por falta de cambio. Desde un banco de la estación, mira el inmenso campo seco que se abre hacia los
la furia de las pestesGismondi se extrañó de que los chicos y los perros no corrieran hacia él para recibirlo. Intranquilo, miró hacia el llano donde, ya mínimo, se alejaba el coche que regresaría por él al otro día. L
mariposasYa vas a ver qué lindo vestido tiene hoy la mía, le dice Calderón a Gorriti, le queda tan bien con esos ojos almendrados, por el color, viste; y esos piecitos… Están junto al resto de los padres,
nada de todo esto—NOS PERDIMOS —dice mi madre. Frena y se inclina sobre el volante. Sus dedos finos y viejos se agarran al plástico con fuerza. Estamos a más de media hora de casa, en uno de los barrios residencia
pájaros en la bocaEl auto de Silvia estaba estacionado frente a la casa, con las balizas puestas. Me quedé parado, pensando en si había alguna posibilidad real de no atender el timbre, pero el partido se escuchaba
papá noel duerme en casaLa navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos juntos; después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá Noel haya tenido na
pasa siempre en esta casaEL SEÑOR WEIMER está tocando la puerta de mi casa. Reconozco el sonido de su puño pesado, sus golpes cautos y repetitivos. Así que dejo los platos en la pileta y miro el jardín: ahí está otra vez,
un hombre sin suerteEL DÍA QUE CUMPLÍ OCHO AÑOS, mi hermana —que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo— se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años. Primero sonrió, tal vez por