País Relato - Autores

naguib mahfuz

accidente
Hablaba por el teléfono de una tienda con voz bastante alta para hacerse oír a pesar del jaleo de la ruidosa calle de Al-Geis, inclinándose hacia el fondo d
el acusado
Como iba solo en su cochecito, no tenía más aliciente que la velocidad; volaba -en dirección a Suez- sobre una cinta de asfalto ceñida por arenas. En el pai
el borracho canta
Cuando la taberna se quedó completamente vacía, el viejo camarero se acarició la calva, emitió un ruidoso bostezo, casi como un lamento, y empezó a amontona
el cantinero
En cualquier caso, tu rostro estaba siempre presente en los momentos más felices de mi vida. Estabas apoyado con el codo del brazo izquierdo y la palma de l
el eco
Se apoyó en su bastón y esperó. Tras el sonido del timbre, no se oyó el menor ruido detrás de la puerta, como si la casa estuviera vacía. Dentro de un insta
el hombre feliz
Al despertarse, se sintió feliz sin saber por qué. No encontraba palabra más adecuada que «feliz» para expresar su estado de ánimo, insólito en relación a l
el paraíso de los niños
-Papá. -Sí. -Mi amiga Nadia y yo estamos siempre juntas. -Claro, cariño, es tu amiga. -En la clase, cuando vamos de paseo, a la hora de la comida… -Es estup
el traje del prisionero
El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estación de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorría los andenes incomparablemente ligero, ojean
el vacío
Sería un enfrentamiento violento, salvaje, para satisfacer la sed de venganza alimentada durante veinte años de resignación e impaciente espera. Los ojos de
fardús
Todo se movía sin control y los muros laterales parecían oscilar. Pero lo más extraño era la ausencia de luces, como si se las hubiera tragado la oscuridad;
jardín de infancia
-Papá… -¿Qué? -Yo y mi amiga Nadia siempre estamos juntas. -Claro, mujer, porque es tu amiga. -En clase… en el recreo… a la hora de comer… -Estupendo… es un
la loca
¡Cuántas peleas hay en nuestro barrio! Ya sea por motivos graves o por causas banales, nuestro barrio es una reyerta continua. No hay hora del día o de la n
la taberna del gato negro
Estaban todos cantando cuando un desconocido apareció en la puerta. En la taberna no quedaba ni una silla vacía. El local se reducía a una sala cuadrada sit
pimienta
En el café “La Felicidad” hay muchas cosas interesantes. Una de ellas, Pimienta, un chico de doce años o poco más. Su verdadero nombre es Taha Sanqar, pero
sherezade
1 -Hola. -¿El señor Mahmud Shukri? -Sí, señora, ¿de parte de quién? -Pido disculpas por molestarle sin conocerle. -Perdone, ¿puedo saber su nombre? -Mi nomb
un milagro
Sentía el calor extendiéndose por sus miembros y los efectos de la embriaguez en su cabeza. En el Venecia, a pesar del ambiente sofocante producido por el h
un sueño
Un árbol alto y grueso, de apellidos y características personales pero sin frutos… Era mecánico en la compañía metalúrgica Al Sharq, tenía siete hijos y gan
una fotografía
Yusri Abdel Muttalib tomaba su desayuno, consistente en un trozo de queso fresco, pan tostado y una taza de café. Sentada frente a él, su mujer leía el peri
una fotografía antigua
Una idea, relampagueando de improviso, anunció el fin de su incertidumbre. Surgió cuando sus ojos tropezaron con una vieja fotografía escolar. Estaba preocu
una palabra sin comprender
El «jefe» Randas dio un largo bostezo y retiró la manta de su cuerpo. Se sentó en la cama y se rodeó las piernas con los brazos. Parecía inclinado por el pe
una visita
Estaba acostada en la cama, sin fuerzas, incapaz de hacer cualquier movimiento que no fuera mover los párpados y los ojos o levantar la mano hasta el pecho
una voz turbadora
Estaba sentado en el casino Al Sagara, su local matutino, tomando café y fumando un cigarrillo. Observaba el agua tranquila del Nilo o el cielo claro de jul