francisco coloane
cabo de hornosLas costas occidentales de la Tierra del Fuego se desgranan en numerosas islas, entre las cuales culebrean canales misteriosos que van a perderse allá en el fin del mundo, en La Sepultura del Diab
cinco marineros y un ataúd verdeUn día de principios de invierno arribó a Punta Arenas un barco tan deslastrado que llevaba más de media paleta de la hélice fuera del agua; el casco plomizo, algo descascarado por la intemperie o
el chilote oteyAlrededor de novecientos hombres se reunieron a deliberar en la Meseta de la Turba; eran los que quedaban en pie, de los cinco mil que tomaron parte en el levantamiento obrero del territorio de Sa
galope de esqueletosEsa noche el viento se había dormido antes que nosotros, fuera del bosque donde pernoctábamos. Fue Facón Grande, el capataz de tropillas, quien nos llamó la atención con un vivo gesto de cabeza: -
la botella de caña vacíaDos jinetes, como dos puntos negros, empiezan a horadar la soledad y la blancura de la llanura nevada. Sus caminos convergen y, a medida que avanzan, sus siluetas se van destacando con esa leve in
la voz del viento—¡Hasta los pájaros se vuelven fieras en esta tierra maldita! —dijo la mujer del puestero, sacudiéndose la nieve en el umbral del rancho. —¡Esta es la quinta! —contestó la mujer y continuó—: ¡Todo
viven porque están muertosEl amor es un estado patológico que dura más en los débiles y menos en los fuertes -dijo el joven mirando fijamente a la señora de más o menos cuarenta y cinco años de edad, que estaba a su frente