País Relato - Autores

z. a. snow

el regalo de la nieve en navidad

Había un pueblo llamado Wintersnow, donde cada invierno solía nevar copiosamente. Sin embargo, en un extraño giro del clima, aquel año la nieve no había llegado, privando a los habitantes de su diversión invernal. Los niños miraban el cielo con la esperanza de ver caer los copos blancos que tanto ansiaban. Y así, poder hacer guerras de bolas de nieve entre ellos, pero ni un copo de nieve caía aquel invierno.
La nochebuena se aproximaba, y la tristeza cubría a los pequeños del pueblo que no podían construir muñecos de nieve, ni deslizarse por las laderas cubiertas de blanco. Las calles y los campos seguían verdes y secos, lo cual era inusual para la temporada. Tendría que estar todo bajo un manto grueso de nieve y hacía un sol abrasador para la época del año. La gente del pueblo daba la culpa al cambio climático.
Pero en la víspera de Navidad, todo cambió radicalmente. Una inmensa nevada comenzó a caer sobre Wintersnow. Los copos de nieve bailaban en el aire y cubrían todo a su alrededor. Los habitantes se despertaron sorprendidos con el cambio de paisaje; los tejados, las calles y los árboles estaban cubiertos de un manto blanco. En pocas horas de nevada, todo quedó blanco como las Navidades anteriores. Era un paisaje entrañable, como en las películas de Navidad.
Los niños, emocionados, se abrigaron y salieron a disfrutar del regalo de la naturaleza. Pronto, grupos de pequeños se reunieron en los jardines y plazas del pueblo, moldeando muñecos de nieve, cada uno con su toque especial. Había muñecos de todos los tamaños y formas: unos altos, otros pequeños; algunos con sombreros hechos de ramas, y otros con bufandas tejidas a mano. Otros con nariz de zanahorias y ojos hechos con botones negros de camisa.
Las risas infantiles llenaban el aire y el espíritu navideño se sentía más fuerte que nunca. Los niños se lanzaron a deslizarse por las suaves laderas, disfrutando de la alegría que la nieve les había traído.
A medida que la luz de la luna brillaba sobre el pueblo, los muñecos de nieve relucían como estrellas, iluminando las calles. Los adultos también se unieron a la diversión, recordando sus propias travesuras de infancia en la nieve. Había sido una víspera de Navidad inolvidable para todos los niños de Wintersnow. Y la diversión aún no se había acabado.
La nevada continuó durante toda la nochebuena, y para la mañana de Navidad, Wintersnow se había convertido en un paraíso invernal. Parecía una postal de Navidad, con todo de color blanco. Los rayos del sol daban brillo a la nieve, haciendo que todo brillara bajo su luz.
Los niños se despertaron con una sonrisa radiante y corrieron al aire libre, admirando el resplandor blanco. La algarabía volvió a llenar el aire cuando vieron que sus muñecos de nieve habían permanecido intactos, como si fueran guardianes de la alegría navideña. Había dos palmos más de nieve que la noche anterior, antes de acostarse.
Esa Navidad fue especial para Wintersnow, enseñando a los habitantes que a veces, los mejores regalos no se envuelven en cajas, sino que llegan de forma inesperada y transforman la vida cotidiana en algo mágico. La nieve había traído no solo alegría a los corazones, sino también la hermosa tradición de construir muñecos de nieve, convirtiendo una Navidad sin nieve en una celebración única e inolvidable.