País Relato - Autores

veca grace

banshee

«Idiota», me dije a mí misma.
Solo a mí se me podría ocurrir hacerme la valiente en mitad del bosque. Ni siquiera yo entendía por qué les dije que iría a por algunas ramas secas para echar a la hoguera. No veía nada, las copas de los árboles eran tan densas que la luna apenas arrojaba algo de luz entre sus hojas. Todo era oscuridad y silencio.
Llevaba ya algunas ramas recogidas cuando, de repente, me di cuenta de que me había perdido; las solté de golpe debido a la angustia y la ansiedad que empezaron a poseerme. Caminé de un lado a otro intentado deshacer mis pasos. Busqué la luz de la hoguera entre la penumbra, algo que me indicase a dónde tenía que dirigirme. Caí de rodillas sobre la maleza húmeda. Comenzaba a tener frío y, desesperada, llamé a mis amigos. Grité y mis sollozos retumbaron entre los árboles, perdiéndose en el silencio sin obtener respuesta. Parecía como si el bosque me hubiese abducido, llevándome a otra dimensión paralela donde estaba totalmente sola.
Esa fue la primera vez que lo oí. Tras mi último sollozo, otro se alzó fantasmagórico a lo lejos. Un lamento desesperado y lleno de pena que me heló la sangre y me puso en alerta.
Limpié las lágrimas que salían sin control de mis ojos y volví a ponerme de pie. El sonido se repitió, pero parecía haberse acercado un poco más. Empecé a caminar sin rumbo, siguiendo mi intuición y sin saber a dónde dirigirme. Mi respiración se aceleró ante la sensación de que alguien me acechaba en la oscuridad de aquel lugar. Escuché otro sollozo y un quejido que sin duda era de mujer. Una terrible sensación de desazón se instaló en mi corazón, y la voz me paralizó, como si sus sonidos guturales tuvieran hilos invisibles y me agarrasen impidiendo mis movimientos.
—¡Leslie, si esto es una broma no tiene ni puta gracia! —grité intentando dar una respuesta lógica a todo aquello, pero no obtuve respuesta alguna.
De repente, una neblina blanca comenzó a formarse a mi alrededor. Era densa y parecía tener vida propia. Se arrastraba como un reptil silencioso invadiéndolo todo. A través de ella empecé a ver algo; sin embargo, seguía sin poder moverme, por lo que la sensación de peligro y congoja fueron en aumento.
Los cánticos fúnebres y escalofriantes se alzaron más potentes que antes, desgarrando la calma de la noche y enmudeciendo hasta el sonido de los grillos.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué arrojaba al cielo ese quejumbroso sonido? Sentí una pena inexplicable y la imperiosa necesidad de saber qué le ocurría, ¿por qué sufría de aquella forma tan atroz? La figura que había surgido de la niebla siguió moviéndose a través de los árboles, parecía flotar y pude ver que llevaba un vestido blanco y vaporoso que se mecía con sus pasos. Los lamentos dieron paso al llanto desesperado, uno que sonaba casi irreal. Parecía producir eco y que todo el bosque llorase también.
De repente, volví a tener control sobre mi cuerpo, pero por mucho que en mi mente quisiera echar a correr y alejarme de aquello que me perseguía, me sorprendí yendo directa hacia la voz.
Intenté resistirme, luchar contra el irrefrenable deseo de encontrarme con su quejumbrosa dueña. Mis pies se movían solos, como si ese lamento fuera una llamada, un embrujo del que no podía escapar.
El frío aumentó y empecé a echar vaho por la boca.
La mujer misteriosa se detuvo tras un árbol y un grito ensordecedor hizo que me tapase los oídos, aterrorizada; tan solo unos metros me separaban de ella y empecé a ver más detalles de su figura. La niebla me abrazó y, tras moverse, su apariencia me fue revelada: tenía aspecto etéreo y pálido, con el cabello largo y despeinado de color plateado. Su rostro estaba demacrado, con los ojos rojos e hinchados por el llanto continuo. Su apariencia era fantasmal y llevaba una túnica bastante andrajosa que la hacía parecer aún más espeluznante. Quedé paralizada ante su presencia. Era una banshee… una criatura de la que solo había oído hablar en libros y visto en películas.
Alargó sus huesudos dedos acabados en uñas afiladas hacia mi rostro. Sus gritos y expresión de sufrimiento y dolor eran insoportables, pero estaba paralizada y no podía hacer nada para alejarme. Pasó sus uñas por mi rostro con cuidado produciéndome escalofríos. Quería hablar, sin embargo fui incapaz de pronunciar palabra. Le rogué con la mirada que me liberase.
Flotaba a mi alrededor lanzando alaridos. Entonces, sentí que se detenía detrás de mí y, tras colocar sus manos sobre mis ojos, por mi mente pasaron unas imágenes y unos recuerdos que no eran míos.
Vi a un hombre grande y corpulento golpearla varias veces con un palo en distintas partes de su cuerpo, incluida la cabeza, de la cual empezó a brotar sangre sin control. Fui testigo de cómo la violaban con brutalidad. Sentí su dolor, su humillación, cómo su cuerpo era ultrajado una y otra vez pese a sus súplicas de que parase. Sentí que mi sexo se quebraba, dolía y pensé que me desmayaría allí mismo. Él agarró su perfecto y hermoso rostro con tanta fuerza que sentí que su mandíbula se quebraba entre sus dedos. Solo una bestia podría hacer eso. Sus recuerdos ahora eran míos, su sufrimiento ya formaba parte de mí y nunca desaparecería. Sollocé, grité con ella mientras su agonía pasaba a ser mía.
De repente, una luz cegadora lo iluminó todo y su embrujo desapareció; me di la vuelta para contemplarla y desapareció ante mis ojos. La banshee ya no estaba, pero me había traspasado su maldición. No supe qué hacer con tanto dolor dentro de mí ni tampoco cómo volver con mis amigos. Estaba allí sola, rota y perdida. Todo mi cuerpo ardía, lacerado, pero sin marcas.
Caminé agarrándome a cada árbol que iba encontrando a mi paso. Llegó un momento en el que ya no pude mantenerme en pie y caí al suelo, que me recibió con su frío abrazo. Me golpeé la cabeza con varias piedras de gran tamaño ocultas entre la maleza. Sentí mi carne abriéndose y la sangre derramándose caliente por mi rostro, reconfortándome en cierta forma. Ya no sabía quién era, solo podía revivir una y otra vez la agresión a la que esa joven sin nombre había sido sometida. Ahora yo era ella.
Al traspasarme sus recuerdos, se había liberado y ahora yo era la portadora de su sufrimiento y de su muerte. Mi vida escapaba poco a poco a través de la herida que seguía sangrando sin control. El sueño me fue invadiendo mientras mi esencia se vertía sobre la tierra húmeda del bosque. Nadie sabría qué me pasó.
Di una última bocanada para intentar tomar aire y lo último que vi fue a aquel hombre relamiéndose mientras la dejaba tirada en medio de la nada y se marchaba. Ella murió allí, justo donde yo lo estaba haciendo ahora. Viré la vista hacia la derecha en un vano intento por gritar; sin embargo, lo único que pude hacer fue contemplar su calavera, que me observaba con los ojos vacíos mientras terminaba de apagarme.
Contemplé mi cadáver y, al intentar tocarlo, vi que mis manos se habían convertido en garras. Observé mi cuerpo sin materia, traslúcido y mortecino, y comprendí que ahora yo era una banshee, un espíritu lleno de ira y dolor. Sollocé y grité mientras los recuerdos que me habían sido transmitidos me atormentaban. Tenía que encontrar a alguien y liberarme.