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Libros de scotty sinclair

Autores

scotty sinclair

shyla y nina, agentes de policía

Botas de cuero negro hasta la rodilla. Short azul demasiado corto, provocativamente ceñido, poco más amplio que un culotte. Medias de rejilla negras cubriendo el resto de las piernas. Top de escote generoso con cremallera frontal, apretado y a punto de explotar por el tesoro que oculta. Gafas Rayban Aviator de cristales polarizados. Gorra obligatoria y armas reglamentarias.
Nina y Shyla caminan despacio, sus traseros se mueven casi a la par, en gestos amplios, sensuales y lentos. Despiertan admiración y temor allá por donde pasan. Los buenos ciudadanos las saludan cordialmente, los malos se esconden cuando ellas aparecen. Los adolescentes no apartan los ojos de sus voluminosas tetas y se pajean en sus casas pensando en ellas. Los padres de familia sueñan con tórridos interrogatorios a solas con las explosivas rubias.
Nina ayuda a una familia de turistas, indicándoles el camino al museo. Shyla se agacha a jugar con el pequeñín y su escote pasa a ser el protagonista en la amplia avenida. El marido mira de reojo, un bulto en su pantalón lo delata. Los transeúntes caminan lentamente para admirarlo, algunos posan sus ojos descaradamente. El hijo adolescente se acerca a ella, finge jugar con su hermanito mientras aprovecha para rozar las enormes tetas con la palma de su mano. Antes de que se vayan, le da tiempo de frotar su paquete contra el culo de ella.
Vuelven a la comisaría tras un día tranquilo. Las rondas de patrulla a pie por la ciudad no son emocionantes, pero les permiten lucir sus esculturales cuerpos y estar en contacto con la gente, conocer chicos guapos y tontear un poco. A veces, incluso algún polvo rápido en una furgoneta o alguna mamada express en un callejón.
Todos sus compañeros las adoran, las compañeras no tanto. Se rumorea que se los han pasado a todos por la piedra, a alguno más de una vez. Y las malas lenguas incluso hablan de una supuesta reunión en los calabozos con toda la plantilla masculina de la comisaría. Muchos pares de manos sobre sus enormes bustos y muchas pollas para ellas dos. Semen y más semen sobre sus preciosos cuerpos sudados y desnudos.
Su día de trabajo ha terminado y ahora están en el vestuario. Nina mira directamente el pecho de su compañera, escudriñando lo más profundo de su escote.
—Vaya repaso te dio el niñato aquel, ¿no?
—Jajaja. Sí. Pero bueno, déjalo. Seguro que ya tiene para hacerse una buena paja cuando llegue a su casa.
—Jajaja.
Nina tira despacio de la cremallera de su top. El escote se hace más y más amplio hasta que onsigue desabrochar la prenda por completo. No lleva sostén por debajo. El top es tan pequeño y tan ceñido que ya hace de sujetador. Sus pezones están tiesos.
—Aunque el que no me importaría que me diera un buen repaso es el padre. Jajaja.
Shyla mira las tetas de Nina y se relame. Se mordisquea el labio inferior. Se deshace de su cinturón y de sus armas. Poco a poco se baja el ceñidísimo short, ayudándose de movimientos de sus caderas hacia un lado y hacia el otro. Brinca un poco, sus pechos botan. Su chocho depilado queda a la vista. Se lo acaricia, está ligeramente húmedo.
Nina responde abalanzándose sobre ella y estrujando una de sus tetas. Se besan apasionadamente, con ansia. Dejando que sus lenguas jueguen, peleen y se entrelacen. Le saca el top para poder toquetear y lamer los enormes pechos a gusto. Luego le pone una mano en cada nalga y hunde la cara entre sus tetas.
Sale pare respirar y le pregunta con tono coqueto:
—¿Cenamos juntas?
—Claro, ¿en tu casa o en la mía?