País Relato - Autores

nina godoy

la chica (im)perfecta

¿Te has sentido solo aun cuando hay gente a tu alrededor? Pues yo me siento así, ahora en esta pieza, mi refugio justo en este momento en el que lo único que quiero hacer el llorar, pero no puedo porque si me oyen se podrá peor. Prefiero que crean que estoy estudiando para poder superar el seis de la prueba de historia.
Las lágrimas bañan mis mejillas, ellas son las únicas que libres pueden hacerse notar, en mi interior grito de rabia, de dolor, de impotencia porque jamás podré ser yo, aunque cumpla la mayoría de edad siempre estaré atada a lo que “ellos” los que dicen que me quieren esperan de mí.
Nunca están contentos con nada y ya la frase: “Con tu deber estás cumpliendo, no es nada extraordinario” se ha vuelto en un sin sentido para mí cuando llego a casa con el siete que esperan, lo agradezco porque al menos no hay golpes ni palabras hirientes, esos aparecen en días como estos en los que no alcanzo la perfección que esperan: Hoy me he llevado dos correazos y un par de “eres una buena para nada” al menos se han cansado y se han apiadado de su hija ordenándome volver a encerrarme a estudiar.
Y aquí estoy, deseando volverme invisible, desaparecer, irme lejos a un lugar donde al fin pueda ser yo sin miedo a no ser aprobada por los demás. Que fácil sería tomar el lazo de mi bata y ahorcarme con él, mas ni eso soy capaz de hacer y sus palabras aparecen en mi mente avalando mi existencia amarga: “Qué vas a ser tú si apenas eres capaz de cumplir con lo mínimo que se te pide” Dentro de poco las luces se van a apagar y solo allí podré hacer lo que me hace feliz y estar en paz: pintar.
Me levanto y voy al baño a lavarme la cara me miro al espejo y me digo en un susurro para evitar que me escuchen: “Ya, Pacita, basta de llorar, no merecen la pena algún día este castigo se acabará y podrás hacer lo que te gusta”. Dejo el agua correr como si ella pudiese llevar toda mi pena a las alcantarillas alejándola de mí, llenándome de esa paz que tanto me hace falta, cojo un poco de agua entre mis manos y mojo mi cara un par de veces repitiéndome en mi mente una y otra vez: “esto no es para siempre”, me miro al espejo y encuentro esa mirada soñadora en el reflejo y sé que ya es hora de conectarme con mi verdadero yo, ese que nace de los colores y las texturas y que me aleja años luz de mi vida gris y llena de dolor.
Me seco la cara y respiro profundamente animándome a seguir el ritual que cada noche hace que me sienta viva, el que le da sentido a mi existencia. Salgo del baño y me doy cuenta de que ya las luces del pasillo están apagadas, señal inequívoca de que todos se fueron a dormir.
Cierro las persianas de la pieza, coloco paneles de madera en la puerta que bloquen la salida de la luz por las rendijas, voy hacia el ropero y abro las puertas, corro las chaquetas y saco la tapita del escondite donde guardo mi material y el atril con el bastidor que contiene el lienzo que terminaré hoy. Pongo todo en su sitio, preparo la paleta, los oleos, el fijador, los pinceles, la trementina para finalmente ponerme mi delantal y mi boina—es una excentricidad pero me gusta—. Sin más comienzo a pintar y en ese momento dejo de ser esa joven triste y atada a un ideal que ni siquiera quiero para convertirme en lo que soy realmente un yo libre capaz de expresar lo que siente y piensa por medio de lo que le apasiona: La pintura.
Me doy permiso de pintar por 3 horas por día, en este caso noche, —tiempo más que prudente considerando lo tirana de mi familia—, si me extiendo hasta el amanecer corro el riesgo de que me descubran y destrocen mi trabajo. De momento, ahora me concentro en el lienzo, en la imagen que me devuelve y en lo que quiero transmitir, ese es mi hogar ahora, mi refugio y lugar feliz alejado de los juicios y el maltrato que recibo por no ser lo que esperan de mí.
El cuadro se llama Alma en libertad muestra a una chica con los brazos abiertos frente a un campo florido llenándose de la luz del sol en una actitud de felicidad plena que da la libertad conquistada, ya sin miedo a nadie ni nada. Esa chica quisiera ser ya no falta mucho para cumplir los dieciocho años y poder emanciparme— lo siento uso palabras complejas considéralo como un mal adquirido por tanto libro que tengo que leer, no es que no me guste hacerlo, es solo que a veces me obligan a devorar libros para que sea una joven culta— pero en realidad lo que quieren es que yo haga lo que ellos no pudieron hacer y pagan conmigo sus frustraciones.
No me doy cuenta de lo rápido que avanza el tiempo hasta que me fijo en el reloj de mi mesita de noche que marca las un cuarto para las tres, debo empezar a guardar todo he irme a dormir unas cuatro horas, cuando despierte dejaré de ser yo y me convertiré en la prisionera de mis padres otra vez.
Mi primera exposición en el MAVI es hoy estoy feliz de haber alcanzado este sueño. Hoy están aquí todos quienes me han ayudado a llegar aquí, quiero agradecerles por estar ahí siempre, por haber batallado contra todo y todos, por enseñarme que quien ama no daña y por demostrarme mi valía.
Hoy cierro un ciclo y doy comienzo a otra vida, una llena de libertad, amor infinito y felicidad. Porque el título de esta exposición La luz en la oscuridad el arte fue mi única verdad cobra más sentido esta tarde porque gracias a esa verdad hoy ya no hay dolor en mi vida y todo quedó atrás, ahora solo queda empezar de nuevo.
Gracias a todos
El ruido del despertador me despierta e interrumpe mi sueño ¡Qué lindo sería volverlo realidad! Me sentí tan bien rodeada de gente que me apreciaba y admiraba, pero sobre todo esa sensación de plenitud que entrega estar haciendo lo que tu corazón te dicta.
Ya llegará ese día, mientras tanto a seguir haciendo el camino para llegar a esa tan ansiada meta. De momento, ahora solo queda enfrentar el día y a los miedos a la cara.
Apago la alarma y salgo de la cama, tomo mi ropa y me ducho lo más rápido que puedo tengo que estar en el comedor antes de las siete, sino mi madre me dará un sermón de los suyos y sinceramente, si puedo evitarlo lo haré. Me visto y alisto mis cosas para bajar, dejo mi pieza ordenada y la cama hecha para evitar que mi mamá entre a curiosear a mi mundo privado.
Bajo las escaleras, de momento en la cocina solo está ella, los demás monstruos no han bajado aún, prefiero que sea así porque de lo contrario me tocará aguantar sus burlas y regaños.
—Buen día, mamá—la saludo haciendo gala de mi buena educación aunque de verdad me apetece salir por esa puerta sin desayunar, de todas formas el hambre se quita comiendo, las heridas emocionales quedan, y de esas tengo bastantes.
—Vaya, al fin llegas—contesta con hastío. No espero un gesto amable de su parte ya que nada de lo que haga será suficiente para ellos. Deja la leche y las tostadas delante de mí p para que me las coma
—Gracias— respondo a pesar de su actitud conmigo. Sigo desayunando en silencio mientras ella trastea por la cocina, se nota que se está esmerando en el desayuno de Matías, mi hermano menor, y mi papá. Cuando estoy a punto de terminar llegan a la cocina, mi madre los recibe con una sonrisa y besos para ambos. Parece que fuera otra persona algo así como el Doctor Jekill y el Señor Hyde.
.—Buen día, mis amores, ya tengo su desayuno listo. Los recién llegados ni siquiera se toman la molestia de saludarme van directamente a sus puestos a desayunar, yo hago amago de levantarme de todas formas ya he terminado.
—Espero que hayas estudiado para la prueba de Historia menos de un siete no espero y si eso pasa ya sabes lo que va a pasar—comenta amenazante. Su postura no hace más que confirmarlo su seguridad me abruma como quisiera ser más fuerte y ponerlo en su lugar.
—Sí, si estudié—contesto y antes siquiera de llegar a su altura me pega una bofetada tan fuerte que me hace caer al suelo.
—¡No vuelvas a contestarme así, pendeja de mierda! ¿Oíste? —Me grita desde su posición mientras los demás siguen como si nada hubiera pasado
Me levanto y asiento con la vista en el suelo porque sé que si me atrevo a mirarlo a la cara pensará que lo estoy desafiando. Tomo mi taza y mi platillo voy a la cocina a lavarlos—esa es la tarea que solo a mí me toca hacer—, mientras me dirijo a la cocina escucho las risas de quienes se dicen ser mi familia.
Mi cara arde, tengo que aguantar, no puedo faltar y menos hoy ya me tocará urdir alguna excusa para justificar rojo de mi mejilla, Una vez finalizada mi tarea voy por mi mochila y me despido de todos hoy no pienso volver. Está decidido, solo espero que su ofrecimiento siga en pie y no sea demasiado tarde, es mi tabla de salvación.
Ruego al cielo que este infierno se acabe de una vez y para siempre.
Voy camino al paradero a tomar el bus que me llevará al colegio mientras hago el camino pongo mi reproductor de música la primera canción que comienza a sonar es Numb de Linkin’ Park:
Estoy cansado de ser lo que tú quieres que sea
Sintiéndome sin fe
Perdido bajo la superficie
No sé qué estás esperando de mí
Puesto bajo la presión
De caminar en tus zapatos
[Atrapado en la inmensidad
Solo atrapado contracorriente]
Cada paso que doy es otro error para ti
He quedado tan insensible
Puedo sentirte ahí
Estoy cansado
Mucho más insensible
Me estoy convirtiendo en esto
Todo lo que quiero hacer
Es ser más como yo
Y ser menos como tú.
Por primera vez soy capaz de darme cuenta de lo que oigo y pienso ¿En qué momento les di tanto poder para reducirme a menos que nada? Y en ese instante sé dónde refugiarme aunque sé que me costará caro porque tarde o temprano vendrán por mí.
Hago parar el bus pago mi pasaje y voy directo a los asientos traseros, lo que menos quiero es que me vean con cara de lástima si es que se atreven a mirarme porque a veces pienso que cada quien camina rodeado de un cristal invisible que impide que nos conectemos con el resto del mundo.
Cuando llego a mi destino toco el timbre para que el chófer se detenga y abra la puerta de atrás y así comenzar a dar el primer paso hacía mi libertad, camino con seguridad evitando la mirada de los transeúntes y cuando llego a su casa toco el timbre. No tengo que esperar mucho a que la puerta se abra y mi ángel aparezca.
—¡Pacita, mi vida! —sin más me abraza fuerte y en ese momento todas mis defensas se quiebran y rompo a llorar. —Ya pasó cielo ya pasó— me dice besando mi coronilla mientras sus manos siguen acariciando mi espalda. Pasamos unos minutos así hasta que nos damos cuenta en donde estamos, ella decide que es mejor que entremos en casa, sin más me lleva adentro y me sienta en el sofá del salón junto a ella que vuelve a envolverme con sus brazos y yo a refugiarme en su pecho.
—¿Pacita, qué te pasó en la cara? —me pregunta una vez me hube calmado.
—Papá me pegó, abuela—contesto avergonzada.
—¿¡Cómo!? —pregunta escandalizada, recorriéndome con la mirada buscando otros signos de violencia en mi cuerpo. Si supiera que los peores no se pueden ver y que a veces prefiero un moretón a una frase lapidaria.
—Sí, abuela hoy me volvió a pegar, ya no aguanto más quiero salir de ahí. Por favor ayúdame—le suplico.
—Mi niña—sus ojos se llenan de lágrimas. Ella ha sido testigo silencioso de todo este infierno porque yo se lo he pedido, todavía recuerdo cuando vio el primer moretón una tarde de piscina en su casa:
—¿Pacita, cómo te hiciste ese morado en la pierna? —me pregunta preocupada, mirándolo con detención
—Ah ¿este? No es nada, me caí de costado y me pegué con el mueble del pasillo, pero ya estoy bien, dentro de nada habrá desaparecido—comento restándole importancia volviendo al agua para huir de sus preguntas.
Ella se queda mirándome con tristeza, porque aunque nunca le he dicho nada ella tiene una intuición envidiable. Esa misma tarde a la hora del té me dio la tabla de salvación de la que me sostengo hoy.
—Mi niña—me dice mientras toma mi mano entre las suyas—Si alguna vez sientes que necesitas un refugio, cuenta con mi casa es tan tuya como mía.
—Gracias, abu — contesto con un hilo de voz en ese momento nos dijimos todo sin palabras y pactamos un acuerdo entre la complicidad y el silencio.
Vuelvo al presente y me encuentro con la mirada de mi ángel necesito que lo sepa todo sobre todo ahora que he decidido terminar con todo lo que me ha mantenido rodeada de miedo y alejada de lo que siempre he querido hacer.
—Abuela, lo que te voy a contar no será fácil de entender, pero necesito contártelo más ahora que he decidido acabar cortar con todo porque sé que cuento con tu apoyo—le cuento tomando su manos entre las mías. Ella asiente y se dispone a escuchar.
—Sabes que nunca he sido la niña de los ojos de mis padres, siempre me han exigido mucho, pensé que era por ser la mayor. Mati ha sido el consentido desde que llegó al mundo a él lo miden con una vara distinta de hecho son más que permisivos con el enano. —cuento haciendo un mohín.
—Nunca me ha gustado eso de hacer diferencia entre ustedes—me dice con molestia.
—Pero las cosas han cambiado hace ya cuatro años: Un día llegué a casa y le conté a papá que obtuve un 6,5 en matemáticas y me dijo: ¿Por qué eres tan tonta? ¿Tan difícil es sacarte un siete si lo único que haces es estudiar? Después de eso me dio mi primera cachetada, exigiéndome que me tragara las lágrimas. Desde ese día se convirtieron en mis verdugos aunque solo papá me ha pegado, mamá también me violenta psicológicamente.
He pasado años ocultando esto, nadie lo sabe, son tan astutos que no me han pegado en lugares visibles sino en lugares que pueden ocultarse con la ropa. Solo hasta hoy me ha dejado la cara roja. Por eso vine escapando del colegio. —confieso sacándome un peso de encima.
Mi abuela llora porque no puede creer que mi madre se haya vuelto cómplice de todo esto, la abrazo fuerte y le digo que ya se acabó este infierno. A partir de ahora nuestra vida será distinta.
—Abu, necesito que llames al colegio y le digas que estoy enferma y no pude ir a clases hoy—le pido.
—Por ti cualquier cosa, cielo—me dice con cariño. —Aunque se vienen tiempos difíciles para nosotros necesitamos un abogado, recuerda que aún eres menor de edad faltan seis meses para tu cumpleaños. Necesito llamar a Tomás para que nos tienda una mano. —me asegura.
—Abuela. No quiero denunciarles, sabes que si lo hago habrá consecuencias para nosotras y no quiero pasar por el Tribunal de Familia en una sala mirándoles a la cara contando todo lo que me hicieron—arguyo asustada.
—Mi niña, no puedes dejar esto así. No temas nada malo te va a pasar ya no estás sola me tienes a mí y a Tomás para defenderte.
3 meses después.
Después de ese día mi abuela llamó a mamá y le pidió que me quedara con ella una temporada, pues, necesitaba que la ayudase en casa porque estaba delicada de salud— una mentirita, lo sé—, pero funcionó al menos el primer mes hasta que llegó la notificación del juzgado. Como supuse vinieron por mí pero Tomás y la abuela los pusieron en su lugar.
—A Paz no la sacan de esta casa, tiene una orden de alejamiento en su contra, lo que ustedes han recibido es la demanda por violencia intrafamiliar de la que ha sido víctima durante estos años, si se les ocurre acercarse a ella a menos de trecientos metros van directamente a la penitenciaria y eso, mi querido Javier no es bueno para tu carrera como gerente de la multinacional que representas ¿o me equivoco?
—Pendeja de mierda ¿Crees que ganaste? —me increpa. —No te confíes esto no se va a quedar así. Vive tu veranito de San Juan mientras dure porque aunque no quieras tendrás que volver con nosotros y allí sabrás lo que es de verdad es el infierno. —me amenaza.
—Acabas de cavar tu propia tumba, Javier esa es la amenaza que necesitábamos para conseguir la tutela de Paz—desafía Tomás mostrando la grabadora.
Mi abuela toma su teléfono y llama a la policía quienes se encargan de llevarse a mi papá mientras Tomás deja constancia del hecho para que cuente como prueba en el tribunal.
Yo me escondo en mi pieza y lloro porque a pesar de todo los quiero son mi familia, no puedo odiarlos aunque quiera.
Claudia, mi terapeuta me dijo una vez en una sesión:
—Paz las agresiones más grandes vienen de quien dice quererte porque contra ellos no levantas defensas como con los extraños, puesto que confías ciegamente en ellos más en tu caso no ibas a desconfiar de tus papás. Sin embargo, debes dejar de esperar algo que jamás te van a dar, no porque tú no lo merezcas sino porque ellos no te merecen. Tienes que perdonarlos y perdonarte para comenzar una nueva vida junto a Luisa, ella quiere cuidarte y darte todo el amor que ellos te negaron en este tiempo.
Golpean la puerta de mi pieza, seguro que es mi abuela, —Abuela, necesito estar sola un rato, estaré bien, ve tranquila— digo entre sollozos.
—Paz, por favor ábreme, necesito hablar contigo—me pide Tomás. Me levanto de la cama y hago lo que me pide, al enfrentarme a su mirada bajo la mía automáticamente como un reflejo aprendido del que no puedo deshacerme todavía.
Me aparto de la puerta para dejarle pasar, le señalo la silla de mi escritorio para que se siente mientras yo me quedo en la cama frente a él, mientras se acomoda yo cojo unos pañuelos y limpio mis lágrimas y mi nariz —a estas alturas debo parecer Rodolfo el reno de la nariz colorada—. Me recorre con la mirada, siento que es lástima lo que le inspiro desde que lo conocí ha sido así. Cuando me lo presentó la abuela, una semana después de mi llegada, dijo que era amigo de mi tío Miguel que eran compañeros de facultad y que seguían en contacto a pesar de que él estaba ejerciendo en Italia hace ya diez años.
—Paz, vine a hablar contigo porque quiero proponerte algo que quizás te va a asustar pero si me escuchas tal vez entiendas las razones que me llevan a proponértelo—me cuenta con voz pausada sin alejar su mirada de la mía.
—Está bien Tomás, dime lo que tengas que decir, yo te escucho— dispongo sin miedo aunque con cautela.
—Con Luisa hemos hablado y creemos que lo mejor para ti es iniciar paralelamente al juicio un proceso de adopción— asegura
—¿Adopción? Si mi abuela tendrá la patria potestad no necesito que me adopte, ella es de mi sangre no lo veo necesario—arguyo.
—Paz, tu abuela ya no tiene la fuerza de antes y aunque ella consiga la patria potestad aún estarás en riesgo de que ellos te ataquen —argumenta. —Lo que quiero decirte es que quiero comenzar un proceso de adopción para convertirme en tu tutor legal. Sé que te toma por sorpresa—sostiene al ver mi impresión—Pero Paula y yo hemos hablado y queremos ser tus padres, sabes que no hemos podido tener hijos y que ya a nuestra edad es difícil que lo hagamos sobre todo si ya hemos intentado fertilización in vitro y no ha dado resultado, no quiero que Paula siga sufriendo—me cuenta con sus manos entrelazadas y la mirada baja por primera vez, quizás no quiere que le vea llorar.
—Tomás sabes más que nadie que adoro a mi abuela Luisa y no me gustaría alejarme de ella, entiendo la situación no es mucho lo que puedo hacer contra ellos, lo sé más considerando los contactos de Alonso —por primera vez dejo de decirle papá—. Sé que Paula y tú son unas personas increíbles desde que estoy aquí no me han dejado ni un minuto sola, se han ocupado de mí como mi familia nunca lo hizo. Te pido, me des unos días para meditarlo, hablarlo con Claudia y ver qué piensa la abuela de todo esto. Cuando esté lista te daré una respuesta—aseguro.
Por primera vez nos miramos a la cara sonriéndonos con la mirada, con la esperanza de que todo cambiará en nuestras vidas y lo que nos espera es mejor de lo que alguna vez si quiera soñamos. Me levanto y me acerco a él y sin más lo abrazo dejándolo perplejo por un momento, pero luego responde rodeándome con sus brazos y besando mi coronilla como suele hacer mi abuela.
—Gracias, chiquitita—me dice emocionado
—Gracias a ti. Tomás, por todo—respondo abrazada a él todavía.
—Pero bueno, parece que me perdí de algo — reprocha, nos sorprende mi abuela apoyada en el quicio de la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa, creo que mi ángel hizo de las suyas. Nos apartamos y voy corriendo hacia ella.
—Abuela—digo abrazándola dejando que ella me envuelva en sus brazos y su pecho me cobije.
—Tranquila, Pacita. Ya no tienes que temer más, ahora podrás hacer lo que más te gusta y cumplir la promesa que me hiciste cuando tenías cinco años ¿te acuerdas? —se separa de mi para buscar mi rostro y mirarme con dulzura.
—Sí, lo recuerdo dije que te pintaría tejiendo porque eras la abuela arañita más linda del mundo—declaro imitando esa voz de niña que se ganaba un beso de su abuela cada vez que podía
—¿Pintas? —me pregunta Tomás sorprendido.
—Claro que sí mi nieta es toda una pintora—responde mi abuela orgullosa mientras yo me escondo en su pecho por la vergüenza de ver develado mi secreto.
—Quisiera tener la oportunidad de verlos alguna vez si me lo permites claro. — me dice respetuoso,
—¿Enserio? —pregunto igual de sorprendida que él hace un momento. Nadie ha visto mi trabajo solo mi abuela porque ella me ha guardado el secreto desde hace tiempo.
—Por supuesto. Quiero conocerte, Paz y eso incluye todo lo que haces—me dice con un cariño que comienzo a reconocer nace desde la necesidad de protección como un padre a su hija. —Sabes—continúa— Paula pinta también de hecho ella estudió Artes en Florencia se dedicó por años a la restauración, hasta que un día se dedicó a pintar sus propias obras. Me dijo que si no podía tener hijos los pintaría y así se sentiría mamá de muchos—comenta con orgullo en su voz.
—Qué lindo, me gustaría ver sus trabajos — comento entusiasmada.
—Ya tendrás oportunidad, mi cielo —comenta mi abuela feliz por verme tan contenta. —Ahora, necesitamos reponer fuerzas así que Tomás estás invitado a almorzar, y no te preocupes ya llamé a Paula para que nos acompañara—añade cómplice mi ángel.
—Esto es una encerrona en toda regla, abuela —refunfuño
—¿Quién hace pastel de papas y peras al vino tinto cuando quiere hacer una treta como esa, cielo? —pregunta haciéndose la desentendida. Tomás es testigo entre risas de lo que sucede entre las dos, mi abuela le guiña un ojo y bajamos al comedor mientras esperamos a Paula.
En la sala el ambiente sigue distendido Tomás se aleja un momento de nosotras para hacer una llamada que suponemos es de trabajo, querrá proteger la privacidad de su cliente.
Mientras tanto ayudo a mi abuela a poner el pastel de papas en el horno, mientras ella prepara el postre.
—Queridas, iré a comprar el helado de vainilla para acompañar el postre y un vino para amenizar el almuerzo, si me lo permiten ya regreso. Paula y yo nos reuniremos en el supermercado ya vengo—anuncia Tomás saliendo por la puerta.
Creo que ha llegado el momento de hablar con mi abuela sobre lo que me propuso Tomás es necesario que ella sepa lo que tengo pensado, creía que necesitaría más tiempo pero su abrazo me quitó todas y cada una de mis reticencias.
—Abuela, Tomás quiere adoptarme—le digo sin más
—Lo sé mi cielo. Paula y Tomás me lo propusieron el día que les conté el horror que viviste, cuando tuve que detallar a Tomás cada episodio para que pudiera entablar la demanda. Ellos me contaron su anhelo de tener hijos y su imposibilidad de llevarlo a cabo, me pidieron que les dejara ayudarte y yo no pude negarme cuando te vieron se enamoraron de ti. —me comenta con una sonrisa.
—Abuela, voy a decir que sí a su propuesta, pero no voy a dejar de verte—le cuento.
—Mi Pacita, es la mejor decisión que pudiste tomar. Por supuesto no dejarás de verme seguirás siendo mi nieta siempre incluso cuando yo ya no esté. —declara abrazándome.
—Mi ángel, tú me salvaste. Gracias por todo, te prometo que haré todo lo posible para que estés orgullosa de mí.
—Pacita, no tienes que hacer nada más para ganarte mi afecto. Solo haz lo que te haga feliz porque si tú lo eres yo lo seré. —declara con cariño
Esa tarde de sábado fue el principio de una vida llena de alegrías, acepté la propuesta de Paula y Tomás, quienes iniciaron los trámites de adopción, dada mi situación actual el juez agilizó el proceso y con el consentimiento de mi abuela antes de cumplir los dieciocho años ya me había convertido en Paz Castaño Bermúdez hija de Tomás Castaño y Paula Bermúdez.
Me fui a vivir con ellos una vez se oficializó la adopción desde ese día Paula y yo nos volvimos cómplices compartimos la misma pasión por la pintura así que ella me deja trabajar en su taller, que para mí se ha convertido en mi lugar favorito desde que llegué. Me aconsejó estudiar Arte en Italia como ella me decía que lo mejor era conocer el mundo a mi edad haciendo lo que me apasionaba.
El día que cumplí dieciocho años con todos los que me querían reunidos en casa les di a mis padres el tesoro que guardé por años en esa habitación en la que me refugiaba de los maltratos Alma en libertad les pertenece a ellos porque gracias a sus cuidados y a su lucha al lado de mi ángel puedo decir que el verdadero amor no daña y que puedo ser feliz siendo yo misma.
Si alguna vez te has sentido igual que yo, te digo no te desanimes, eres más fuerte de lo que crees, más inteligente de lo que piensas y llegarás tan lejos como sueñas. No dejes que el miedo te detenga, pelea con todas tus fuerzas. Aunque no lo veas hoy, las lágrimas que hoy derramas son las mismas que riegan los sueños que mañana se harán realidad,
Mereces ser feliz, que nadie te diga lo contario.