el próximo
Mi amigo Juan murió la semana pasada a causa de un aneurisma. La sorpresa nos dejó a todos los que le conocíamos totalmente perplejos.
Durante su entierro fui observando a los presentes, todos estaban muy consternados. A casi todos tenía ubicados, y a los que no, iban acompañando a alguien a quien conocía. Como suele suceder en estas ocasiones había un desconocido con gesto sombrío y las manos entrelazadas a su espalda. Quien permaneció de forma discreta en un segundo plano durante toda la ceremonia.
También me llamó la atención una dama que estaba detrás del desconocido, algo separada de todos. Muy elegante, de cabellos largos, labios voluptuosos, ojos color azul intenso y mirada lánguida y perdida. Con una actitud serena, miraba de forma penetrante y melancólica el féretro de Juan. Parecía no vernos, era como sí su mente quisiera comunicarse, por última vez con… ¿su amigo? Desde luego no era ningún familiar, y si fuera alguna amiga lo sabría. Juan y yo éramos íntimos.
De repente, la dama empezó a moverse entre los asistentes, pasó por delante de ellos, decidida pero con paso lento. Por lo que percibí nadie hizo mención de moverse ante su aparición. Se paró al lado de Luis, hermano de Juan. Le miró con cariño, sin dirigirle palabra. Él se desplomó en su asiento, sollozando desconsoladamente. Ella retrocedió quedándose justo detrás de todos. Su semblante estaba relajado.
Cuando acabó la ceremonia se acercó a mí, y dijo: «el próximo serás tú». Cuando quise preguntarle a qué se refería, me abrazó el padre de Juan. Y no la volví a ver.
He indagado sobre ella y nadie recuerda haber visto a una mujer de esas características.
Estoy escribiendo estas palabras en cama, con unas fiebres muy altas, y la verdad, un poco asustado.