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Libros de montse añón

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montse añón

el pasado siempre regresa

Rosa espera nerviosa a su sobrina. Hace tanto tiempo que no se ven.
Pedro, el mayordomo entra en la sala y anuncia la llegada de la señorita Lorena.
Rosa se levanta del sillón cuando con paso lento entra una hermosa joven. Rosa abre los ojos de par en par, sin dar crédito a lo que ve. ¡Su sobrina es idéntica a su cuñada Teresa! Traga saliva y se acerca para abrazar a la recién llegada.
Lorena entra en una habitación enorme. Ve como su tía se acerca con las mejillas rojas y recibe un abrazo, demasiado exagerado. El mayordomo percibe el azoramiento de la señora y cierra la puerta; coge las maletas de la joven y las sube al que será su dormitorio, justo enfrente del de su tía.
Los días transcurren tranquilos. Rosa le cuenta historias de cuando ella y su madre eran pequeñas. Lorena siempre le presta mucha atención. Le agrada esa mujer. Le sorprende que un día hubiera sido la esposa de papá. Él tan reservado y adusto. Aunque tampoco sabía cómo había sido su propia madre.
Con el tiempo, la joven se percata de las miradas intensas y penetrantes de su tía. Es algo que le gusta. La relación entre ellas es cada vez más estrecha. Se siente más próxima a ella que a su propio padre.
Rosa revive. Lorena le recuerda tanto a Teresa, a su amada. A su memoria vienen imágenes del pasado, cuando ellas dos nadaban en la playa y corrían hacia las toallas, entre risas y caricias robadas. Los paseos por el Parque Güell en los atardeceres otoñales, y en la oscuridad daban rienda suelta a sus deseos con besos apasionados, dulces y temblorosos. Conocieron un mundo de placer y felicidad que les fue prohibido. Y ahora volvía a sentir lo mismo hacia una joven hermosa que la miraba confiada.
Hoy, tras la cena, Lorena se dirige a su dormitorio. Rosa se sirve una copa de coñac. Se acurruca en su sillón y, embriagada por el licor, recuerda… Emocionada sube a su habitación. Al llegar escucha a sus instintos, se gira dudosa hacia la habitación de enfrente. Golpea la puerta. Lorena la abre y sorprendida mira a su tía, quien con ternura le acaricia la cara y se acerca suavemente hasta besar su boca, su cuello, sus ojos… Se miran y sonríen. Cierran la puerta y se entregan la una a la otra apasionadamente. La una como siempre había soñado. La otra llorando de felicidad al recobrar a su amada.
En su noche de pasión, no se percatan que son observadas desde el otro lado de la habitación por un hombre que las desea y las devora en secreto.