Sentada en la mesa, con la mirada perdida en esas pequeñas partículas que flotan misteriosamente en los rayos de sol que se filtraban entre las cortinas y vestida con mi pijama de pantaloncillos y camiseta de tirantes, esperaba ansiosa que Lorena, mi compañera de piso, sirviera el desayuno que ese fin de semana le tocaba preparar.
—¿Sonia? ¿En qué piensas? —preguntó "Lore" de repente.
—Ah, en nada ¿por qué? —respondí mientras ella colocaba dos tazas de café y unos emparedados algo quemados.
—Es que te veo como perdida, no sé —expresó levantando sus hombros, quitándole importancia al tema.
—Pues no, solo estaba distraída.
—Bueno, pues si todo está bien voy a contarte algo —dijo mientras levantaba sus piernas para cruzarlas en la silla. —Adivina quién me escribió hace poco.
—Mmm ni idea. Te recuerdo que aunque tenga cara de bruja, no lo soy —contesté con una leve sonrisa seguida de un sorbo de café.
—Ja-ja, que chistosa, parece que no te interesa lo quiero contarte. —Expuso con un leve tono de dramatismo, clásico en ella. Se resentía por las cosas más minúsculas.
—Ay Lore, sólo bromeaba. Dale, cuéntame ¿quién te escribió?
Suspiró y le dio una mordida desganada a su pan. Comenzó a masticarlo lentamente, según ella para hacerme sufrir. Luego resopló y soltó la noticia.
—Me escribió Renzo. Me dijo que está por aquí. Ayer regresó de Suiza.
Al escuchar ese nombre escupí el café que tenía en mi boca, haciendo que este salpicara directamente en la cara de Lorena. Ella cerró los ojos al sentir el contacto del caliente líquido en su piel y comenzó a limpiarse con su camiseta.
—Lo siento, no sé que me pasó —dije nerviosa mientras iba a la cocina por un par de servilletas y pensaba en lo que acababa de escuchar.
—¡Dios mujer! Parece que te acabo de decir algo terrible. Que yo recuerde él no te caía mal… ¿o sí?
—No, no, para nada…por favor, el siempre fue muy lindo.
—Entonces ¿por qué te has puesto así?
—No sé, creo que esperaba otra noticia. Según yo él se quedaría por allá.
—Esa era la idea pero al parecer tuvo que regresar por el tema de la visa. Dijo que va a estar acá por unos cinco meses y después volverá.
—Que bueno, al menos ve a su familia y amigos —comenté observando la taza de café que tenía en mis manos y haciéndome la desinteresada. "Si ella supiera".
—Sí. También me dijo que quería verme, que podíamos ir por unas cervezas y le dije que sí, pero no sé, presiento que va a querer ir más allá otra vez y no quiero.
—Pues dile que no y listo. No creo que sea de los que no respeta una decisión.
—Claro que no, pero quisiera evitar ese momento incómodo ¿me entiendes? Quizá te quieras unir cuando salgamos. Te puedo conseguir a algún amigo para que no vayas sola y así vamos los cuatro.
Lorena creía que me hacia un favor cuando salíamos y llevaba a alguno de sus amigos para que me hiciera compañía. Ella no entendía que sus amistades no eran mi tipo de persona favorita pero siempre insistía en presentarme alguno. Decía que mi vida era muy solitaria y que necesitaba tener un hombre que me "encendiera la mecha", pero esas citas obligadas no lograban encender nada.
—Oh no, gracias. Así estoy bien —dije a la defensiva. —No necesito a nadie.
—Bueno, bueno, está bien, no te sulfures, sólo quería ayudarte.
Ambas continuamos tomando nuestro extraño desayuno mientras cambiábamos de tema, cuando de repente el sonido de mi celular me avisó que tenía un nuevo mensaje en Whatsapp, lo agarré y cuando vi de quien era, una sonrisa escondida se asomó en mis labios.
"RENZO: ¡Hola Sonia! Te cuento que ya regresé y estaré acá unos meses por unos papeles que necesito, pero eso te lo explicaré en persona. ¿Cuándo nos vemos? Tenemos mucho que platicar. Avísame cuando tengas un espacio para mí. Cuídate."
A Renzo lo habíamos conocido un año atrás en un bar. Se acercó a nosotras con la intención de entablar una conversación con Lorena, ya que nadie podía resistirse a su llamativa y exótica belleza.
Lore siempre había sido una mujer hermosa. Su piel bronceada, su forma de menear sus caderas al caminar y su increíble cabello café, eran su arma de seducción. Siempre se mostraba coqueta, amable y dispuesta, aunque por dentro estaba llena de prejuicios.
Después de aquella noche, en que mi presencia fue casi invisible, ambos comenzaron a salir juntos. Iban a tomar unas cervezas, a ver algún concierto, al teatro. Él llegó a enamorarse de ella, y se lo confesó, pero a ella no le "llenaba", así que comenzó a alejarse de él. Le negaba cada invitación y sólo salían cuando había más amistades involucradas, incluyéndome claro.
Todo siguió así hasta que Renzo se fue a Suiza por un trabajo. Prometió seguir en contacto con ella y aseguró que volvería, pero no sabía cuando. Así fue como la noche de su despedida se me acercó para pedir mi número de teléfono para estar en contacto ya que, a pesar de no ser grandes amigos, nos llevábamos bastante bien.
No hablé con él hasta un mes después, cuando me pidió ayuda respecto al cumpleaños de Lorena. Él quería enviarle un regalo y no se decidía por cual, así que a la distancia lo ayudé y le envié la dirección de mi trabajo para hacérmelo llegar y yo entregárselo de parte de él.
Desde ese día comenzamos a platicar. Me hablaba de lo que aprendía, de su vida y de la cultura en general, yo a cambio le platicaba un poco de mi trabajo y de mi limitada vida social, también le hablaba de Lorena, ya que ella había dejado de responderle sus mensajes porque estaba interesada en otro tipo.
Lorena y yo éramos bastante diferentes. Ella era más abierta a la vida, a la diversión, al dinero, al sexo y era amante de los penes grandes, en cambio yo era algo sentimentalista, emotiva. Creía en el amor, me gustaba tener pláticas interesantes para aprender de las personas, y creía que el tamaño de un pene no era tan importante como la forma de usarlo, o sea, ¿de qué me sirve tener un hombre de pene grande si en la cama no se mueve como me gusta?
Físicamente también éramos distintas. Yo no era una mujer de cuerpo hermoso y cabello brillante, era una mujer con curvas, cabello ondulado, labios bien formados, ojos grandes y mirada penetrante, o al menos eso es lo que decían. También aseguraban que era muy expresiva y que cuando algo o alguien no me gustaba, todos se daban cuenta porque no podía disimularlo.
Después de esta aclaración y descripción, entenderán por qué me gustaba platicar con Renzo de su nueva vida en Europa, pero lo gracioso fue que cuando Lorena recibió su regalo, pensé que dejaría de hablar con él, pero me equivoqué. Nuestra amistad seguía creciendo y se fortalecía, pese a la distancia.
¿Ahora entienden por qué sonreí cuando recibí su mensaje aquella mañana? Habíamos quedado en salir cuando volviera, pero no estaba muy segura, por eso al leer su whatsapp un par de veces más, decidí responderle y acordamos vernos en un lugar neutral para ir por un café.
Honestamente no sé por qué me sentía tan nerviosa, pero cuando lo vi bajarse de aquel carro doble cabina, la tranquilidad llegó a mi cuerpo. Se acercó con esa hermosa y sincera sonrisa y me dio un fuerte abrazo, como si fuéramos amigos de toda la vida.
—¿Qué ondas? —dijo cuando nos soltamos.
—Todo bien, que bueno verte. Pensé que pasarían años antes de que volvieras.
—Pues ya ves que no. Estoy feliz de ver a mi familia y amigos.
—¡Claro! Me imagino que están felices de verte.
—La verdad es que sí, no pensé que llegaría a extrañarlos tanto. ¿Nos vamos?
—¡Cuando quieras! —respondí sonriendo y abriendo los brazos en señal de rendición.
Llegamos a un lugar algo bohemio, íntimo, con un olor delicioso a postres, y especies. Nos acercamos a la caja para hacer nuestros pedidos y como todo un caballero se ofreció a pagar la cuenta.
—Cuéntame ¿qué has hecho de tu vida? ¿qué tal el trabajo?¿qué tal de novios? —preguntó sin descanso.
—¡Hey, cálmate! Demasiadas preguntas. A ver, de mi vida nada, solo trabajo y más trabajo, además de mi adicción por los libros que cada día es más grande, y de novios pues… ¿por qué todo el mundo pregunta eso?
—No sé, imagino que en este año has conocido a alguien ¿o no?
—¿Crees que eso es lo correcto? O sea ¿es necesario conocer a un hombre especial en unos cuantos meses?
—Bueno, tanto así no, solo es curiosidad.
—Pues no, todo está igual, sin novedades. A veces creo que mi vida es algo aburrida porque no salgo de lo mismo. Debería de meterme en un convento, quizá encuentre algo de emoción.
—No lo dices en serio ¿verdad?
—¿Estás loco? No dudaría ni un día. Las monjas me expulsarían al ver el tipo de libros que leo.
—Definitivamente —respondió riéndose conmigo. Luego juntó las cejas como si estuviera pensando algo —¿te gusta mucho ese tipo de lectura? Es decir, por lo que me has contado todos los libros que lees tienen algo de erotismo.
—La verdad es que me gustan las historias de amor que se desarrollan, el lado erótico es sólo un detalle pero el drama es lo que me atrapa.
—¿Será que es porque tienes alguna esperanza de que algo así te suceda?
—No, nada que ver. Aunque me encantan soy consciente en todo momento de que no encontraré a un hombre multimillonario que me folle hasta no parar y cumpla todos mis deseos sexuales. Soy realista, aunque no tiene nada de malo soñar un poco. —Contesté mientras apoyaba mi espalda en el respaldar de la silla.
—¿Te gustaría un hombre así? —preguntó con una leve sonrisa de burla asomándose en sus labios.
—¿A quien no? Aunque el tema del dinero no me importa, pero eso de tener sexo a todas horas y me provoque orgasmos eternos no me caería nada mal.
En ese momento nos quedamos en silencio porque llevaron nuestros pedidos y al ver la apariencia de ese pastel de chocolate con almendras me lancé como una niña llena de emoción. Clavé la cuchara en ese plato cargado de pecado y al probar el sabor cerré los ojos y emití un leve gemido de placer al sentir como un toque de licor y cacao invadían mi paladar. En ese instante me olvidé de todo lo que había a mi alrededor, incluso me olvidé de él.
—Mmm… ¿está rico? —preguntó después de unos segundos, despertándome de mi momento de éxtasis. Abrí los ojos lentamente mientras seguía disfrutando de aquel sabor en mi boca.
—Rico… esa palabra es corta. Esto tiene un sabor orgásmico.
Su carcajada sonó en todo el establecimiento y yo me uní al momento. Esa era mi definición cuando probaba algo extremadamente delicioso.
—Ay Sonia, eres única, nunca había escuchado ese término para describir un postre —dijo mientras se limpiaba las lágrimas que de sus ojos.
—Es que es verdad Renzo, tienes que probarlo y me darás la razón. No hay otra forma de decir lo rico que está.
—Ok, ok, te creo, es solo que… no sé, no me esperaba esa reacción. Me alegra que te guste. Si quieres otro sólo me dices.
—Oh, gracias, lo tomaré en cuenta —dije mientras tomaba otro pedazo de pastel, me lo metía a la boca y nuevamente cerraba los ojos para saborearlo. Él se quedó en silencio mientras disfrutaba ese pedacito de felicidad. Cuando abrí los ojos lo encontré observando mis labios y luego su mirada se encontró con la mía.
—¿Por qué nunca te conocí así?
—¿Así cómo?
—Extrovertida, no sé, nunca pensé que fueras de ese modo, de hecho cuando chateábamos percibí lo mismo. Creo que nunca tuvimos oportunidad de conocernos bien.
—Bueno, cuando nos conocimos tú estabas concentrado en otra persona, así que nunca pudimos hablar lo suficiente. Ahora, mejor, cuéntame más de tu viaje.
Tomé un sorbo de mi latte con amaretto y él se concentró en contarme sus aventuras. Hablamos acerca de las chicas que había conocido y lo diferentes que eran las mujeres de esos lados. Me contó acerca de sus viajes por España, Inglaterra, Francia y Alemania, sobre los lugares que más lo habían atrapado por sus paisajes y sobre la cultura.
—Tienes que ir Sonia, es algo increíble.
—Claro que voy a ir, y cuando vaya me tendrás que dar posada.
—Cuenta con eso, no lo pongas en duda.
—Quizá encuentre un suizo por ahí y decida quedarme. Quizá el amor me está esperando por esos lados.
—Ajá, o sea que irías a buscar el amor.
—No he dicho eso, he dicho que es algo que puede pasar. El amor no se busca, simplemente surge, a veces en las personas que menos esperamos.
—Sí, de eso me estoy dando cuenta.
Esa última frase me dejó un poco pensativa. ¿Qué había querido decir con eso? Pero al final no le hice caso y seguí con el tema.
—Es lo que dicen, que cuando menos lo esperas te encuentras con la persona que despertará las mariposas en tu estómago.
—Y ¿tú quieres que eso suceda? ¿Quieres enamorarte? ¿nunca te has enamorado?
—Ya vas con tus preguntas inmediatas. No es que quiera que eso suceda, pero es una posibilidad. El amor no es algo que se obliga a sentir, pero es una sensación bonita y sí, me he enamorado, y también sé lo que es no ser correspondida. Ahí el amor no es tan bonito que se diga.
—Dímelo a mí. Siempre me enamoro de mujeres que al final me dicen "Es que te quiero de otra forma" "eres lindo pero te veo como amigo" "Creo que esto no va a funcionar, no por ti sino por mi".
—Bla bla bla, conozco todas esas excusas, pero no te desesperes. Quizá tu media naranja está a punto de aparecer por aquellos lados.
—O quizá… esté aquí.
—Sí, puede ser, pero está algo difícil que la conozcas estando allá.
—Puede que ya la conozca y no me haya dado cuenta, hasta ahora.
—Mmm sí, es válido… no sé, eso sólo tú lo sabrás. —Respondí nerviosa.
—Vaya que sí lo sé… ahora lo sé.
La forma en que me estaba viendo me tenía inquieta. Me sentía intimidada, pero por alguna extraña razón, me gustaba sentirme así con él.
—Oye, me contó Lorena que le habías escrito. —Comenté para alivianar la tensión, pero al hacerla vi que su expresión cambió. Se tornó algo ¿incómoda?
—Ah… sí, le escribí al igual que hice con mis demás amigos. ¿Te dijo algo?
—Me lo comentó hoy, de hecho fue un poco antes de recibir tu mensaje.
—Sí, lo hice ayer. Hablamos un rato y después dejamos de hacerlo.
—Y… ¿han quedado en verse? —pregunté insegura, deseando que me respondiera con un "no". Imagino que tenía miedo que al volverse a encontrar, él dejara de ser mi amigo o algo así. Quizá no estaba bien que pensara de esa forma pero soy humano, tengo mis defectos.
—No, no hemos quedado en nada. Da igual si la veo o no. Eso ya pasó.
—Oh vaya, pensé que se verían o que irían a tomar algo.
—Claro, se lo comenté pero no quedamos en nada, más me interesaba verte a ti. Es contigo con quien más he hablado en todo este tiempo. Ella me demostró que yo no le interesaba, ni siquiera como amigo y pues, respeto su decisión.
—Pero, cuando te fuiste siguieron hablando ¿no? —Tenía interés en saber que había sucedido exactamente y al ver que era un tema que no le incomodaba pues seguí.
—Claro, seguimos hablando pero llegó un punto en que le escribía y no me contestaba hasta unos días después y lo hacia de forma algo… fría, como si le incomodara o me respondiera por obligación, así que simplemente dejamos de hablar.
—Bueno, quizá cuando se vean… reanuden su amistad.
—No lo creo, ni me interesa realmente. No entiendo que fue lo que me gustó de ella. Es una mujer hermosa y tenemos muchas cosas en común pero cuando estuve allá y nos alejamos me di cuenta que nunca debió haber más.
Me hablaba de forma relajada, como si fuera cualquier tema, así que comprendí que era algo que ya había superado y no le daba la mayor importancia.
—Quizá un día te puedas llegar a nuestro departamento por unas cervezas o podamos salir los tres —comenté. No sé por qué carajo necesitaba ver con mis propios ojos que ya no había nada ahí. Sabía que no quería perder su amistad pero no entendía por qué me interesaba tanto ese tema. "maldita inseguridad".
—Claro, cuando me invites estaré ahí. —Contestó sonriendo.
Al final salimos y me fue a dejar al mismo lugar donde nos encontramos. Antes de bajar del carro le dije que habláramos en el transcurso de la semana para ponernos de acuerdo y me respondió "no dudes que te estaré escribiendo".
Así fue como, después de hablar todos los días, Lorena me informó que había hablado con él y le había dicho que llegara al depa por unas cervezas. Lo que ella no sabía es que ese era el plan que habíamos trazado con Renzo. Yo le aconsejé a Lorena que lo invitara, y lo hizo.
—Espero que no te moleste que vaya a venir.
—No, para nada, si fui yo quien te dio la idea.
—Sí pero… ya sabes, quizá él quiera algo y no quiero que te sientas incómoda.
—Tranquila, si veo algo simplemente me retiro a mi habitación como niña buena —respondí algo sarcástica.
Cuando Renzo llegó al depa, la saludó como buenos amigos y al verme no pudo evitar darme un largo abrazo. Lo invitamos a sentarse en la sala y mientras yo preparaba algo de comer, ellos hablaban acerca de música y de los conciertos a los que había ido en Europa, y eso era el tema que los había unido. Ellos tenían los mismos gustos musicales, así que mientras ellos hablaban acerca de "The Muse" "U2" o "Red Hot Chilli Peppers", yo escuchaba a Marc Anthony en la cocina, tratando de calmar los celos inexplicables que me martillaban la cabeza.
—¡Que bien huele! —Escuché que dijo Renzo interrumpiendo mi momento culinario —¿Qué estás preparando?
—Oh, estoy haciendo unos taquitos mexicanos. ¿Te gusta? —respondí sin quitar la vista de la carne que tenía al fuego.
—Me encantan. ¿Qué tal tu semana?
Y así nos pusimos a platicar mientras seguía en mi preparación. Él comenzó ayudarme a cortar algunas verduras mientras yo me ponía triturar el aguacate para hacer el guacamole, todo acompañado de unas cervezas bien frías. Por momentos nuestros cuerpos se rozaban y nos reíamos por lo inútil que él se mostraba.
—Aquí estabas. Y yo preocupada porque fuiste al baño hace más de media hora y no regresabas. —Escuchamos que dijo Lorena en la puerta de la cocina con una cara de impaciencia, sorprendiéndonos a los dos al mismo tiempo. —Parece que te interesa más la cocina que platicar conmigo. —Expresó con un puchero.
—Es que vi a Sonia cocinando y quise ayudarla. Eh… ¿te quieres unir? —preguntó más por cordialidad que por ganas.
—No gracias, la cocina no es para mí, mejor voy a la sala a seguir bebiendo. ¿Vienes o no? —preguntó pasando su lengua por los labios y apoyando la cadera en el marco de la puerta. "¿Y ésta qué finge?"
—Ya voy a llegar —contestó Renzo sin verla mientras agarraba otro tomate para seguir cortando.
Vi que Lorena emitió un bufido y salió enojada por el pasillo dando fuertes pasos. Luego escuchamos un portazo.
—Mmm creo que deberías ir —le dije por cuestión de amabilidad.
—Si tanto le interesa que platiquemos pues se hubiera quedado.
—Pues si pero…
—Pero nada, sigamos con nuestros tacos —respondió empujándome con el hombro y mostrándome su hermosa sonrisa.
Veinte minutos más tarde salimos al comedor con los platos listos y vimos que Lorena no estaba por ningún sitio, así que fui a su habitación y cuando entré la encontré profundamente dormida.
—Se durmió —le dije con algo de pesar.
—Mejor, más tacos para nosotros —dijo mientras se sobaba las palmas de las manos y comenzó a servirse. —Siéntate porque que soy capaz de comérmelos todos.
Me senté a su lado y comenzamos a disfrutar de nuestro platillo de la noche mientras seguíamos tomando nuestras cervezas. Luego, cuando terminamos con los tacos, comenzamos a platicar temas de la vida, haciéndonos preguntas extrañas como "Si te dieran un libro con la historia de tu vida ¿leerías el final?" o "si hicieran una película de tu vida ¿cómo se llamaría?".
Nos reíamos con cada respuesta o título propuesto, hasta que fue mi turno nuevamente.
—Mmmm si mañana fuera el último día de tu vida ¿qué harías?
Se quedó pensando, luego emitió un suspiro y me observó a los ojos.
—Trataría de estar con mi familia, de hacerlos reír, de guardar un lindo último recuerdo con ellos, y luego te vendría a buscar.
—¿A mí? ¿Para qué o por qué?
—Pues te llevaría al mismo café de la semana pasada, te pediría el mismo pastel de chocolate "orgásmico" y luego te daría un beso.
Silencio. Eso fue lo único que llenó comedor. Los latidos de mi corazón comenzaron a acelerarse mientras lo veía y cuando intentaba abrir la boca para hablar no podía, no sabía que decir. ¿Cómo respondes a eso?
Observó mi reacción por un largo rato mientras que las mariposas comenzaban a volar por mi estómago. "Es sólo la ilusión Sonia, no te entusiasmes" decía mi interior, así que para calmar esa sensación y el momento incómodo, me puse de pie.
—Eh… creo que… será mejor que bes… lave, que lave esto —dije torpemente mientras recogía los platos bajo su atenta mirada.
Llevé todo a la cocina y me puse a lavar mientras respiraba acelerada y trataba de controlarme. No sabía como debía comportarme cuando saliera. Quizá debía salir y decirle "gracias por tus palabras, pero creo que ya debes irte antes que me lance a tu cuello y te robe un beso". Uff no, eso definitivamente no.
—¿Dije algo que te haya ofendido? —escuché detrás de mí. Me apoyé en la base del lavamanos mientras pensaba que responderle pero nada salía de mi boca. —¿Sonia? ¿Estás bien? Dime algo por favor, tú no eres así de callada.
Su tono sonaba suplicante. Sabía que estaba inquieto por mi silencio, pero no sabía que decirle. En eso sus manos rodearon mi cintura y me hizo dar la vuelta para quedar cara a cara con él. Bajé cabeza para ver mis pies porque no me atrevía a verlo. Si lo veía, en pocos segundos se daría cuenta de todo lo que estaba sintiendo y no podía… tenía miedo de arruinarlo todo.
Cerré los ojos y sentí que con una de sus manos tomaba mi barbilla para ver mi rostro, pero yo seguía nerviosa, sin valor de enfrentar lo que estaba sucediendo.
—Abre los ojos Sonia… por favor. Mírame y dime que no la he cagado.
Le hice caso inmediatamente porque no podría permitir que pensara eso. Él no había hecho nada malo, la complicada era yo, así que lo observé aún con el temor en mi interior y me encontré con una mirada tierna y a la vez preocupada.
—Hola —me dijo nervioso, levantando la comisura de sus labios.
—Hola —respondí mientras sentía como su mano acariciaba una de mis mejillas.
—No vuelvas a hacer eso, por favor, no vuelvas a huir. —me pidió casi en un susurro al mismo tiempo que sus ojos paseaban por mi rostro.
—Lo siento, es que… no supe que decir.
—Quizá fui muy directo. Perdóname.
—Tranquilo. Yo reaccioné mal es que… me puse nerviosa.
—No quiero ponerte nerviosa.
—Sí, lo sé.
Nos quedamos viendo por varios segundos, tratando de buscar, el uno en el otro, lo que estábamos pensando, lo que estábamos sintiendo.
—¿Sonia?
—Sí
—Te voy a besar.
Y así, sin darme tiempo de nada, sus labios se juntaron con los míos tímidamente, mientras que sus manos tomaban mi rostro para no dejarme ir y las mías sujetaban sus muñecas para que no me soltaran.
El beso era cálido, suave, tierno, su aliento se impregnó en mi boca y su lengua poco a poco comenzó a acariciar mi interior. Mantuve mis ojos cerrados, dejando que hiciera lo que quisiera conmigo. En ese momento le pertenecía, mi cuerpo, mi mente, mis pensamientos, mi deseo, todo era completamente de él.
Se separó por unos segundos para verme nuevamente, como asegurándose de que todo estaba bien, y luego siguió con una invasión más sensual. Abrió su boca un poco más y nuestros labios jugaron entre sí, dejando que nuestro deseo se revelara a través de ellos. Sus manos viajaron hasta mi espalda y las mías volaron a su cabello. Pegué mi pecho más al suyo a tal nivel que lograba sentir la forma en que su corazón y el mío latían frenéticamente al mismo tiempo, como si llevaran el mismo compás.
—Te quiero Sonia —dijo de repente, sorprendiéndome. —No sé en qué momento fue, creo que solo era necesario verte para darme cuenta que en todo este tiempo platicando me he ido enamorando de ti, de tus preguntas y respuestas, tus pensamientos, de todo lo que eres tú.
Mi corazón brincó pletórico de emoción ante sus palabras, pero al mismo tiempo el miedo invadió toda sensación de alegría.
—Tengo miedo Renzo yo… no sé lo que me pasa, sé que también te quiero pero tú te irás, te irás y no sé que voy a hacer.
—No pienses en eso que todo tiene solución, lo vamos a lograr, podemos ponernos de acuerdo para que vayas dentro de un año y estar allá por un tiempo para ver como nos va o yo puedo volver para probar suerte acá. Nada es imposible.
—¿Estás seguro?
—Sí, tú sabes que no te lo diría si no lo estuviera —dijo mientras me daba un beso en la punta de la nariz. —Me conoces, me has llegado a conocer más que cualquiera en este tiempo y sabes que no miento. No tienes idea de cómo me arrepiento de no haberte conocido más en su momento.
—Yo… me siento igual y sé que no me mientes… lo sé —respondí con sus dedos acariciando mi espalda de arriba abajo y dejando que le diera un beso a cada uno de mis ojos y me terminé de convencer cuanto quería vivir esa experiencia a su lado.
—Dame una oportunidad… por favor.
—Sí. —Dije esta vez sin miedo.
—¿Sí? ¿Así de simple?
—Sí —conteste riéndome.
—De haberlo sabido te lo hubiera pedido antes —expresó antes de volver a abrazarme y besarme profundamente.
—¿Y ahora qué haremos? —le pregunté sintiendo sus manos por mi cuerpo.
—Seguir besándonos y planeando lo que haremos en los próximos meses.
—Me parece una idea perfecta.
Lo tomé de la mano, apagué la luz de la cocina y, entre besos, fuimos caminando por el pasillo hasta llegar a mi habitación. Fue ahí donde nos demostramos durante toda la noche, todo lo que hubiéramos podido vivir desde hacía tiempo, cuando para él yo era casi invisible y para mí, él era un imposible.
Ahora, respecto a la reacción de Lorena al día siguiente cuando encontró a Renzo saliendo de mi habitación pues… esa, es otra historia.