Ahí estaba mi imagen frente al espejo totalmente maquillada, transformada en alguien que no era; todo por una buena causa como repetía una y otra vez Nini. Me había puesto un vestido blanco con el cuello en u, que se cogía con una fina tira al rededor del mismo. La tela era frisada y lucía una abertura que no dejaba nada a la imaginación, y por detrás la caída era hasta los tobillos.
Para conjuntar con el vestido escogí unas sandalias negras de tiras estilo romano, que me llegaban hasta la rodilla, con un finísimo tacón de aguja. Mi cabello, tan negro como la noche, lo habían dejado suelto con unos bucles en caída, la legión de peluqueros que Nini había contratado para la ocasión. Pero seguía habiendo algo que no me convencía, podía sentir que todo esto era una encerrona, estaba convencida de que Nini me ocultaba algo, que había una segunda intención. La miré a través del espejo, estaba apoyada en el marco de la puerta sonriendo
―Estas preciosa Larissa.
―Ya, bueno. ―En mi rostro se dibujó una mueca de disconformidad y disgusto―. ¿Aclárame por qué tú no vas a participar en esto?
―Ya te lo dije. ―Se incorporó, rodando los ojos.― Yo soy la presentadora y esta es una subasta seria, por una buena causa.
―Sí, esa canción me la has repetido muchas veces. ―Me giré hacia ella sonriendo―. ¿Por qué tengo que ser yo la última?
―Muy sencillo Larissa, porque lo mejor se deja siempre para el final.
No pude evitar reír ante su respuesta. Nini siempre me mira con buenos ojos, es mi mejor amiga y siempre está metida en eventos benéficos de todo tipo. Es la mujer con el corazón más grande que podía haberse cruzado en mi camino. Siempre intenta ayudar a todo el mundo lo mejor que sabe y por lo que me había explicado ya varias veces, todo lo recaudado en esta obra benéfica serviría para que un gran hospital dispusiera de medios para poder estudiar enfermedades sin cura aparente.
Volví a mirarme al espejo y bufé resignada, mi amiga siempre conseguía embaucarme sin esfuerzo alguno en sus locuras, al igual que ella siempre accedía a acompañarme en mis pequeñas aventuras con el deporte extremo. Giré sobre mis tacones levantando los brazos mostrándome ante ella.
―Sublime ―dijo lanzándome un beso al aire.
―¿Cuéntame cómo va a ir la noche?
―Muy sencillo, habrá una recepción en la que los hombres que van a participar en la subasta podrán conoceros y a media noche yo os iré presentando. ―Me guió para que saliera con ella del salón que habían habilitado para que las chicas fueran maquilladas y peinadas―. Cuando os nombre tendréis que subir al escenario y comenzara el espectáculo. Es sencillo Larissa, solo has de sonreír y dejarte llevar por el ambiente, los chicos y la música.
―¿Siempre tienes que hacer las cosas de una manera tan espectacular?
―Mira quien fue a hablar, ¿en serio me preguntas eso con los años que hace ya?
―¿Cuántos son? ―Se llevó un dedo tocándose la sien―. Ya perdí la cuenta.
Nini y yo nos conocimos en nuestro primer año en la universidad, cuando las dos fuimos asignadas en la misma habitación, tan distintas y tan parecidas a la vez, nos hicimos amigas de inmediato, y esa amistad fue forjándose cada año hasta llegar a ser una hermana para mí.
Cuando llegamos al salón no pude evitar abrir la boca de lo impresionante que lo había dejado. La elegancia asomaba en todas las esquinas del recinto, era soberbio y la decoración increíble. Cortinas de seda caían como en cascada de los altos techos, las flores estaban repartidas con mucho gusto y los colores predominantes eran el blanco y el negro. La tarima estaba situada en la primera planta a la cual se subía por una preciosa escalera de caracol amplia, la barandilla estaba cubierta por la misma tela de los techos y pequeños ramos de flores blancas y perlas negras se fusionaban con la tela a la perfección.
―Hostia, Nini... esta vez te has superado a ti misma
―Me lo tomaré como un cumplido. ―Sonrió satisfecha por mi comentario―. Mi trabajo me ha costado.
Sin darme cuenta habíamos llegado hasta la barra y un camarero nos puso unas copas de champán. Seguía admirando el trabajo de mi amiga, todo era de la máxima elegancia, sin dejar un solo detalle a su suerte, el perfeccionismo con el que siempre hacía su trabajo estaba presente en todos lados. Tanto los hombres como las chicas iban de blanco y negro, el ambiente era agradable y ya habían comenzado a interaccionar, a conocerse, las conversaciones se sucedían dejándose arrastrar por la suave melodía de fondo. Noté como toda mi piel se erizaba al sentir el contacto de una mano rozando mi espalda con suavidad, me giré despacio, sabía a la perfección a quien pertenecía esa mano, sin dejar de echarle una mirada seria a Nini que estaba tan sorprendida como yo.
―¿Se puede saber qué haces tú aquí? ―Me mordí el interior de la mejilla para no hablarle como realmente se merecía―. ¿La hermandad del puño cerrado te ha dejado libre por una noche?
―Eso duele mi vida. ―Puso cara de dolor, pero la burla estaba presente, lo que me enfureció más aún si eso era posible.
Podía notar como las llamas de la ira y el odio se instalaban en mis ojos. Todavía me dolía su presencia pero no pude evitar que un calambre de placer me recorriera el cuerpo dejándome con un ligero temblor en las piernas. Llevaba meses evitando coincidir con él, no iba a ningún evento, me perdía la mayoría de las cenas familiares por no tener que soportar su presencia. Sabía que el reencuentro era inevitable pero nunca me imaginé que lo encontraría en un acto solidario de donde él no podía sacar ningún beneficio.
―En serio Matty ―el sarcasmo y la burla brillaban en cada una de las palabras que salían de mis labios, quería odiarlo, despreciarlo; en definitiva hacerle pagar por lo que me había hecho―. ¿Qué haces tú aquí?
―Chicos... por favor aquí no quiero ninguna escenita. ―Nini miró a Matt―. No tendré ningún problema en mandar sacarte.
―No es mi intención, Nini, sé de sobras como te las gastas. ―En su cara se dibujó un miedo que no sentía, se estaba burlando de Nini y no es algo que me extrañara en él.
Giró sus ojos hacia mí y esa maldita sonrisa apareció en sus labios, una que me decía que ya se sentía ganador en lo que fuera que tramaba su malévola mente.
―Solo me acerqué para solicitar un baile contigo.
―Me siento halagada ―una sonrisa de triunfo se dibujó en mi rostro, ahí podía atacarlo―, pero mis bailes están reservados al caballero que consiga ganarme en la subasta esta noche y por desgracia, ahora mismo delante de mí no veo a ninguno.
El rostro de Matt se crispó, cabreado, y se fue por donde había venido, farfullando la promesa de conseguir lo que fuera que se había propuesto, en definitiva fastidiarme la noche. Respiré hondo y me giré hacia mi amiga agarrándome a la barra para no perder el equilibrio. Los recuerdos volvían a mí como si de una presa rota se tratara, dejándome débil y furiosa a partes iguales. Matt, ese chico guapo y seguro de sí mismo, ese que creí era el amor de mi vida. Comenzamos a salir siendo todavía unos críos, en el instituto. Un amor joven e inmaduro lleno de promesas rotas y lágrimas amargas, el cual terminó el día que fui a verlo y lo encontré con otra mujer en la cama.
Todo mi mundo se derrumbó ese día y nadie lo entendió, yo quedé como la mala ante la familia al romper el compromiso y separarme de todo lo que me hacía daño, todo lo que tuviera que ver con él.
―Nini... como él llegue a ganar la subasta ―todavía me temblaban las piernas, ese hombre aun después de tantos años conseguía alterarme, dejando mi cuerpo hecho un flan―, no sé si seré capaz de cumplir.
―Tranquila, no lo conseguirá. ―Una sonrisa de triunfo adelantado surgió en sus labios.
―¿Cómo estas tan segura?
―Porque sí. ―La miré a los ojos, ella no dejaba de sonreír―. No será él el que se haga con una cita contigo.
No lograba entender qué estaría maquinando, pero estaba segura de que cuando ella se proponía algo, siempre se salía con la suya. Cogí mi copa acabando con ella de un trago para intentar paliar los nervios que aún no me habían abandonado y, sin pensarlo, pedí otra que también vacié de un solo trago, sintiendo como las fuerzas volvían poco a poco. Era una falsa pantalla de seguridad, lo sabía perfectamente, pero me quería dejar engañar para poder soportar la noche. Cuando alcé mi mano agarrando una tercera, Nini me la quitó, pude ver en sus ojos lo preocupada que estaba, como se sentía culpable por exponerme a una situación como la que estaba viviendo.
Pero ella no tenía la culpa, aunque hubiera tramado algo para mí esta noche, ¿cómo íbamos a contar con su presencia?
―No, no, no. Te necesito en plenas facultades, las dos sabemos lo mal que te puede sentar el alcohol así que no me falles.
Asentí con el rostro algo triste por mi comportamiento en un evento de esas características y en el que mi amiga había invertido tantas horas por una buena causa, y me recompuse descartando al impresentable de Matt de la cabeza. Con una bonita y amplia sonrisa comencé a pasear para mostrarme ante el resto de hombres de la mano de Nini, parándonos con quien le daba conversación, siendo la persona más educada y agradable del mundo. Me había comprometido y no pensaba fallar por mucho que me fastidiara la presencia del hombre que más odiaba en el mundo.
Cuando llegaron las doce en punto de la noche, Nini se separó del grupo que había formado con una sonrisa nerviosa y fue hacia el escenario. No podía apartar los ojos de mí, estaba muy nerviosa, buscaba cualquier gesto o palabra que la animara así que le sonreí para darle ese valor que necesitaba.
―Buenas noches a todos ―respiró hondo cogiendo fuerza―, todos los aquí presentes me conocéis bastante bien ya que, no es el primer evento de estas características en el que nos hemos visto las caras ―sonrió ya más tranquila y animada, ese era su mundo y lo demostraba con cada gesto, cada palabra―, pero en esta ocasión no serán las damas las que tengan que preparar sus carteras como suele ser costumbre, muy al contrario, esta noche las damas se lucirán ante los caballeros que han hecho acto de presencia. ¡Y ustedes, señores! Tendrán que preparar sus billeteras para una buena causa, la cual no es otra que recaudar fondos para la investigación de enfermedades raras y espero que lleguen a ser tan generosos como lo han sido siempre nuestras damas.
Hecha la presentación inicial, Nini pasó a explicar el procedimiento de la subasta. Cuando creyó que todo estaba claro comenzó a llamar a las mujeres que se habían ofrecido, si al hecho de usar todas las influencias que Nini tenía se le podía llamar así, para que estas subieran al escenario donde las presentaba, y así procedía a destacar todas y cada una de sus virtudes. La subasta iba por muy buen camino y el dinero recaudado cada vez era mayor, Nini se iba animando con el paso de la noche y aun así no dejaba de mirar con disimulo su reloj cada poco tiempo, y cuanto más se acercaba el momento de que yo subiera al escenario, con más frecuencia lo miraba.
―Bueno caballeros y ya llegamos al final de esta subasta. ―Hizo una pausa dramática, muy típico en ella―. La más esperada y deseada de nuestras damas, Larissa Blake, una mujer que no necesita presentación, pero aun así no puedo hacer nada mejor que destacar sus virtudes, sobre todo las que no quedan a la vista. ―Me miró y me guiñó un ojo lo cual solo aumento ese nudo de nervios y miedo que se había apoderado de mi mientras iba subiendo y mostrándome ante el público de su propia mano―. La dama no solo es una mujer extremadamente hermosa, como todos pueden observar, es una afamada empresaria con un currículo impresionante, lo mejor de todo es que esta soltera, ¡sí, señores! Han oído bien, Larissa está soltera.
Yo no pude hacer nada más que ponerme como un tomate de temporada, la verdad es que estaba sorprendida ante la cantidad de virtudes ensalzadas por mi amiga, no podía tener a nadie mejor a mi lado, estaba segura de que se había puesto en modo casamentera y en esta ocasión yo era su víctima, la verdad es que no me extrañaba, y si la situación hubiera sido otra, lo más seguro es que le hubiera seguido el juego.
Pero ninguna habíamos tenido en cuenta que se presentara Matt, ese hombre se había propuesto no solo fastidiarme el evento, sino la vida entera. No pude evitar mirarlo, y ahí estaba frente a mí con la billetera en la mano, me estaba provocando y no estaba dispuesta a entrar en su juego, así que me obligue a mí misma a no dejar que nada de lo que pudiera hacer o decir me afectara de ninguna de las maneras, y miré al resto del público sin perder ni la compostura ni la sonrisa.
Intenté perderme en mi propio mundo sin dejar de pensar que todo lo hacía por mi amiga y por una buena causa. Todo este tema a Nini le tocaba de cerca, detrás de todo esto había un motivo muy claro, y estaba convencida de que estaba haciendo lo posible por no conseguir únicamente el dinero. Lo que Nini pretendía era concienciar a las altas esferas de que no por ser una enfermedad rara había que dejarlo todo de lado. Ella quería luchar hasta el final y yo no iba a dejarla sola en una cruzada de ese tipo.
Cuando quise volver a la realidad los hombres del salón de fiestas ya estaban pujando y mis ojos se abrieron como platos cuando me di cuenta de la cifra que se estaba barajando, con esa cantidad Nini conseguiría la cantidad necesaria.
Todo pasaba demasiado rápido, la puja había quedado entre Matt y un hombre que no había visto hasta el momento, giré mis ojos hacia Nini y su sonrisa no podía ser más amplia. Una vez más miré a ese hombre con más detenimiento. Llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa que caía por fuera y en la parte superior tenía los tres primeros botones desabrochados, en el hombro derecho colgaba una chaqueta de cuero negro, ¡el típico chulo! Fue lo único que pude pensar mientras reseguía su rostro, uno fuerte de facciones aguileñas, mostraba orgulloso una barba descuidada de varios días, se estaba quitando las gafas de sol, sus ojos clavados en mi persona. La vista se me nubló por unos segundos y noté como mis mejillas se encendían, nunca había reaccionado de esa manera, las piernas casi no me sujetaban. Pude notar como el calor se adueñaba de mi cuerpo y la humedad se hacía presente en mi intimidad.
Cuando Matt fue a contrarrestar su oferta ese hombre volvió a aumentarla, miré al que fue mi prometido, estaba que se lo llevaban los demonios, el silencio se adueñó del salón unos segundos y Nini tomó la palabra.
―A la una, a las dos, a las tres. ―Yo la miré sin saber cómo debía reaccionar me había quedado en blanco, y no entendía que era lo que me estaba pasando, ¿por qué solo una mirada de ese tío me había dejado en jaque ―. Adjudicada a el caballero de la chaqueta de cuero.
―Pero...
Solo fue un susurro pero ella sabía por dónde iba yo, uno de los camareros me tendió el brazo para que bajara del escenario. Estaba llegando el momento de encarar a ese hombre y mi amiga también tendría que darme algunas explicaciones. Pero antes de poder encarar a Nini sentí como una mano se posaba en mi costado a la altura de la cintura. Giré el rostro y ahí lo tenía, sus ojos ahora que lo tenía tan cerca me dejaron sin respiración, del azul más intenso que nunca había visto, eran un océano de promesas que se repetían en mi mente, sus labios eran una tentación difícil de resistir.
Todo en ese hombre hacia reaccionar mi cuerpo, noté cómo la música comenzaba a sonar y como me arrastraban hacia lo que suponía seria la pista de baile, sus manos me sujetaron con fuerza y comenzamos a movernos por la pista.
―Larissa, ¿vas a reaccionar?
―Perdón... ¿nos conocemos? ―Intenté que mi mente se centrara en algo más que en sus manos en mi cuerpo.
―No, no de una forma digamos formal y convencional ―una sonrisa arrebatadora de medio lado cubrió su perfecto rostro―, pero se puede decir que al menos yo sí que te conozco.
―¿Y se puede saber con quién se supone que estoy bailando?
―Con la persona que te va a salvar la vida.