PAIS RELATO

Libros de maría yus

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maría yus

después del baño

Cuando comienza la música, balanceo mi cuerpo guiada por mi partenaire y la música me posee haciendo que me eleve al viento como una pluma de pájaro y me recoja como un capullo de amapola. Giro y giro sobre la punta de mis pies sin ofrecer resistencia aparente hasta alcanzar el éxtasis.
Terminada la representación, en el camerino lleno de ramos de flores destaca uno enviado por el gran Degas quien, cómo no, ha estado en el palco una vez más. Edgar es un fanático del ballet, o quizá lo sea aún más de las bailarinas. Pero yo, la gran diva de la danza Karina Meskaya, nunca posaría como una más para uno de sus cuadros. Y él nunca me lo pediría.
En medio del gran camerino hay una bañera con agua caliente, exigida por mí. Me sumerjo en ella y me doy un baño reparador. Intuyo la mirada de Edgar, tal vez escondido todo el tiempo. Es un voyeur. No siento pudor. Es más, procuro que mis gestos sean lo más sensuales posible. Salgo de la bañera y coloco una pierna sobre el borde, dejando ver una parte pequeña de mi pubis. Repito el gesto con la otra pierna, pasando suave y lentamente la toalla por mi piel fresca. Rozo mis pechos con el paño esponjoso y miro con cara inocente hacia donde tal vez está él. Por último, me siento en el borde de la bañera, de espaldas, ofreciéndole a la vista mis nalgas, por las que sé que siente gran devoción, y me seco la nuca poniendo punto final a la obra.