Del origen de su nombre hay varias teorías. Al nacer recibió el nombre de Sanada Nobushige en honor al hermano menor de Takeda Shingen, Takeda Nobushige. Empezó a ser conocido con el apelativo de Yukimura a partir de la obra Jozan Kidan, que narra los hechos acontecidos durante el asedio al castillo de Osaka. Durante su vida nunca fue llamado así, y en todos los documentos de la época se refieren a él como Nobushige, un nombre bastante corriente durante el shogunato Tokugawa. Sin embargo, el apelativo se popularizó a través de la literatura, y una de las teorías afirma que Yukimura podría ser una combinación de los nombres de su padre, Masayuki, y de Date Tsunamura. Otra de las teorías es que se hubiera cambiado el nombre para llamar a la buena suerte tras una visita a algún adivino, algo que era habitual en aquella época.
Los Sanada servían a los Takeda, con los que su abuelo, Sanada Yukitaka, se había ganado una gran reputación como guerrero. Tras la destrucción de este clan a manos del ejército aliado de Oda y Tokugawa, los Sanada sirvieron a varios daimios, incluidos los Tokugawa, durante un corto período de tiempo. Cuando estos firmaron la paz con los Hojo se trasladaron al castillo Ueda, la fortaleza del clan Sanada.
Aquel lugar había sido la residencia de la familia desde tiempos de Takeda Shingen. Allí recibieron el ataque de Tokugawa Ieyasu, que envió un ejército de siete mil hombres contra los dos mil que formaban la guarnición del castillo. A pesar de esta diferencia numérica y gracias a la ayuda de Hideyoshi, que envió al comandante Uesugi Kagekatsu en su ayuda, Masayuki logró repeler al enemigo.
Tras la reconciliación entre Ieyasu e Hideyoshi, Masayuki recibió unas tierras, por lo que también firmó la paz con ellos.
Ieyasu, que admiraba la valentía de Masayuki en el campo de batalla, quiso casar a Nobuyuki, el heredero de los Sanada, con Komatsuhime, una hija de Honda Tadakatsu a la que había adoptado. Gracias a este matrimonio se restablecieron las relaciones entre ellos después de tantos años de peleas con su padre y su hermano menor.
En el decimosexto año de la era Tensho (1588), Hideyoshi empezó las negociaciones con Hojo Ujimasa en la capital, Kioto. Tras ellas, Ujimasa seguiría en posesión de las tierras del clan de los Numata. Pocos años atrás había estado a punto de conseguirlas tras ascender a las órdenes de Ieyasu, pero se dio prioridad a los deseos de los Sanada. Hideyoshi tomó una parte de las tierras de los Numata que tenían los Sanada en Joshu y la dividió en tres partes. Dos tercios los entregó a los Hojo. El tercio restante, junto al castillo de Nagurumi, siguió siendo propiedad de los Sanada.
Antes de la batalla de Sekigahara, Ieyasu reunió a varios daimios en el castillo de Ishida Kazushige para planear un ataque contra Uesuge Kagekatsu. En un principio los Sanada aceptaron, pero cuando Ishida Mitsunari decidió enfrentarse a Ieyasu, Masayuki y Yukimura se unieron a él. Nobuyuki, sin embargo, decidió sumarse al ejército de Ieyasu.
Al parecer, según las crónicas populares de Sasaki Mitsuzou, Nobuyuki y su padre tuvieron una acalorada discusión. Al final llegaron a la conclusión de que esta separación de la familia sería beneficiosa ya que, fuera cual fuera el resultado del enfrentamiento, el clan sobreviviría.
Cuando la guerra terminó, Ieyasu pidió las cabezas de Masayuki y Yukimura pero, gracias a la intervención de Nobuyuki, finalmente se les perdonó la vida. Padre e hijo se exiliaron a Kudoyama, donde Masayuki falleció a los sesenta y siete años de edad.
Traumatizado por su muerte, Yukimura estuvo tres años sin mantener contacto con nadie. Cuando los Toyotomi comenzaron a prepararse para la guerra contra Ieyasu, Yukimura abandonó su exilio y se unió a las tropas del castillo de Osaka.
Junto al mismo, como medida de protección, construyó una fortificación, Sanada-maru, desde la que se podía controlar toda la zona sur y, por tanto, el paso de cualquier ejército invasor. La reforzaron aprovechando que había un bosque de bambú cerca del que podían obtener materiales, y excavaron un foso a su alrededor para mantenerla separada del resto de la planicie.
Durante la campaña de invierno del asedio al castillo de Osaka, Sanada comandó a tres mil soldados desde su pequeño fortín con los que repelió repetidamente al ejército de Tokugawa, una fuerza compuesta por decenas de miles de hombres. Ieyasu, viendo que era imposible destruir la resistencia, intentó llegar a un acuerdo de paz con el enemigo. Yukimura y Goto Matabei asistieron a las negociaciones, pero ninguno creía en las buenas intenciones de Ieyasu.
Como tenía buena relación con Hayato Sadatane, uno de los subordinados de Tadanao, el general principal de la provincia de Echizen, Yukimura lo recibió en su castillo.
—Estoy seguro de que, esta vez, la paz durará poco tiempo. Empezará una horrible guerra, mucho más terrible que la anterior, y tanto yo como los míos moriremos en ella —dijo Yukimura, tras unos cuantos vasos de sake.
Al despedirse, cuando su invitado se disponía a montar sobre su caballo, Sanada colocó seis monedas, el símbolo de su clan, en el bolsillo de su silla de montar.
—La próxima vez que nos veamos será junto al castillo, durante la guerra que se avecina —afirmó—. Cabalgaré junto al templo Tennoji, y será un honor morir enfrentándome a ti.
Al año siguiente, Yukimura murió en el campo de batalla. Durante el tiempo que había durado la paz habían rasado el foso que había construido para defender el castillo de Osaka, una cláusula que figuraba en el tratado de paz con los Tokugawa.
El encargado de dicha tarea de desmantelamiento fue Honda Masazumi, un administrador del shogun que ayudó en persona a los ingenieros, a pesar de que Yukimura se opuso a ello en todo momento.
Cuando llegó el año nuevo de la nueva era Genna (1615), la paz entre los ejércitos del este y del oeste ya se había roto, y el gran ejército de las provincias de Kanto ya había llegado a la zona de Fushimi.
La batalla comenzó el cinco de mayo en una zona cerca del templo de Doumyouji. Tanto Yukimura como el príncipe heredero tomaron posiciones entre el interminable rugir de los cañones de guerra.
Aquella mañana, los espías de Yukimura le habían informado del avistamiento de treinta o cuarenta estandartes diferentes entre un ejército enemigo de unos veinte o treinta mil soldados que venía desde el palacio gubernamental de la capital. No había duda de que se trataba del ejército imperial, y de que estaba del lado del enemigo.
Por la tarde llegó otro espía al castillo, que le informó de que los estandartes habían cambiado de color y que unos veinte mil habían obligado a rendirse al destacamento de Tatsuda. Se trataba de las tropas de Matsudaira Tadateru. Kimura Soranume, uno de los subalternos de Yukimura, le recomendó que reuniera las tropas para poder defenderse mejor del ataque del enemigo. Sus estrategas llegaron a la conclusión de que esta era la única manera de obtener la victoria.
Tras la puesta de sol, Yukimura afirmó que no podían enfrentarse en batalla en aquella zona y que tenían que permitir que el enemigo se replegara. Tras oírlo, los quince mil soldados que tenía permanecieron en absoluto silencio. Esa noche tomaron posiciones.
La mañana del seis de mayo las hostilidades empezaron a incrementarse contra Mizuno Katsunari alrededor de la aldea de Nomura. Tras un duro combate entre ambos bandos, las tropas de Yukimura fueron derrotadas, no sin provocar grandes bajas al enemigo. Enviaron un mensajero a Yukimura con la siguiente nota:
«Tras la batalla de hoy, y debido a nuestras numerosas bajas, nos será bastante difícil seguir luchando. Si no tiene objeción, desearíamos retirarnos. Nos mantendremos en la retaguardia mientras esperamos el asalto final. Esperamos su ayuda».
Sanada les respondió:
«Mis honorables soldados, me habéis sorprendido de grata manera. Ahora es mi turno para recibir de frente al enemigo».
El ejército de Mizuno Katsunari había apoyado en el pasado a Date Masamune y a Matsudaira Tadateru. Tras alcanzar la colina de Masamune, comenzaron a acercarse a la posición donde estaba Yukimura.
Los soldados de Yukimura lograron empujar a las tropas enemigas hasta la mitad de la colina pero, una vez allí, los ochocientos soldados a caballo armados con mosquetones abrieron fuego.
Estas eran las tropas más preparadas del gobierno, e iban a lomos de caballos criados en la famosa zona de Sendai. Entre ellos estaban los mejores hombres del clan de los Date, capaces de disparar y cabalgar a la vez. Cuando disparaban, provocaban el desorden absoluto entre las filas del otro ejército, y aparecían tras el humo de sus armas como si salieran de la nada. Sus disparos provocaron numerosas bajas entre las tropas de Yukimura, que estaban en la colina.
—Paciencia. Lucharemos aunque solo nos quede una pierna —ordenó Yukimura a las tropas de la primera fila de ataque mientras galopaban por aquella colina—. Tenemos la protección de estos pinares y, si caemos, lo haremos con dignidad.
Al principio, Sanada se enfadó mucho por la dificultad que ofrecía aquella colina y porque el calor le obligaba a luchar sin lanza ni casco. Cuando llegó al punto donde estaban situadas las tropas enemigas, se puso el casco. Al alcanzar la segunda línea enemiga, agarró su lanza.
Aunque nadie lo esperaba, obtuvo una gran victoria en aquella colina. Los soldados que disparaban las armas de fuego ofrecieron gran resistencia, y era tal la concentración de soldados que había en aquella colina que era casi imposible dar un solo paso, pero al final, Sanada logró silenciar el ruido de los disparos del enemigo y el humo empezó a disiparse. Cuando eso sucedió, comprendió que había llegado el momento idóneo para contraatacar y ordenó a los suyos que avanzaran haciendo el menor ruido posible. Lograron romper las primeras siete líneas enemigas. En las primeras líneas de ataque de estas últimas, los generales Katakura Kojuuro e Ishimoda Daizen ya no se mostraban tan pretenciosos como solían: tras el ataque de Sanada habían caído en la locura.
Desde aquel momento comenzó a conocerse al ejército de Yukimura como «El ejército del templo de Doumyouji».
Tras aquel ataque, Sanada reunió a todos sus soldados y subalternos y se dirigió al campamento de Mori Katsunaga. Era el dos de junio. Goto Matabei había intentado retirarse aprovechando la espesa niebla, pero la batalla estaba perdida y murió en el campo de batalla.
—Hoy hemos demostrado la valentía de los antiguos grandes comandantes —le dijo Katsunaga, emocionado—. Hemos luchado contra un enorme ejército enemigo con coraje.
El amanecer del tres de junio, Tadanao y Yoshida Shuurinosuke enviaron una avanzadilla de dos mil jinetes para que cruzaran la planicie junto al río. Tras ellos y en absoluto silencio llegó el grueso de las tropas de Echizen.
Yoshida ordenó que cruzaran el río a pie.
—Aunque es muy ancho, este río no es muy profundo.
Tan pronto como terminó de hablar, bajó de su caballo y se dispuso a cruzar.
Yukimura ya había supuesto que esto ocurriría y, a primera hora de la mañana, había enterrado una larga cadena de hierro desde la orilla del río hasta la mitad del cauce. Cuando los trescientos jinetes se dispusieran a cruzar aquellas aguas, tan solo tendría que tirar de las cadenas y el enemigo caería.
Pero de repente empezó a llover y la lluvia arrastró las cadenas. El plan solo funcionó con Yoshida, que había saltado al río antes de que empezara a llover. El pobre general llevaba puesta su armadura y terminó ahogándose. Su cuerpo apareció la noche siguiente, debajo del puente de Tenmabashi.
En aquel mismo momento, Ishikawa Izunokami, Miyamoto Tango y otros trescientos hombres llegaron junto a la entrada sur del campamento de la planicie, cerca del templo Tennoji. La entrada estaba cerrada, así que se dirigieron a la entrada oeste, que también estaba cerrada. En el interior, tres o cuatro estandartes con el escudo de las seis monedas, el del clan de Sanada, ondeaban con la brisa de la mañana.
—Bueno, parece que este es el lugar desde el que Yukimura defiende la zona. Debemos tener mucho cuidado —dijo Ishikawa.
El día pasó y cayó la noche. Las tropas que aguardaban dentro del campamento se dieron cuenta de que Ishikawa y los suyos permanecían en un absoluto silencio. No había indicios de la presencia de soldados. Sorprendidos, se acercaron a la puerta oeste con la intención de abrirla, y entonces las tropas enemigas se lanzaron sobre ellos. Se trataba de los más de dos mil jinetes de Ishikawa, que consiguieron regresar ante Ieyasu con la bandera del campamento de Sanada.
Ieyasu descubrió unos pequeños caracteres escritos a mano en una de las esquinas. Decían Kihata, bandera abandonada.
Mientras el resultado del enfrentamiento se divulgaba lentamente entre las filas del ejército enemigo, el de Yukimura se preparaba en tres grupos en el este para la que sería la batalla final del asedio de Osaka. Reunieron en el interior del templo de Tennoji todas las provisiones que pudieron reunir y desde allí contraatacaron una y otra vez los embistes de las tropas enemigas. Cuando el ejército de Tadanao comenzó a flaquear, Ieyasu envió a sus tropas para ayudarlo y Yukimura vio su oportunidad de golpear por el centro. Si conseguía contenerlos hasta que las tropas cargaran desde el castillo, podrían tener una oportunidad, así que envió a su hijo de vuelta al castillo para que pidiera a Hideyori que aprovechara el momento y atacara. Este salió del castillo por la puerta Tamazou llevando consigo los estandartes oficiales, así como el emblema oficial de comandante en jefe, pero llegó demasiado tarde. A medio camino, la guarnición de Sakakibara Hida lo interceptó.
Inmediatamente, el general Tadanao y los hermanos Tadamasa Iyo reunieron todas las tropas y, con veinte mil hombres, empezaron a acercarse. Yukimura detuvo la lucha un instante para que los suyos también se prepararan y agruparan.
Por sorpresa, el grueso formado por las tropas de Honda Tadamasa, Matsudaira Tadaaki y Watanabe Ootani atacó precipitadamente, por lo que Yukimura no tuvo otra opción que romper la formación y salir en estampida. Estaba siendo atacado desde tres flancos diferentes.
—No saldremos de esta —resolvió Sanada mientras se ataba el casco—. Ha llegado el momento de entregarme a la muerte en el campo de batalla.
Se colocó la venda carmesí que Hideyori le había dado en la armilla y, alzando el bastón dorado de mando, se dirigió directamente hacia el enemigo.
Los treinta y cinco mil soldados seguían atacando por los tres flancos pero, debido al gran valor de Yukimura y de sus tres mil soldados, Ieyasu no lograba dar por terminada esa batalla y empezó a inquietarse. Decidió enviar a los soldados de Inatomi Kisaburo y Tatsuke Hyogo, que tenían destacamentos con armas de fuego, a luchar junto a las tropas de Echizen.
Aquí terminó la batalla para Yukimura.
Lo hirieron tres veces. Las balas de los soldados enemigos le acertaron en el lado izquierdo del cuello y cayó del caballo, quedando colgado del pomo de la silla. Nishio Niemon, subalterno de Tadanao, derribó a Yukimura con su lanza. Cuando abrió la boca del comandante fallecido vio que le faltaban dos de los dientes delanteros, por lo que supo que se trataba del auténtico Yukimura.
La cabeza decapitada de Yukimura y su espada fueron entregadas más tarde a su hermano mayor, Nobuyuki, que las enterró en el templo Tentokuin, situado en la montaña Kono.
Todos los familiares de Yukimura que vivían en la provincia de Kansai murieron durante la batalla. Yukitsuna y el resto de sus primos cayeron en el mismo campo de batalla que Sanada.
Su hijo permaneció dentro del castillo junto a Hideyori hasta que se suicidó, obedeciendo en todo momento las palabras de su padre.