País Relato - Autores

julián aronin

un viaje iluminado

Personajes:
1- Claudio Paul Gallo; el Pájaro, el Ave
2- Julio Rayado, Julito; Verne
3- Sebastián Ortelete; el Brujo
4- Marcelo Pitón; el víbora.
5- Cristóbal López; Capitán; Colón
Capítulo 1
Te voy a contar la historia de dos amigos muy curiosos. Creo yo que por partida doble, ya que son curiosos de curiosidad y de extraños. Es decir que su búsqueda incansable de respuestas ante esas raras preguntas que ellos mismos se hacen, los descubre recorriendo los más originales senderos.
Claudio y Julio se conocían desde chicos. Habían sido compañeros de primaria y secundaria pero su vínculo iba más allá de eso. Desde el deporte hasta sus gustos por el aprendizaje. Desde la comida hasta los chistes escatológicos. Eran gemelos por elección. Las personas que los rodeaban los llamaban "mellis" ya que todo lo que hacían, lo compartían. Su primer contacto había sido muy casual. Fue en la sala de espera de la guardia del Hospital de Gonnet. A Julio lo habían llevado porque tenía una picadura que parecía ser de araña. A Claudio, porque se había clavado un anzuelo pescando mojarritas en un arroyo cercano a su casa. Más tarde, durante el comienzo de clases se cruzaron nuevamente aunque ya como compañeros de primer grado. Inmediatamente Claudio reconoció a Julio ya que creía que podría haberse convertido en el Hombre Araña.
A Claudio Paul Gallo le decían "pájaro". Su incipiente inocencia sumada a ese apellido de plumífero hacía que sea blanco de algunas burlas. "Gallo Claudio", le decían y él, con alguna dificultad en el habla, les respondía:
—Pada bodudo.
Es que tenía la lengua o larga o muy pesada y así, le costaba pronunciar la R. Su nariz prominente en forma de pico distinguía su cara. Esa característica daba motivos suficientes a su sobrenombre. Sin embargo, su apodo estaba relacionado a Caniggia, el jugador de fútbol que tenía sus mismos nombres. Ese que era rápido como el viento, frío como un témpano.
A Julio, lo conocían por Verne. Su padre lo rebautizó de esa manera por su tendencia a encauzar sus juegos hacia el lado de la aventura. Su constante inquietud por averiguar cosas, lo había hecho leer libros de su tocayo para ver cómo se entendía su apodo. Así, redobló su gusto por lo desconocido y se sumergió en grandes viajes al más allá de su mente. Dichos viajes, son generalmente relatados en su mayor intimidad, cuando se queda inmóvil con la vista fija en un punto. Ello es el síntoma más claro que su interior está hablando o, quizá, investigando a los demás. Esta característica lo hacía algo desconfiado. Hasta no estar seguro y de acuerdo con sus propias investigaciones, no se abría completamente con alguien. Salvo en el caso de Claudio Paul a quién se acercó sin conflictos desde el primer día de clases. Siempre fue un chico que se creía grande. Ello, posiblemente, hizo que adoptara a Claudio como su protegido. Quizá por notarlo vulnerable, quizá por afinidad o tal vez por ser los dos nuevos en el colegio pero la simbiosis se dio de inmediato.
Muchas veces intenté conectar estos dos personajes. Caniggia y Verne. Un jugador de fútbol y un escritor. Imagino que ambos serían solitarios. El primero, por sus características de veloz delantero y escasas declaraciones muestra una imagen de engranaje suelto dentro de un gran equipo. El segundo, todo lo contrario. Sería todos los engranajes de un equipo de uno, es decir, de una sola pieza. Ambos han creado cosas maravillosas que quedan en la memoria colectiva. El Cani hizo delirar a un país entero con aquel gol a Brasil cuando el equipo estaba en la lona y Julio Verne también lo hizo con sus predicciones increíbles, contadas en historias asombrosas que, como un libro sagrado, cada vez que se lee uno le encuentra nuevas reflexiones o interpretaciones. Ambos tienen ese misterioso don de sorprender en cada jugada u oración.
El Pájaro y Verne decidieron emprender un viaje al descubrimiento, general y particular. Hallar y hallarse en lo más profundo de los paisajes y de ellos mismos. Comenzó esto hace varios años, cuando por medio de un pacto de amigos, hicieron un juramente debajo del puente del arroyo El Gato, justo en el distribuidor de entrada a la ciudad de La Plata. Ese año cumplían quince y ese día se habían escapado de sus casas para festejar el de Claudio Paul ya que Julio hacía dos meses que lo había celebrado.
Este pacto consistía en hacer las acciones necesarias para realizar "su" ansiado viaje y poder ver las ruinas Mayas. Para ello, debían armarse de todos los elementos necesarios para la aventura como mochileros. Así, cuando sus parientes les hacían regalos, no pedían otra cosa que no fueran aquellas que anotaron en una libreta cada vez que se juntaban a hablar al respecto.
La lista era larga pero lo esencial no tanto. Había que identificar cosas que sean útiles, que no sean pesadas y que ocupen poco espacio. Más no te puedo decir ya que no se ve bien lo escrito en esa libreta.
Capítulo 2
Al cumplir los diecisiete, el Ave, una derivación de Pájaro de la que solo Julio utilizaba, organizó una reunión con su familia y la de su amigo con motivo de contarles cuál era su objetivo para fines del presente año. Todos quedaron sorprendidos porque, más allá que sabían sus deseos, no se imaginaban que eran tan fuertes como para que lo cumplieran en forma tan inminente.
—Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas y otro para hacer que las cosas sucedan —decía Julio, convencido y de manera convincente.
Claudio lo miraba y no podía entender lo que estaba oyendo. Su poca capacidad de comprensión generó en él una gran agilidad para cambiar de tema. Así fue que propuso repasar los puntos más importantes de su futura aventura.
Su proyecto era viajar en barco a México. Harían escala en Brasil, ruta obligada de los barcos con dicho destino, para llegar finalmente al puerto de Veracruz. Sin embargo, una pequeña trasgresión por parte del navío permitiría que ellos desciendan en Yucatán. Allí donde vivieron los Mayas, pueblo del cual tanto habían estudiado y tanto habían soñado conocer.
El padre de un compañero de colegio de ambos fue clave. Cristóbal López era el Capitán de un barco de carga que tenía entre sus rutas ese destino. Hombre de aspecto amable, mirada profunda, sonrisa fácil, escasa cabellera, altura media y espaldas anchas. Tenía una característica que lo distinguía a simple vista, un bigote muy largo y negro. Caía por ambos lados de la boca, tropezaba con el mentón y jugueteaba con el cuello. Así de largo era. Y negro como pantera. Quizá más que su mismo pelo. Apostaría que ahí había ayuda sobrenatural o, mejor dicho, con algún colorante.
Costó el acercamiento pero finalmente accedió a permitirles unirse a la tripulación. Cristóbal, al que luego llamaron cariñosamente Colón, accedió al pedido pero les aclaró que no había privilegios y que los dejaría en la península de Yucatán antes de llegar a su destino final.
El Capitán tenía muchas responsabilidades pero siempre se las arreglaba para mantener sus prioridades. Una de ellas era, el juego. El camarote principal era un casino profesional. Ruleta, mesa de cartas y dados. Ahí, traspasando esa puerta, todos eran iguales. Y Colón, no permitía que alguien que viajara en barco no probara suerte.
Dentro de la tripulación estaba Carlos que era la persona clave en la embarcación. Más allá de saber muchos secretos náuticos tenía una virtud que para Cristóbal era esencial, sus habilidades como crupier. De día, sucio, despeinado y mal vestido, con olor a mar. De noche, la elegancia hecha hombre. Un aroma inconfundiblemente agradable que se distinguía a la distancia, un traje impecable y una frente muy amplia ya que se peinaba con gomina hacia atrás. Su nariz puntiaguda y ojos bien abiertos daban la sensación de estar siempre alerta.
—Padece una Sudicata, murmuró Claudio cerca del oído de Julio. No pudieron sostener la risa dentro de su boca. No sé si por la comparación con la "Suricata" o por la pronunciación del pájaro que siempre daba la nota y muchas veces la exageraba a propósito.
También viajaban, otros dos exploradores que, según sus propios dichos, volvían a su hogar luego de haber explorado estas tierras australes. Sebastián y Marcelo eran sus nombres y a partir de ese momento formaron un equipo, con algunas dudas de parte de Verne, el desconfiado. Con Claudio Paul, sin embargo, parecían que se habían conocido en el pasado o, como dijo Marcelo, al pasar, "de otra vida".
La presentación fue singular. El Capitán tomó la palabra y les dijo que el primero que le generaba problemas lo bajaba del barco. Si bien no aclaró que lo haría en un puerto, se sobreentendió que así sería ya que el barco no tenía trampolín ni Colón era un pirata que lanzara gente por la borda. Les agregó que esto era algo que había aceptado solo por un pedido de su hijo y que les aconsejaba que mantuviesen la armonía por el bien de todos. Además, si no pasaban por el camarote casino se iba a ofender.
Dicho eso, procedió a la presentación formal: Claudio Gallo y Julio Rayado; los presento a Marcelo Pitón y Sebastián Ortelete. El Pájaro se hizo el que tosía para disimular la risa cuando escuchó esos apellidos y Verne comenzó a reír excusándose en la manera que su amigo se había ahogado. Lo fue a atender y en el oído le dijo:
—Tiene que ser una joda, no se puedan llamar así.
Al quedar los cuatro en soledad, sus miradas reflejaban el ánimo o el sentir de cada uno. Los "nuevos" intentando conversar para conocerse. Claudio los seguía de manera amable y Julio, callado, los miraba con algo de desconfianza. Tanto Marcelo "el víbora" Pitón como Sebastián "el brujo" Ortelete les aclararon que saben que en la Argentina sus apellidos generan gracia pero que no les molestaba.
Marcelo parecía ser el más grande, aparentaba unos veinticinco años. Su altura no lo favorecía ya que le faltaba un rato para llegar a ser media. Es decir era bajo. Su voz gruesa y algo elevada en tono, hacía que ello se disimulara un poco. Sebastián era algo más alto, aunque tampoco llegaba a distinguirse por ello. Ambos tenían el pelo relativamente largo, lacio y con un color muy negro. Sus ropas no llamaban la atención más allá de la mezcla de colores. Marcelo, el bajo, hablaba muy pausado. Parecía que iba eligiendo cada palabra. Por momentos era difícil seguirle una conversación ya que cuando terminaba una frase, no se recordaba de qué manera había empezado. Sebastián, si bien parecía más chico de edad, mostraba una personalidad más madura.
Con el correr del tiempo se fueron conociendo, al punto que Verne se relajó, aunque sea solo un poco, y pudo sentirse algo más cercano.
—No tengo idea cómo se juega a la ruleta —les confesó de repente.
Los cuatro estaban inquietos por ver cómo eran esas cálidas y blancas costas en las que alguna vez habían desembarcado los españoles con hambre de riqueza. Esa vegetación indomable que cubre gran parte del territorio y que llega casi hasta el mismísimo mar. Esas aguas transparentes llenas de vida y de historia que nutren de belleza el caribe.
De todas maneras, no todo era tan claro para Verne que notaba algo extraño en las miradas y en la manera de hablar de sus nuevos compañeros de ruta. Su acento tan particular era una extraña mezcla de castellano español, boliviano y mexicano. Su clásica postura de quedarse inmóvil puso nervioso al pájaro que lo miró fijamente y le dijo entre dientes, que ni se le ocurriera generar malestares indeseables, que no se iba a bajar de ese barco antes de llegar a Yucatán y que a la ruleta él le enseñaría a jugar.
Capítulo 3
El viaje había empezado en la casa de Claudio Paul. Ese fue el lugar de partida ya que no permitieron que los llevasen ni los acercasen a otro. Si de aventura se trata, la misma debía empezar desde el origen, desde el portón de salida de su casa. Tenían sendas mochilas que parecían más grandes que sus propios cuerpos. Cargadas de esperanza, intriga, aventura y alegría y también de artículos especiales para un emprendimiento de este tipo. Había cosas curiosas como la gomera que el pájaro se colgaba siempre del cuello, la linterna adaptada especialmente para colocar en la cabeza y las ampollas que ellos llamaban "bombas de olor" que servían para espantar malas compañías. También llevaban cosas no tan raras. Como por ejemplo una caña de pescar tipo telescópica con un barranquín y una línea de fondo. Una brújula que les podría ser útil en caso de perderse en la selva. Elementos para cocinar y la infaltable cortapluma con muchas alternativas de uso. Por supuesto que no se olvidaron del mapa, de sus ropas y de algunos medicamentos que ellos llamaban "los JIC". Esa sigla provenía de un dicho en inglés, "Just in Case", que siempre les repetía la abuela de Claudio, Elba Ethel Gallo a la que le decían la "vieja Ete". Por supuesto que algunos hacían el chiste fácil de nombrarla con su primer nombre y su apellido de corrido, cosa que no haré. Se permitieron llevar un libro cada uno. Julio, por supuesto, llevó uno de Verne y Claudio Paul, "el Principito". Por último, en un bolsillo del costado de la mochila de Verne tenía un arma secreta. Una que le escondió a Claudio y que utilizaría solo como último recurso. Era tan secreta que no me lo dijo ni a mí.
El primer problema surgió sin haber comenzado siquiera el viaje. Por un desperfecto mecánico el barco debía permanecer en puerto uno o dos días más. El Capitán Colón fue quién les avisó y sin problemas decidieron acampar por la zona. Allí se sumaron los otros viajeros y se hicieron un refugio en un lugar alejado de la civilización. Juntaron ramas de sauce y hojas de palmeras y encendieron un fuego para comer un poco de arroz. La noche les ayudó. Estaba despejada y con la luna llena, llenísima. Parecía más grande que de costumbre, se le veían las formas del relieve. Irradiaba muchísima luz, tanta que generaba sombras muy notables, casi como un día de sol. Indirectamente, los estaba vigilando y protegiendo.
Con ese telón de fondo, Claudio repasaba algunos capítulos de su libro preferido mientras Marcelo lo observaba atentamente.
—¿Qué lees?
Claudio seguía concentrado en el diálogo del Principito y el zorro cuando una piedrita le golpea en la cabeza.
—¿Qué hacés víbodra?
—Te preguntaba qué lees.
—El Pdrincipito es definitivamente mi libdro favodrito.
Le explicó que lo había leído infinidad de veces pero que siempre le encontraba un nuevo significado a sus aventuras. Además, le servía para no olvidar la importancia de conservar el asombro. Que a su entender, eso mantiene a las personas despiertas y jóvenes.
Su conversación se extendió por horas y, de a poco, se fue transformando en una competencia de conocimientos Mayas. Su imaginación no supo de límites, sus deseos de llegar a Yucatán se convirtieron en ansiedad. Si bien Claudio y Julio sabían mucho acerca de este pueblo, se sorprendieron de los conocimientos de sus nuevos amigos. La sorpresa no fue envidia sino entusiasmo por aprender más. Y qué mejor que aprovechar eso para potenciar el viaje. Elevarlo a la altura de aquellos habitantes de Mesoamérica. Hacerlo levitar de tal manera que pudieran descifrar los más ocultos misterios.
De repente un ruido los hizo callar. Tenían la sensación de que los estaban observando. Rumor de hojas, algo de viento, parecía una película de terror y al final, un ululato. Sí, casi como un melancólico y lastimero aullido. Sin embargo el dulce sonido se propagó y desapareció por el aire. Fue Claudio quién identificó al búho que los estaba mirando y Sebastián quién de a poco se alejó mostrando cierto temor.
—No me gustan los búhos. Menos su canto. Me asusta
—comentó el Brujo.
—No seas cagón, Ortelete —le dijo entre risas Julio.
No se fijaron la hora, no tenían reloj, no mostraban apuro. Su objetivo era viajar pero, disfrutando cada momento. Es decir querían ir a México, pero sin lapsos de tiempo. Sin fecha de llegada. Aunque con lo dicho, la ansiedad en sus espaldas.
Capítulo 4
Esa noche los acompañó una lagartija que los sorprendió por su atrevimiento. Su curiosidad la hizo arriesgar a que los humanos la descubriesen y a pesar de ello, siguió allí, inmóvil, mimetizada de gris con unas piedras.
—Mirá —le dice Julio en voz baja —una Salamanquesa.
—¿Qué dices? —contesta Marcelo en forma de pregunta.
—Una de salame con queso, jaja —responde rápido Claudio.
—Jajaja… una piza de salame y queso. No, la lagartija esa, se llama Salamanquesa. Ves que tiene el cuerpo aplastado y la cabeza grande… Además la tiene separada del cuerpo.
—Veo que su alimentación es de insectos —reflexiona Marcelo.
—Sí, y los cazan cerca de las luces que los atraen. Esta lámpara de noche debe ser el motivo de su presencia. ¿Ves cómo vienen los insectos? —les cuenta Verne señalando unos bichitos que se chocaban con la lámpara.
—Que interesante. ¿Cómo es que saben todo eso?, ¿estudian biología? —les pregunta sorprendido Sebastián.
—Bueno, a mí siempdre me gustó la biología de la piza de salame y queso —dice riendo Claudio.
—Jaja. "Siempre"… pájaro, "Siempre". No le den bolilla que dice pavadas. Desde chicos que somos fanáticos de la biología y todo lo que se relaciona con eso —les aclara Verne y agrega —mi papá nos llevaba al museo de ciencias naturales y nos contaba historias acerca de todo lo que allí veíamos. Él trabajaba en la parte de seguridad y se conocía con todos los empleados. Sabiendo de nuestras inquietudes, nos llevaba seguido. Tenía amigos Biólogos a los que nos adheríamos como garrapata cada vez que íbamos. Una vuelta, estaban trabajando en un caso de un descubrimiento maravilloso. Un cadáver de un animal muy antiguo, quizá prehistórico, atrapado entre los hielos en la Antártida, ¿te acordás Pájaro?
—Sí obvio. Ese vedrano habían estado trabajando con mamífedos de allá y de casualidad se tdropezadon con ese animal que estaba bastante bien consevado pod el ambiente. Padece sed que el descongelamiento de un glaciad había sido mayod de lo habitual y dejó al descubiedto este bicho que no sabían que eda.
Verne se salía de sus casillas para agregar:
—Supusieron que era un dinosaurio, por las dimensiones, pero nadie estaba seguro porque había ciertas características de su esqueleto que no eran las conocidas. Su cuello corto, muy corto y sus extremidades pequeñas lo hacían ver casi como a una serpiente gigante. Además, parecía que tenía alas, más allá que las mismas resultaban chicas respecto del cuerpo.
—¿Hablas en serio? —consultó Marcelo sorprendido.
—Pod supuesto. Te acodrás Julito que después de lagdas discusiones ente los científicos, no pudiedon llegad a ninguna conclusión.
—Como me voy a olvidar de eso. Las opiniones eran bien marcadas. Uno de ellos, creo yo el más experimentado, insistía con la posibilidad que sea el nexo entre los dinosaurios y, según él, "los animales de fantasía narrados en infinidad de cuentos y que por otra parte, algunos los enuncian como parte de la Biblia, más precisamente en el apocalipsis, cuando se refiere a Satanás como el gran dragón, la serpiente antigua".
—Sí, ¡que apadato! Ese tipo hablaba muy drado. Pedo el Doc. Winchester tenía otdra opinión.
—Si es cierto tenía otra línea de pensamiento que era más prudente. Él intentó aclarar sus ideas en voz alta y desarrolló una historia conservadora. "Este es simplemente un nuevo dinosaurio, con características diferentes, pero un lagarto gigante al fin". Y la verdad que lo que decía sonaba a creíble. Era convincente el guacho.
—Pedo la opinión que más me impdresionó, fue la de Esteban, el amigo de tu papá.
—Si fue increíble.
—Pero colega ¿cuál fue?, —le dijo la Bruja desesperado por la intriga.
—No Ortelete, mañana te lo cuento, ahora estoy cansado.
—Pero deja ya de tonterías y cuenta —le insistió Marcelo.
—Jaja, es una joda. Él dijo que por cómo estaba dispuesto el sistema respiratorio, había un canal de ingreso a los pulmones y otro de egreso desde el estómago a la boca.
—Pero ¿cómo es eso?
—Claro, los gases del estómago se dirigen a la boca y no al ano.
—¿A dónde?
—Al culo.
Ambos, Marcelo y Sebastián, achinaron sus ojos levantaron su pico como oliendo una mentira y le dicen…
—Pero hombre, y eso ¿qué tiene que ver?
—Esperen que termine la idea. El animal muerto tenía unos colmillos enormes, por lo tanto era carnívoro. Pero además, entre sus caninos y muelas le encontraron restos de piedra caliza. Bueno, eso dijeron en un primer momento. Luego, con más estudios, se dieron cuenta que en realidad era sílex o pedernal.
—Espera, espera. Es que no llego a comprender —decía la Bruja moviendo su cabeza de lado a lado.
—Imaginate un animal muy grande. Que tiene un físico alargado análogo a una serpiente. Que los gases de su estómago se desagotan por la boca. Que su alimento principal es carne y que probablemente la misma sea con bastante grasa. Que dicha dieta le produzca dolores en la barriga que haga que, inconscientemente, busque curarse con algunas de las piedras calizas de algún lugar cercano. Que como corolario se generen eructos importantes de gas metano y que el mismo dolor haga que frote sus muelas intentando aplacarlo.
Marcelo ya no sabía que cara poner para no parecer que no entendía nada. Sebastián, en cambio, miraba con cara de signo de pregunta, y le dijo:
—Es como si estuvieras hablando en chino. ¿Podrías ser más claro?
—Fácil muchachos, frota las muelas con piedra caliza. Se generan chispas, fuertes contracciones de estómago provocan eructos de gas metano y…
—Dragones —gritó Marcelo.
—Bravo Pitón, fuego por la boca. Vieron que no era tan difícil.
—Pues yo no lo puedo creer —decía la Bruja mientras se agarraba la cabeza.
—Yo tampoco podía, coincidía Verne, aunque si observamos con detenimiento, muchas culturas hacen referencia a los Dragones. China, la antigua Grecia, los vikingos, los egipcios, la edad media y por supuesto, los Mayas. La pregunta que yo me hago es: ¿de dónde obtuvieron la idea de los dragones distintas culturas que no tuvieron puntos de contacto y que vivieron en épocas tan diferentes?
Marcelo seguía agarrándose la cabeza y no podía hablar. Sebastián, que continuaba anonadado por lo que había escuchado, se quedó mirando el cielo abstraído, hasta que al rato le dice:
—Espera, repíteme lo que acabas de decir porque no te he escuchado.
—Te decía que Esteban me contó una vez que, según una teoría de fanáticos de Dragones, los mismos coexistieron con los dinosaurios, pero su capacidad de adaptación y las herramientas que les dotó la naturaleza para sobrevivir les hicieron ser unas criaturas superiores. Evolucionaron en una especie voladora y otra marina. Así, de alguna manera, sobrevivieron al choque del meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios.
La boca abierta de Marcelo quedó fija durante unos cuantos segundos, a pesar que Verne había terminado su relato. Luego, la cerró. Y, más tarde, cargó sobre una duda que le había quedado.
—Y lo del gas metano, ¿tú te lo crees?
—Bueno, no sé si lo creo. Solo repito lo que me dijo un científico loco. Pero Einstein también era un científico loco. Quizá cierre mejor el concepto si te cuento que él creía que los gases que tenía en el estómago eran hidrógeno y metano y que tras la digestión, los acumulaban en unas vejigas especiales ayudándolos para volar o nadar, según sea el caso y cuando lo requerían también en la generación de fuego.
El fuego comenzó a mermar. Los leños de Eucaliptus y paraísos ya no se distinguían. Su calor fue suficiente. Ahora quedaba el remanente en sus brazas cenicientas.
Tardaron un buen rato en dormir, sobre todo Verne o mejor dicho su mente. Ella siguió trabajando en altas revoluciones. Seguía sin cerrarle estos dos nuevos amigos. Muy extraño, si hasta su acento español parece trucho. Por momentos parecen querer ser españoles y por otros mejicanos. Por las dudas, tenía su mochila bien cerca y allí, su arma secreta. De todas formas, esa noche no la utilizó. Su insomnio hizo que la mañana llegara de forma acelerada. El amanecer los descubrió con el primer rayo de luz. El cielo estaba naranja, con algunas nubes en el horizonte y un poco de rocío en el ambiente. Claudio intentó despertarlos. Primero con sonidos forzados, luego elevando la voz, más tarde moviéndolos pero no había caso. Finalmente tuvo una idea que funcionó de inmediato. Se acercó lentamente hasta dónde dormitaba Sebastián y muy cerca del oído le hace:
—U u uu —cual canto de búho.
—Aaaaahhh, pero que susto me has dado. —Dijo Sebastián parándose de un salto.
Capítulo 5
Luego de confirmar con Cristóbal que el barco zarpaba al otro día, prestaron atención a dos hombres que estaban sentados debajo de un árbol tomando una cerveza. No llegaba a observarlos bien pero su actitud no los dejaban tranquilos. Es decir, miraban y se escondían detrás del tronco. Julio no dudó y le hizo señas a Claudio para que se ocupara del tema. Sin dejar pasar un minuto, el pájaro tomó su gomera, una "bomba de olor" y la lanzó para que se rompiera contra el árbol. De inmediato, un olor intolerable se expandió por la zona. Tanto que aquellos sospechosos se fueron corriendo, sin saber de dónde había salido ese tufo.
—¿Te gustó pito grande?, le preguntó Claudio a Marcelo mientras reían.
—¿Pito grande?
—Sí, Pitón o… Pitonazo.
—Jajajaja —rieron todos.
Cuando se calmaron, Marcelo preguntó:
—¿Por qué hacen este viaje, que quieren conocer de los Mayas?
Claudio y Julio se quedaron pensando unos segundos y Verne fue el que rompió el silencio, como cuando la bocina de un tren suena en una noche cerrada de invierno en su ciudad natal.
—Siempre me pregunté qué les pasó. Por qué desaparecieron de sus ciudades. A dónde fueron todos esos conocimientos que tenían. Gente tan inteligente y desarrollada no los puede haber vencido una sequía. Tiene que haber algo más. Algo trascendental. Algo que esté un paso delante de nuestro entendimiento. Quizá es algo simple pero seguramente esté sutilmente escondido para nuestras pobres mentes.
En la misma línea de Verne y con la mirada fija en la vela que estaba a punto de apagarse, el pájaro acotó:
—Sé que ellos tienen muchas drespuestas a las pdeguntas que siempdre se hizo el sed humano. Pdreguntas que aún no las ha podido resolved y que ellos, con sus métodos de obsedvación de la natudaleza, quizá las hayan dilucidado. Esto va más allá de la civilización Maya, a mí me motiva el misticismo de todo lo que drodeaba a este pueblo ya que en definitiva según sus convicciones ellos son el pueblo de Dios*.
*Ma (familia por parte del padre) y Ya (padre eterno imperecedero o Dios).
Al decir eso, la vela se terminó de consumir y quedaron totalmente a oscuras. En ese momento se vio en el cielo una estrella fugaz y Sebastián murmuró:
—Butsek.
Nadie había entendido bien esa palabra ya que estaban distraídos con el genial espectáculo que les daba el cielo con sus infinitas formas. Sin embargo, Verne se quedó algo pensativo y le consultó acerca de lo que había dicho…
—Buts’ eek’, quiere decir cometa en Maya —respondió el Brujo.
—Y vos ¿cómo sabés eso… Orrrrtelete? —le preguntó Verne con un tono de burla.
—Es que me gusta aprender idiomas… RRRRayado. Y este en particular me tiene atrapado. Si quieres mañana te enseño algunas palabras. Ahora deberíamos dormir y ojo con despertarme con ese Búho del demonio. ¿Entendido? Tak sáamal.
Hasta que no le dijo que eso quería decir "hasta mañana", no pudo dormir. Ya con sus ojos entrecerrados, los párpados se hicieron más pesados y no los podía levantar. Sus pestañas largas y negras parecían tener pegamento en sus puntas ya que costaba mucho separarlas. Hasta que la oscuridad de la noche se mimetizo con la de su propio ser. Allí dentro de él mismo siguió razonando aunque esta vez, ayudado por sus sueños.
Mientras dormían, una luz despertó a Verne quién miró a su alrededor y vió que Marcelo no estaba en el camarote. Su curiosidad y falta de confianza lo llevó a salir y pudo ver a dos personas conversando. Una de ellas vestida y la otra semi desnuda. Se refregó los ojos y fijó su vista en este segundo personaje. De inmediato pudo apreciar que estaba vestido con ropas indígenas. Se imaginó que serían exactamente como las que usaban los Mayas y trató de escuchar que decían. Su lenguaje era inentendible aunque llegó a escuchar claramente tres palabras. De repente, el hombre con taparrabo miró hacia dónde él se encontraba y cruzó miradas con Julio.
Su instinto lo hizo esconderse, perderlos de vista. Luego de unos segundos, volvió a mirar para ver si había sido descubierto y no estaban más. Como si hubieran desaparecido. Fue a la cubierta del barco y nada. Se quedó pensando qué era todo eso. Miró el cielo y pudo distinguir que las estrellas dibujaban una forma muy extraña que jamás había percibido. Algo parecido a un animal.
—Un gato, —dijo en voz alta —pero muy grande —pensó para adentro.
Entrecerró sus ojos y notó como la figura se aclaraba más aún. Pero, de repente, una mano en su hombro lo asustó de manera escalofriante. Era Marcelo que de inmediato le dice:
—Jaguar.
Julio giró sobre su eje y totalmente exaltado lo mira con sus ojos bien abiertos.
—Que susto que me diste loco. Pero su mente continuaba confundida ya que al calmarse un poco vio que estaba en su cama del camarote del barco.
—Te he despertado porque no parabas de gritar Gato-Jaguar-Maya-Balam.
—No puede ser. Era todo tan real. Y fue solo un sueño.
Sebastián lo miró seriamente y le dijo:
—Según los Mayas los sueños son parte de ti. No son "SOLO", piensa en lo que te han intentado decir.
Su cabeza no paraba de pensar. Daban vueltas las imágenes del gato, el gran gato que se podría trasladar a un Jaguar que en términos mayas es Balam.
—¿Qué quiedre decid exactamente Balam en Maya?, le pregunta Claudio a sus nuevos amigos.
Mirándose de manera cómplice y con una notable sonrisa en su semblante, Sebastián le dice: Balam significa guardián, protector, ser sobrenatural.
En ese instante aparece Colón que había escuchado que sus marineros estaban despiertos y se sumó a la charla.
—¿Alguna vez vieron un mar como este, tan transparente, tan calmo y las costas llenas de vegetación virgen? —Sin esperar respuesta continuó —pensar que estas islas caribeñas eran el lugar preferido de ataque de los piratas. La de tesoros que habrá enterrados en estas extensas playas.
—Bueno hombre, y porque no probamos suerte, —dijo Marcelo con cara de broma.
—Sabes la cantidad de gente que murió buscando. Dicen que todos terminan volviéndose locos haciéndolo. Aparentemente hay una enfermedad psíquica relacionada con la obsesión de encontrarlos. Pero yo conozco una historia que me la contó un viejo cacique Azteca una vuelta que andaba esperando para zarpar desde México para EE.UU.. Se hacía llamar Yawa. Sentados en un banco, mirando el mar me dijo que muchos de los que en algún momento se los conoció como piratas, no lo eran realmente. Ellos eran seres que intentaban ayudar a los humanos.
—¿Pedo no edan humanos?, —preguntó el Pájaro.
—Sí, bueno, no sé. Podría decir que sí o que por lo menos lo fueron.
Lo miraron al Capi y sin decir nada, solo con el silencio le preguntaron lo que vos preguntarías en este momento.
—Sí, sé que es confuso, pero tienen que escuchar sin interrumpir. Hubo un momento en la historia de los Mayas en el que los habitantes abandonaron las ciudades y se internaron en los bosques. Nadie sabe bien el motivo. Algunos creen que fue por enfermedades, otros por problemas climáticos, algunos por encuentros con extraterrestres, otros por sobrepoblación, otros porque los reyes no supieron dirigir a sus pueblos y otros piensan que este pueblo extremadamente avanzado en matemáticas y astronomía, descubrió algo que los hizo trascender. Algo así como la iluminación de Buda o la santidad en los católicos. Su mente era tan poderosa que aprendieron a controlar un porcentaje muy elevado de su cerebro y consiguieron trascender la luz. Entendieron que todo lo material no sirve. Lo dejaron atrás. Durante años se buscaron alternativas de explicar lo inexplicable y de repente Yawa me dio la posibilidad de, aunque sea, pensar al respecto. Él sostiene que estos piratas son en realidad antiguos Mayas que, por su capacidad de trascender la luz aparecen, toman lo material y se lo llevan a un mundo paralelo y así ayudan al ser humano a darse cuenta que lo material es innecesario. Por eso los tesoros no están en las islas y los que los buscan no los van a encontrar. Solo lo harán si entienden lo que los Mayas comprendieron. Pero en tal caso, no necesitarán los tesoros.
—Esto es muy complicado pada mí, —dijo Claudio y cuando se estaba parando para ir a su camarote el Capi dice: —miren, ahí dejamos atrás Honduras y Belice, esto ya es México y la punta es la península de Yucatán. Justo enfrente del extremo oeste de Cuba. Ahora pasamos por las playas de El Carmen y Cancún. Ustedes van a bajar en el Puerto del Abrigo, en la ciudad de Progreso. De ahí a Mérida, que es la Capital de la península, tienen unos cuarenta kilómetros.
—Me parece bien que hagamos ese recorrido —dice asintiendo Marcelo mientras Claudio mirando al Capitán le pregunta: ¿no le cuesta tlabajo hablad con el peso de ese bigote sobdre los labios?
—Jajaja, claro que sí, sobre todo cuando llueve y se moja. Aunque si de hablar se trata Claudito, estás en el horno.
Sin parar de reír y envalentonado por el tono de las bromas, Julio saltó en defensa de su amigo e insistió con el de doble caía:
—Capi, al bigote ¿lo pinta con indeleble?
Tregua de bromas por medio, con vaso de cerveza en la mano y mirando hacia el horizonte Cristóbal les contó que el mito dice que se le conoce como Yucatán porque cuando llegaron los españoles les preguntaban a los habitantes de por acá dónde estaban y ellos contestaban en Maya "Ki u tánn" que significa "no entiendo lo que tú hablas".
—Entonces ¿estamos en la "Península de no entiendo lo que tú hablas"?
—No entiendo lo que me dices.
—Digo que si ahora estamos en la Península de no entiendo lo que tú hablas.
—¿En serio no me entiendes?
—Si te entiendo, el que no entiende sos vos. Igual que los españoles.
—¿Y qué tienen que ver los españoles con esto?
El Capitán mordiendo su labio inferior sale del camarote diciéndoles que más tarde tenían que ir al casino.
—Les aconsejo el "12", "08", "20", "05". Esos números son potentes.
Ante la consulta de Claudio y asomando la cabeza por el ojo de buey les dice:
—Son números especiales, cuando lo descubran se sorprenderán.
Capítulo 6
Desembarcaron y, tal cual se los había aconsejado el Capitán, caminaron hasta la ruta que los llevaría a Mérida. Allí, hicieron dedo y lograron que una camioneta los lleve hasta su destino inmediato. Por supuesto que los cuatro viajaban en la caja de la misma. No había tránsito en esa ruta, pero el ruido que hacía el motor de la chata impedía disfrutar los sonidos del camino. Sin embargo, se lograba escuchar, por momentos, las conversaciones de los tres hombres que viajaban en la cabina. Digo bien, escuchaban porque la realidad es que no entendían lo que decían ya que hablaban en un idioma muy extraño que no era el español.
Terminaron en la plaza central, en un banco a la sombra de un árbol. Cuando estaban recuperándose de la emoción de haber llegado, se dieron cuenta que tenían hambre. Muchas ganas de comer aunque no sabían qué.
Marcelo tomó la iniciativa y compró la comida sin preguntar.
—Tamales para todos, dijo.
—¿Y eso qué es? —preguntó el pájaro.
—Es una pasta de maíz que encierra una mezcla de carne y vegetales; todo envuelto en hojas de maíz. Originalmente los Mayas lo cocinaban con una técnica que se llama Pibil, que es el horneado bajo tierra. Estos no están hechos así pero se me ocurrió que tenemos que seguir todas las costumbres Mayas para que nuestra aventura sea completa.
—Estoy de acuerdo, —dijo Julio con mucho entusiasmo.
Aunque en el fondo, les seguía la corriente para ver si realmente sabía lo que decía o lo estaba inventando. Indudablemente, seguía sin confiar en ellos.
Con la boca llena y con su dificultad para hablar, Claudio les contó que por la noche había ganado en el casino. La Suricata había cantado el doce.
—Tenía razón sobre los números especiales.
Cuando estaban terminando de comer, se les acercó un hombre de unos sesenta años. Su cara mostraba cierta preocupación sin llegar a ser enojo. Parecía estar evaluando los movimientos y las acciones de los chicos. Tenía la cabeza ancha con nariz aguileña. Su cabellera larga, negra con algunas canas y bien lacia. Lo vieron venir desde el otro lado de la plaza con su lento andar. Cuando estaba cerca pudieron observar sus salientes pómulos, su amplia frente y sus ojos algo achinados o, mejor dicho, con un notable pliegue en los párpados estilo oriental. A pesar de ello, se dejaba ver su color almendras oscuro de su penetrante mirada. Si bien su estatura no impresionaba, su cuello corto y hombros anchos generaban la sensación de un cuerpo robusto y compacto.
Se presentó con el nombre de Tulio. Y sin esperar respuesta les preguntó por qué querían conocer el mundo Maya. La situación los tomó por sorpresa. Al principio no supieron que contestar aunque después de unos instantes fue Julio quién reaccionó.
—Queremos descubrir los secretos de este maravilloso pueblo, se animó a decir con mucho entusiasmo.
—Sí, —agregó Claudio —estamos entdregados a esto. Es el motivo de nuestdras vidas.
Marcelo y Sebastián se miraron, intercambiaron miradas con Tulio y asintieron con sus cabezas. Esto no pasó desapercibido por los amigos que sintieron como sus corazones aceleraban los latidos y su boca se secaba.
Tulio alzó su vista al cielo y les dijo:
—Para empezar les aconsejo entender que es el Jaguar para esta civilización. Él, Balam como era conocido por los Mayas, sabrá encausarlos al camino del conocimiento. Para ello, deben ir a la ciudad de EK BALAM, la ciudad del Jaguar negro. Espero que tengan una buena estadía —volvió a mirar al cielo, se despidió y se perdió entre la gente caminando a paso lento y sin hacer ruido.
—Padrecieda que él mismo es un Jaguad —comentó el Pájaro con su mirada fija en el punto donde desapareció
—un Jaguad negdro.
Capítulo 7
A la mañana siguiente partieron rumbo a esta ciudad que, si bien no es de las consideradas más importantes, fue la primera que eligieron por el significado Místico de la misma. En la ruta dejaron a un costado a Chichen Itza, otra de las ciudadelas que tenían en su agenda pero que visitarían más adelante.
—Todo a su debido tiempo —dijo Sebastián.
Ek Balam se encuentra sumergida en la selva, pasando desapercibida para muchos viajeros. De una planicie arbolada emergen los restos de un asentamiento maya. El mapa marcaba que debía haber un camino allí. Pero no estaba. Verne decidió hacer un sendero que pasaba a través de una cueva de la que no se veía nada. El frío y la oscuridad eran cómplices del miedo y juntos los transformaban en piedra. Parecían estatuas. Las paredes tenían una textura rara. Húmedas y algo sueltas. Parecía que al tocarlas se deshacían. Verne, que lucía su linterna de cabeza, no podía mostrar temor, al fin de cuentas él los había guiado por ese camino. De alguna manera, identificó dónde había quedado el valor y la convicción, los hizo dar un paso al frente y los siguió. Ellos los empujó hasta esa pequeña luz que pudieron divisar al final de la cueva. Cuando finalmente llegaron, el contacto de sus cuerpos con el sol los llenó de fuerza y luego de andar unos cuarenta minutos pudieron decir algunas palabras.
—Que cagazo que tenía —dijo Claudio algo más relajado aunque en ese mismo momento percibió que los estaban siguiendo.
Le hizo señas a Verne quién se apartó levemente del grupo para observar con sus binoculares de qué se trataba. De inmediato descubrió que eran las mismas tres personas que los habían llevado en la caja de aquella camioneta. Eran inconfundibles, uno alto, uno bajo y el otro gordo. Pese a que no confiaba demasiado en Marcelo y Sebastián, les informó de la situación y pergeñaron un plan de disuasión ya que no les hacía gracia el panorama. Si bien los cuatro formaban parte del plan, Julio guardaba como última alternativa, su arma secreta.
El plan consistía en separarse y caminar en direcciones opuestas para volver a reunirse al otro día en un punto del mapa marcado con una cruz. Mientras tanto, tratar de perder a los tres desiguales, es decir, al gordo, al alto y al flaco o GAF.
Julio y Claudio caminaron hacia el norte con mucho éxito. El pájaro utilizó su capacidad de excelente tirador con gomera para disuadirlos. No hizo falta agredirlos sino que apuntaba estratégicamente a lugares que producían ruidos. Y así los GAF, desaparecieron.
Al día siguiente se reencontraron los cuatro en el sitio indicado y continuaron su andar hasta llegar a su destino.
Al ingresar a la ciudadela pudieron ver dos pequeñas pirámides enfrentadas, dándoles la bienvenida a la Acrópolis de más adelante. Al subir por sus peldaños pudieron ver distintos jeroglíficos que estaban incrustados en sus paredes. Uno de ellos fue reconocido por el Brujo que sin darse cuenta lo leyó en voz alta:
—Primera profecía —dijo casi sin pensar.
De inmediato Verne le dijo:
—¿Sabés leer eso?, no te creo. A ver ¿qué dice ahí?
—Pues dice que la primera profecía Maya es el fin del miedo. Que el mundo del odio y del materialismo terminará el 22 de Diciembre de 2012.
—Pedo eso ya pasó —dice el pájaro.
—Claro que ya pasó, pero es lo que dice —le responde la Bruja mirándolos en forma seria.
Marcelo que venía último en la fila acotó:
—Lo que se interpreta de ello es que el ser humano debe evolucionar hacia una integración armónica con el universo comprendiendo que todo está vivo y consciente. Que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva era de luz.
Verne los miraba intrigado por saber si era cierto que podían leer esos jeroglíficos mientras que el Pájaro reacciona:
—Yo leí una vez que los Mayas creían que el sol era un ser vivo que se relaciona con todo lo que existe y que cuando recibe chispazos de luz del centro de la galaxia, brilla más intensamente.
Marcelo asienta con un movimiento de cabeza.
—Claro —afirma Sebastián y continúa —de tanto observar el cielo ellos crearon un calendario casi perfecto. Además, interpretaron que en el año 2012 comenzaría un ciclo nuevo, uno que muchos estábamos esperando. A partir de ese año, la humanidad debe estar preparada para atravesar la puerta y transformar esta civilización basada en el miedo, en otra que esté en armonía. Que deje atrás el materialismo, liberándose del sufrimiento.
Mientras el Brujo leía, se acercó una persona que nadie vio exactamente de dónde provenía pero que ni bien se sumó al grupo el silencio dominó la escena. Como si una fuerza extraña se apoderara de la situación e hizo que todos callaran de pronto.
—Acérquense al Cenote, él les sabrá explicar —dijo en voz muy baja, casi imperceptible.
Verne lo miró y acercó su mano al bolsillo de su mochila para sacar su arma secreta pero en ese momento, el individuo miró al cielo y sin dar tiempo siquiera de que le pregunten algo, se fue caminando lento, como el Jaguar, sin hacer el más mínimo ruido.
La gente, que estaba de visita en esa ciudadela, continuó con sus actividades sin haber prestado atención a lo acontecido. Verne respiró aliviado volviendo a su lugar el arma mientras que los otros, sin decir una palabra, levantaron sus pertenencias fijaron sus miradas hacia el norte y allí fueron, al Cenote.
En el camino, el pájaro se sintió raro y frenó. Dio media vuelta y se quedó contemplando el paisaje que dejaban atrás. Los demás se le unieron para ver que le pasaba. Uno ruido de alas hizo notar la levantada de vuelo de unos pájaros que estaban distantes de ahí. Sin embargo algo los había asustado.
—¿Qué asustó a esas aves? —preguntó Claudio.
—No sé pero desde que salimos hacia el Cenote, tengo la sensación que alguien nos sigue —dijo Julio mirando la bandada de loros.
—¿Hacia dónde idrán? —pensaba en voz alta Claudio.
—No sé, pero tenemos que seguirlos. Son las señales que nos revela Itzamná. Debemos entregarnos a la sabiduría Maya —murmura el Brujo con los ojos cerrados.
—¿Quién es Itzamná? —pregunta Verne a Marcelo sin que el Brujo escuche.
—El dios Maya de la sabiduría.
El silencio se apoderó de todo. De los chicos, del viento, del camino, de las plantas, de los loros y finalmente del sol que se convirtió en Balam para protegerlos y guiarlos. Sin embargo, antes de avanzar, el brujo rompió la nada misma y con una voz irreconocible dijo:
—Itzmná como padre de la sabiduría nos habla de trabajo, de sacrificio, del camino del hombre verdadero y de la sabiduría que alcanzamos cuando somos capaces de abrirnos a lo nuevo. Cuando comenzamos a vivir la vida con el propósito de vivir la experiencia y no de vivirla en forma mecánica o como una meta en sí misma.
El pájaro temblaba de miedo pero escuchó cada palabra que salía por la boca del brujo.
—Así quiedo vivid, —dijo y agregó. —Cada pequeño detalle lo vivo como una enseñanza y tdrato de apdrovecharlo pada mejodrad. Y al final del día me siento satisfecho. Me siento drealizado.
¿Y vos que estás leyendo, qué pensás de todo esto?
Capítulo 8
Ya de día, unos kilómetros al norte encontraron una cueva inmensa con un espejo de agua en el fondo. Los oriundos lo llamaban Cenote y allí encontraron más información acerca del Balam, que según cuenta la historia fue el primer habitante de este lugar.
Verne y el pájaro no terminaban de comprender la situación pero no se quedaron con eso, sino que le pidieron a sus amigos que les compartieran sus conocimientos acerca de lo que estaban descubriendo y sobre todo de lo relacionado al gran gato.
Sebastián comenzó tímidamente a contar que los Mayas consideraban al Jaguar como el símbolo de la agilidad. Quizá por su habilidad para trepar a los árboles, o su extraordinaria facilidad para nadar o incluso, tal vez, por su destreza al caminar sin emitir un sonido más allá de hacerlo por superficies llenas de hojas secas y prácticamente sin luz. Su preferencia a cazar de noche, al amanecer o cuando el sol está hundiéndose en el mar, hizo que esta civilización lo vincule con el sol cadente.
—¿El sol cadente? —pregunta el pájaro frunciendo los ojos y la nariz en clara muestra de que no tenía la menor idea que quería decir esa palabra.
—El sol cadente, en caída o sin fuerzas —le aclara Marcelo y mira al Brujo para que continúe.
—Vale, pero además, la creencia popular es que el sol en el ocaso se transforma en Jaguar y así, con su fiereza, se enfrenta con las fuerzas del inframundo par resurgir victorioso al amanecer.
Por su parte Marcelo les contó que los Mayas consideraban a este animal como al símbolo de la luz y la oscuridad. Estrechamente vinculado a los dioses y las cuevas o entradas a su reino infraterrestre. Por ello lo admiraban y lo consideraban un animal muy poderoso y peligroso, poseedor de conocimientos profundos y portador de energías sagradas.
Los nobles, reyes y chamanes los consultaban acerca del espacio nocturno, la agricultura, la fertilidad, la destrucción y la muerte.
—En síntesis —interrumpe Sebastián —el Jaguar es un animal místico, señor de la oscuridad y de la vida.
Los jeroglíficos coincidían con los comentarios del Brujo y Marcelo, de acuerdo a lo que comentaba un Guía de Turismo. La conversación con esta persona fue muy productiva ya que además de explicarles que la piel moteada del felino representaba las estrellas, les dijo algo que los dejó pensativos.
—Vayan a Chichen Itza, ahí podrán saber qué es y qué significa el dragón para esta civilización.
Cuando escucharon sobre el dragón, el pájaro y Verne se quedaron boquiabiertos. Recordaron aquellos días en los que visitaban el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y ese misterioso descubrimiento en la Antártida. Pero lo más sorprendente es que cada cosa que ellos tenían como objetivo en su aventura, de alguna u otra manera se hacía presente. Se lo comentaron a sus dos compañeros raros y el Brujo les dijo:
—Están comenzando a descubrir sus poderes mentales. Ese es el gran secreto de los Mayas. La mente enfoca y las cosas suceden. Sus poderes son más grandes de lo que pueden imaginar. Pero hay que conocer e interpretar esa fuerza y por sobre todas las cosas, hacer un uso justo de la misma. Solo los elegidos serán iluminados.
—Para ello, —dice Marcelo —los grandes sabios los tienen que aceptar.
—¿Qué? —gritó en forma de pregunta el pájaro.
—¿Vos querés decir que los sabios nos están probando para conocer su mundo? —completa Verne.
—Bueno mira es que yo no soy el que lo dice, lo menciona el pueblo Maya en sus escrituras —dice Marcelo en forma defensiva.
—Es claro su gran entusiasmo por todo esto y vuestros deseos los divulgan con actos. Una cosa lleva a la otra y sus vivencias ya no son las de cualquier turista —finaliza el Brujo.
Capítulo 9
El camino hacia Chichen Itza es hermoso. Más allá que volvieron sobre sus propios pasos, pudieron observar cosas que no habían contemplado previamente. Antes de llegar a Valladolid, ya habían visto varias especies de iguanas. Fue difícil identificarlas ya que estaban muy camufladas. La diversidad de pájaros y árboles que pudieron apreciar fue maravillosa. Era indudable que su integración con la naturaleza les estaba ofreciendo ser parte de ella y poder descubrirla tal cual es.
Pero algo seguía inquietando a Claudio que de pronto comenzó a silenciar al resto y los hizo esconderse detrás de un árbol. Nadie intentó siquiera preguntarle qué pasaba. La cara del pájaro les producía el temor suficiente como para creerle. Además, él era el que tenía la gomera y su puntería era de una eficacia comprobada.
Mientras tanto, sin que los compañeros lo vean detrás de un árbol algo más alejado, Julio ya tenía su arma secreta en la mano derecha, detrás de su espalda.
Mantuvieron esa posición durante unos dos minutos hasta que divisaron, entre la vegetación, tres figuras que parecían conocidas. Sí, eran los GAF. El Gordo, el Alto y el Flaco. Se quedaron petrificados. Sin saber qué hacer. Los GAF se acercaron bastante pero, cuando estaban a punto de descubrirlos, se escuchó un rugido y los tres corrieron por el mismo camino desde dónde habían aparecido.
—¿Qué pasó? —preguntó Claudio.
Nadie contestó aunque Julio subió sus hombros, Marcelo extendió su labio inferior y Sebastián abrió sus ojos. Los tres parecían decir que no tenían idea.
De repente, dos ojos se clavaron en ellos. Verne dijo en voz baja que se trataba de un Jaguar.
—A nuestra derecha nos está observando un Balam —dijo.
Era cierto, esos ojos eran inconfundibles. Su paz, quietud y destreza había hecho que no se dieran cuenta que estaba, hasta que se acercaron demasiado. Las miradas se cruzaron, se interpelaron, se dijeron todo y nada. El animal parecía que dominaba la situación y con un golpe de cabeza les dio paso. Les anunció que no había peligro que continúen por ese sendero y que Itzamná estaba con ellos. Verne y el Pájaro ya no preguntaban nada. Esto les parecía conocido. Algo natural. Como si lo hubieran vivido toda su existencia. Estaban en sintonía o mejor dicho, estaban dentro. Cuando decidieron seguir el camino que les había indicado Balam, el gran gato cerró los ojos y desapareció.
Su piel se mimetizó con las hojas secas y la densa vegetación. Solo se oyó un pequeño ruido. Un sonido que parecía ser una ramita seca que se quebraba. Y luego, una suave brisa limpió todo rastro. Escondió las huellas y diluyó el olor. Los pájaros siguieron con su música de fondo en ese escenario sin fin.
Ya cerca de su destino, decidieron hacer una pausa y descansar. Se ubicaron al costado del camino, cerca de un arroyo que fluía con un ruido particular.
—Pensar que estos sonidos son los mismos que escuchaban los Mayas —reflexionó Verne mirando un punto fijo en el agua.
—Puede ser —dijo el Brujo y agregó —de todas maneras, podrías decir que es el mismo que escuchan los Mayas. En presente…
—Esperen —dijo el Verne de repente, como si algo que estaba pensando finalmente le había cerrado —¿quiénes son ustedes?, ¿de dónde vienen?, ¿por qué están acá con nosotros?
Marcelo mira a Sebastián y les dice:
—¿Pues tu qué piensas?
Claudio reaccionó y antes que Verne les dijo:
—Yo cdreo que ustedes son descendientes Mayas, pedo no entiendo bien el sentido de acompañadnos.
—Ya lo encontrarás —respondió Marcelo mientras se levantaba y daba por terminada la conversación y el descanso.
A lo lejos comenzaba a divisarse un pico gris que no parecía ser parte de la naturaleza sino algo hecho por el hombre.
—Chichen —dijo secamente Marcelo, cuando lo observó él también. Giró hacia el Pájaro y Verne y dijo —Chichen Itza quiere decir boca del pozo de los itzaes, quienes fueron los primeros Mayas.
—¿Quiénes fueron los primeros Mayas?
—Los Itzaes.
—Ah.
—Y el templo Kukulkan significa Serpiente emplumada.
—¿Y por qué lo de la serpiente emplumada? —era la pregunta que todos nos haríamos y finalmente fue el pájaro el que la hizo.
—La serpiente emplumada o Dragón resume todo lo sagrado para nuestro pueblo. Es principalmente la combinación del pájaro y de la serpiente; para representarlo elegimos el Quetzal y el Crótalo. Juntos sumados a los rasgos y las cualidades de otros animales sagrados, como el jaguar, el lagarto, el cocodrilo y el ciervo, dan lugar al dragón, símbolo supremo de lo sagrado*.
*Al dragón lo comprende la fuerza vital de la tierra (serpiente y ciervo), el útero de la tierra madre, o el inframundo (jaguar), las aguas (lagarto y cocodrilo), y el cielo (pájaro).
Esa pirámide que se observa es el templo que les mencioné. Kukulkán está construida en perfecta sintonía con el sol. Tiene cuatro lados con escaleras que llevan al cielo. Es decir al templo en la cima. Cada escalera tiene noventa y un escalones. Sumadas las cuatro da trescientos sesenta y cuatro y el último escalón, que es el templo, representa el día trescientos sesenta y cinco. Los equinoccios hacen luces y sombras especiales en sus escalones reflejando las salidas de la serpiente emplumada. Son momentos sagrados en esta cultura ya que nuestros ancestros se reúnen con nosotros y nosotros con la naturaleza y somos todos uno en el mundo nuevo.
—¿Pero qué es eso de el mundo nuevo? —preguntó Verne.
—Ya lo verás mañana, cuando el sol en su equinoccio de Marzo, deje ver a la serpiente emplumada, la que bendecirá su gente, sus tierras y se sumergirá en las profundidades del Cenote por otros seis meses, hasta el siguiente equinoccio.
Se quedaron dormidos cerca de la cancha de pelota y un ruido los despertó. Cuando reaccionaron pudieron apreciar varios individuos jugando a eso. Al deporte de ellos. Una pelota, dos paredes, un pasillo en el medio, varios hombres vestidos con ropas típicas y los dos aros verticales por dónde debían pasar la pelota golpeándola con las caderas. En el fondo mucha gente observando. Y ellos, Verne y el Pájaro ahí, en el lugar de los reyes. Miran al costado y ven al Itzamná que con una sonrisa los saluda y les dice:
—Dos fuerzas inseparables, una que comprende que en el Universo todo evoluciona hacia la perfección, que todo cambia. La otra envuelta en un plano material que solo alimenta el egoísmo. Esto implica que el "cielo" y el "infierno" se estarán manifestando al mismo tiempo, y que cada ser humano vivirá en el uno o en el otro dependiendo de su propio comportamiento, el cielo con la sabiduría para trascender voluntariamente a todo lo que sucede; y el infierno con la ignorancia de aprender con sufrimiento y buscar desesperadamente algo que no es necesario. Algo que sacia solo lo inmediato.
Aquí estamos, en este lugar encontrarán la paz, aprenderán a controlar sus emociones, habrá más respeto, serán más tolerantes y compresivos y encontraran la unidad. Aquí surgirán hombres con un altísimo nivel de energía interna, personas con sensibilidad y poderes intuitivos para la sanación.
Verne se da vuelta y ve a Marcelo hablando con otro hombre. Se lo ve anciano, solitario, con mucha armonía. De repente, el viejo se separa de todos y comienza a hablar en voz alta para ser escuchado.
—Que sería de la felicidad del sol si faltasen aquellos a los que ilumina. Que sería de nosotros sin almas que se interesen. Estamos aquí, con nuestra sabiduría, como la abeja que ha acumulado demasiada miel y no tiene a quién dársela. Necesitamos hermanos con ansias de trascender, con avaricia espiritual para compartir nuestra experiencia y en estos tiempos algunos lo empiezan a comprender. Para ello, debemos bajar aquí, a las profundidades. —Luego de un instante de silencio, continúa —como el sol por la noche cuando traspone el mar para llevar su luz al mundo inferior; yo he de descender hacia quienes quieren escuchar.
Despertaron excitados. Justo cuando el sol se aprestaba a su equinoccio y de las escaleras del templo bajaba la serpiente emplumada.
—Yo quiero ir —dijo Verne en voz alta.
—Yo también —adhirió el Pájaro.
Y los cuatro abrazados se acercaron al Dragón justo en el momento que un resplandor cegó a todos los presentes. Como lo dice la profecía, un nuevo amanecer de la humanidad está a punto de ocurrir. Una aurora solo para aquellos capaces de comprender.
La tibieza del sol en su rostro le produjo el goce suficiente para despertarlo. Abre los ojos, el cielo muy celeste, sin nubes, una suave brisa acaricia su rostro y le acerca aromas perfumados. El sonido lejano de cantos de pájaros repercute en lo más íntimo de su ser. Se levanta y sin mirar ve todo, sin hablar se comunica con todos. Abandona su arma secreta, abandona todo lo que no le sirve. Siente su ser completo, lleno de él y de todos los entes vivos. El dragón actuó. Lo hizo renacer. En una realidad superior. La que nos acerca Jehová en una de sus múltiples maneras.