Ellos nunca habían estado en un lugar así. El olor a incienso era penetrante y la luz artificial brillaba por su ausencia. De la pared colgaban multitud de imágenes de Santos. Se respiraba un ambiente un tanto esotérico. Tres jóvenes estaban sentados en un sofá.
—Esto es una tontería, Macarena, me siento gilipollas —dijo Lucas rompiendo el silencio. Era un chico alto, de complexión fuerte y ojos brillantes.
—Que no, que ya verás, esta mujer siempre acierta. Predijo la boda de mi hermana ¿Te acuerdas? —contestó Macarena. Los rizos castaños envolvían su cara. Miraba a Lucas con una mezcla de picardía y persuasión.
—Confía un poco... Así seguro que vas más tranquilo a la oposición. Dentro de unos meses tendrás que pagarnos una cerveza con tu sueldo de policía. —bromeo Román. Un chico escuálido de ojos claros.
Los tres eran amigos de la infancia. Se conocieron en el colegio y sus madres ya no pudieron separarlos. Eran muy diferentes entre ellos, pero eso era precisamente lo que formaba esa gran conexión.
Macarena era la alocada del grupo, nunca le faltaban ganas para salir de fiesta y su vida sentimental parecía el programa de «First dates». Había estado con multitud de chicos, pero siempre se cansaba de ellos y lo dejaba estar. Al fin y al cabo, solo tenía 23 años, aún tenía mucha vida por delante, a pesar de lo que opinara su madre, que estaba muy chapada a la antigua.
Luego estaba Lucas, lo llamaban «el culturista» en sus años de universidad, se había graduado en Ciencias del Deporte, pero su sueño era llegar a ser policía. Llevaba un año preparándose las oposiciones, pero hacía poco que había cortado con su novia de toda la vida, Carol. Y eso le había hecho desconcentrarse y perder confianza.
Por último, estaba Román, era ingeniero informático y se había hecho un hueco en YouTube como «gamer». Era tímido pero muy inteligente. Aunque lo mejor que tenía era su lealtad, sabías que podías contar con él en cualquier momento y tenía un don para escuchar. A pesar de ello, en el amor no le había ido muy bien. Conoció a un chico en un juego online y empezaron a salir durante mucho tiempo. Pero los sentimientos de Román se tornaron serios y aquel chico por el contrario seguía jugando. Fue su primer amor y desde entonces le costaba mucho intimar con alguien.
Una mujer salió de detrás de las cortinas que dividían la habitación en la que se encontraban.
—Buenas, soy Roxana, ya podéis pasar —anunció la mujer con una voz muy dulce.
Se quedaron sorprendidos, se esperaban a una vidente con aspecto estrafalario como en las películas y sin embargo aquella mujer podría haber sido la madre de cualquiera de ellos. Se lanzaron un par de miradas cómplices y tras saludar a Roxana pasaron a través de la cortina. Ella les invitó a sentarse alrededor de una mesa redonda con un mantel granate y velas blancas en el centro.
—Decidme, ¿qué queréis saber? —dijo Roxana mientras barajaba las cartas.
—Hemos venido por mi amigo Lucas, va a pasar una oposición dentro de poco y queremos saber cómo le irá —dijo Macarena con total seriedad mientras miraba a Lucas.
Una hora más tarde los tres amigos salieron del lugar tras varias tiradas de cartas que anunciaban el futuro de Lucas.
—Seguro que se ha equivocado... Ya sabes que estas cosas no son cien por cien fiables —susurró Macarena con la esperanza de animar a su amigo.
—Es que no sé ni por qué hemos venido, joder. No sé por qué te hago caso... —gruñó Lucas mirando al suelo.
—No te pongas así, solo quería ayudar... Has estado algo raro desde lo de Carol y pensé que te animaría —contestó ella buscando la mirada de su amigo.
—Tú no tienes ni puta idea de nada, Macarena. Para ti todo es un juego, todo te importa una mierda. No sabes lo que es el compromiso y tampoco sabes lo que es tener un sueño. Así que deja de meterte en mi vida —dijo él alzando la voz. El cuerpo le ardía y te temblaban las manos.
—Eh, chicos, venga... Calmaos. Solo ha sido una idea estúpida, no hay que ponerse así... —añadió Román en un afán conciliador.
—Lo que me faltaba, el bueno de Román. Siempre en medio de las discusiones. ¿Cuándo vas a empezar a tener voz propia? —explotó Lucas.
—¡Eres un capullo, Lucas! ¿Ahora la tomas con Román? Tranquilo que no voy a meterme más en tu vida. Vete a recuper a tu ex y a cumplir tu maldito sueño —dijo Macarena al borde de las lágrimas mientras se marchaba. Román se marchó por otro lado sin decir nada.
Nunca habían tenido una pelea tan gorda. Pero la tensión se podía cortar con un cuchillo. Lucas había pagado su frustración e inseguridad con ellos y eso hizo que los tres se alejaran.
Macarena estaba muy dolida con las palabras que le tocaron. Le jodía que justo él le dijera eso, que la viera como alguien que no podía comprometerse con nada. Llevaba años enamorada de él en secreto. Ella sí tenía sentimientos, a pesar de lo que otros pudieran pensar, solo que no eran correspondidos. Pero en parte sí tenía razón en una de las cosas que dijo, ella no tenía ningún sueño.
Estaba muy perdida en aquellos momentos, acababa de graduarse en Administración de Empresas, pero no tenía ningún tipo de motivación o aspiración por ello. Sentía que había tomado el camino equivocado y se sentía muy perdida. Y la persona que se supone que debería apoyarla la había hundido más.
Román se fue a casa cabizbajo. La verdad que había dicho su supuesto amigo le había dado en el centro del pecho. Es cierto que le costaba mucho decir lo que pensaba o mostrar algo de carácter, ni siquiera había sido capaz de responder a Lucas, se había marchado en silencio. Eso le había llevado a ser el tipo de persona al que pisotean o de la que se aprovechan. Le pasó con su anterior pareja y le ocurría ahora en su trabajo de informático en una empresa. Sabía que algo debía de cambiar y tenía que valorarse más.
Lucas, por otro lado, ahogó su frustración en el deporte, como hacía siempre. Se sentía mal por lo que les había dicho a sus amigos, pero la vergüenza y el orgullo le impedían hablarles para arreglar las cosas. Además, ellos le recordaban el fracaso que anunció aquella mujer, y eso era intolerable a estas alturas de la oposición. Tenía que centrarse en su objetivo e ir a por ello. Bastante tiempo había perdido pensando en si había tomado la decisión correcta con Carol.
Pasaron tres semanas y los tres amigos seguían sin reunirse. Ni una llamada, ni un mensaje.
El día de la prueba llegó y los nervios de Lucas se dispararon. No podía hacerlo sin ellos. Había pasado una temporada horrible intentando no pensar en el tema, pero era superior a sus fuerzas, la había cagado. Esa mañana había llamado a Macarena y a Román, pero ninguno le había cogido el teléfono. Lo había estropeado todo.
—¡Lucas Santiago! Al circuito de agilidad —gritó el coordinador de las pruebas. Y el joven, que estaba absorto en sus pensamientos se dirigió a su posición.
Mientras tanto en algún lugar de la autopista que iba de Madrid a Ávila dos amigos se habían reunido por fin. Román y Macarena habían decidido dejar el orgullo a un lado e ir a apoyar a su amigo. Y sin embargo se habían perdido múltiples veces y sabían que nunca llegarían a tiempo.
—No es tan difícil usar el GPS, Román ¿Por qué eres tan torpe? —farfulló Macarena cabreada.
—Tampoco es fácil aguantarte al volante ¡Eres insoportable! —contestó Román cabreado.
—¿Me acabas de insultar? —dijo entre risas Macarena.
—¿Pero de qué te ríes? —balbuceó Román.
—No te pega nada. Pero me gusta que saques carácter. No es lo habitual —dijo ella sorprendida.
—Supongo que me tomé en serio lo que dijo Lucas… —suspiró Román—. No fue la mejor manera, pero abrí los ojos.
Román le contó a Macarena que había decidido dejar su trabajo, ya que su jefe le mangoneaba, y centrarse en su canal de YouTube. Ella estaba orgullosa de su amigo y creyó que era un buen momento para sincerarse también. Le contó sus sentimientos por Lucas.
—Lo que me sorprende es que él no se haya dado cuenta todavía.
—Yo ya lo sabía, soy muy observador. Solo con las miraditas que le echabas a Carol lo entendí —dijo Román entre risitas.
—¿En serio? ¿Tan transparente soy? Es que Carol nunca me cayó bien, por mucho que lo intenté. Me alegré cuando lo dejaron, aunque me sentía mal porque sabía que él estaba triste —confesó ella.
—¿Sabes por qué cortaron? —dijo Román haciéndose el interesante. Ella negó con la cabeza y él continuó—: Carol no te soportaba. Le dijo a Lucas que eligiera… Y bueno, ya conoces el final. Me hizo prometer que no diría nada para que no te sintieras mal. Le importas mucho, Macarena, creo que es buen momento para decírtelo.
Se quedó impactada, no se esperaba eso, sabía que discutían, pero no que ella era el principal motivo. Pasó el resto del camino en silencio perdida en sus pensamientos, tenía que digerir aquello.
Sin darse cuenta llegaron a Ávila, las pruebas habían terminado hacía una hora, se sentían los peores amigos del mundo. Por suerte sabían dónde encontrar a Lucas. Román era el que le había reservado la habitación de hotel meses atrás.
Tras caminar unas manzanas, lo encontraron sentado en un banco cerca del hotel.
Cuando todos se miraron no hicieron falta palabras, Lucas se echó a llorar y los abrazó a los dos.
—La he cagado, chicos… —dijo avergonzado.
Esa disculpa marcó la diferencia y decidieron que lo mejor era celebrarlo y ahogar penas. Esa noche fueron de bar en bar y se rieron como nunca. Incluso Román ligó, y acabó desapareciendo con un apuesto pelirrojo.
Macarena y Lucas estaban bailando y bebiendo el último gin-tonic, había sido una noche inolvidable, y ellos se miraban diferente. Ya no se miraban con miedo, ambos parecían haber aceptado lo que sentían. La delgada línea que separaba el amor y la amistad se había cruzado.
Macarena se armó de valor y deslizó algo en la mano de Lucas. Él lo observó desconcertado hasta que entendió su significado. Era la carta de «los amantes» del Tarot, que simboliza el amor.
Esa noche todos aprendieron que, aunque el futuro era incierto, valía la pena descubrirlo juntos y que lo bonito de sentirse perdidos era tener con quién encontrarse.