País Relato

Autores

juan carlos feliú velázquez

una brevísima y verdadera historia de la navidad

El Nacimiento del niño dios
Hace más de dos mil años, el nacimiento de un niño en una pequeña aldea llamada Belén de Galilea, en un modesto pesebre, propagó la leyenda de la llegada de un rey de reyes a la tierra de Israel.
Por aquél entonces, un rey de Oriente que pasaba por aquellas lejanas tierras con su caravana, oyó la noticia de aquél maravilloso advenimiento y lleno de curiosidad acudió al palacio del rey Herodes, para que este, le informara del lugar donde se encontraba aquél poderoso niño.
Herodes se indignó mucho por la visita de aquél rey de Oriente, pues ya había oído anteriormente los rumores del nacimiento del Mesías prometido; sin embargo contuvo su reacción y trató muy amablemente al rey extranjero, y deshaciéndose en falsos halagos le hizo prometer que, si encontraba a aquél maravilloso niño se lo diría a él también, para que él mismo fuese a adorarlo como merecía aquél niño dios.
En realidad las verdaderas intenciones de Herodes eran matar a aquél niño; pues en su tierra no había rey más grande y poderoso que él, ya que Herodes era apodado “El grande”, por su actividad constructora sobre aquellas tierras; incluso había reconstruido el grandioso templo de Salomón dándole un nuevo esplendor y grandeza, ya que se hallaba destruido desde el asedio Babilónico a manos del rey Nabucodonosor.
El rey de Oriente consiguió encontrar al niño que se hallaba en un pesebre de Belén; pero no informó al rey Herodes alertado por las advertencias del pueblo, quienes conocían las verdaderas intenciones de su rey.
Cual maravillado quedó Baltasar de aquella visión; pues multitud de personas iban y venían con regalos y ofrendas para aquél misterioso niño; frutos, perfumes, corderos…
El rey llevó consigo oro, valioso incienso, y mirra: un caro aceite perfumado; y cuando llegó hasta el lugar del nacimiento los puso a los pies del niño llamado Jesús.
Baltasar escuchó la historia de la leyenda que envolvía el nacimiento de aquél niño y, maravillado por el comportamiento de aquella gente que se aproximaba hasta el pesebre desde todos los alrededores de Belén por donde se había divulgado la noticia del nacimiento del rey de reyes, decidió imitar aquél comportamiento y creó una tradición a partir de aquel día.
Cada año, en conmemoración al nacimiento de Jesús, él iría con su caravana real repartiendo regalos entre los niños.
El rey Sabio y culto
Pasaron los años y Baltasar envejeció; sus fuerzas comenzaron a mermar, y viendo próxima ya la hora de su muerte, como era un rey sabio y culto y había leído tantos y tantos libros, usó sus conocimientos en las artes mágicas y creó un conjuro poderosísimo.
Cuando él muriera, cada año, la noche en la que nació Jesús, su espíritu se repartiría entre todas las mamás y los papás del mundo, quienes invadidos por el espíritu de rey Baltasar se comportarían como él, y harían regalos y juguetes para repartirlos entre sus seres queridos, así todos los niños tendrían un regalo cada año en aquella mágica noche.
Para los niños que no tenían papás, el espíritu del rey Baltasar poseía a hombres y mujeres solidarios que transportarían regalos desde cualquier lugar del mundo, para hacer a los niños felices, aunque solo fuese aquella maravillosa noche.
El poderoso hechizo tubo efecto y cada año los adultos perdían la noción del tiempo, invadidos por el espíritu del noble rey Baltasar, y se comportaban como niños, cantaban y bailaban, y se disfrazaban para llevar la ilusión a cada hogar.
El nuevo Mundo
En mil cuatrocientos noventa y dos, el gobierno de España, en el que reinaban los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, descubrieron un nuevo mundo guiados por el aventurero Cristóbal Colón; aquella tierra posteriormente sería llamada “América”.
Aquél continente estaba poblado por nativos que, rápidamente fueron cristianizados por el poder de la corona española respaldada por la iglesia católica.
La leyenda del niño Jesús se propagó por todo el continente hasta alcanzar el lugar más frío y recóndito del nuevo mundo, el círculo polar ártico. Allí vivía un entrañable anciano que era muy querido por aquellas gentes.
Al conocer la leyenda del nacimiento del niño Jesús, el señor Claus, que era como se llamaba aquél anciano, quedó maravillado por la historia de los reyes magos; que en aquél entonces se habían multiplicado por tres para engrandecer la leyenda del nacimiento de Jesús: emulando el amanecer, el crepúsculo y la noche, las fuerzas de la naturaleza postradas ante la grandeza del rey de reyes.
El hechizo del rey Baltasar alcanzó el corazón de Claus, quien guiado por el espíritu del rey mago, se vistió con su ropa de festejos: su casaca roja, cogió su trineo tirado por varios Renos, y se dejó llevar por la magia de la navidad, llevando los regalos que el mismo fabricaba a todos los niños del país.
Con el tiempo el señor Claus fue conocido como Santa Claus y, representaba una gran inversión para la mayoría de comercios y un sin fin de productos de fama mundial.
Su leyenda fue creciendo favorablemente, y poco a poco pasó a formar parte de la tradición, conquistando un lugar muy privilegiado y significativo en las fiestas de navidad.
Aunque sus orígenes fuesen paganos creó una nueva tentativa que competía con la antigua tradición de los reyes magos, avalada y respaldada por la iglesia católica; sin embargo procedía del mismo espíritu, el poderoso hechizo del rey Baltasar, y sus verdaderos orígenes ya fuesen americanos o de Laponia, no eran relevantes, pues el poder del espíritu del rey mago y sus efectos eran incuestionables; además, si no puedes con tu enemigo, únete a él; por ello la iglesia católica había tratado de convertir a Santa Claus en San Nicolás, y así todo queda en casa.
La oferta y la demanda
Los tiempos han cambiado, y los regalos ya no los hacen personas como el entrañable Santa Claus, pero más allá de la oferta y la demanda, de un personaje u otro, aun así, el espíritu de Baltasar nos visita cada año, cada noche, y todos los adultos que siguen creyendo en la magia de la navidad vuelven a comportarse como niños para traer ilusión, alegría y esperanza, a las vidas de aquellos que verdaderamente luchan por cumplir sus sueños; los niños, el futuro de la navidad.
Basada en hechos reales
Esta historia es un hecho real; la magia sigue viva en nuestros corazones deseando salir fuera; soñando con expandirse hasta los confines de la tierra para sembrar ilusión, esperanza e imaginación, en aquellos que siguen soñando con un mundo mejor; que tienen la oportunidad de influir en el mundo con sus acciones, para cambiar el futuro, para ser felices.
«Gracias rey Baltasar por tu sabiduría y bondad, pues cada noche de navidad te abriré mi corazón para que puedas entrar, y así me impregnes con tu espíritu, el espíritu de la navidad».