País Relato - Autores

jose ángel conde blanco

el ensueño de schumann

Casi todas las civilizaciones habían vaticinado que el futuro irrumpiría con un incidente brusco que quebraría su historia. La cadencia armónica de picos y valles en el gráfico de ondas theta del electroencefalograma le confirmaba una vez más a Ryn cuánto de histeria y fatalismo había en la escatología. Más allá de la ventana panorámica del edificio de laboratorios los relámpagos azules nacían y morían con sus fractales líneas sobre el cielo de metal. Después de ese allegro climático vendría la nieve, subrayando las pausas eléctricas como llevaba haciendo desde hacía ya tantos imprevistos días. La tormenta de sus investigaciones había dado paso al arco iris del hallazgo: el cambio o los cambios se producían en todo momento. Era el presente y no el futuro la cadencia que operaba tan invisible y efectiva como un virus, silenciosa tan solo para la arrogante sordera de nuestra especie. El espectro ondulatorio de nuestro planeta tenía una existencia independiente de los aparatos e ingenios que habíamos desarrollado para intentar controlarlo. Ni siquiera estábamos ya en posesión de nuestros propios cuerpos. Ryn y su equipo habían tenido que desarrollar esos implantes nanorobóticos para poder alcanzar estas mínimas conclusiones con la tecnología disponible, porque la mutación que ya afectaba a la percepción estaba propiciando también el crecimiento de nuestras extremidades. La naturaleza incluso había decidido, con el ímpetu de su magnetismo, que el hilo musical seleccionara los acordes de la Träumerei de Schumann.
Y si el Apocalipsis era cierto, ¿por qué no podría significar una nueva oportunidad? La evolución, hermosa y espontánea como la música, e igual de inaprehensible. Ryn salió a soñar a la azotea, sobre el blanco paisaje, sintiendo una sinestesia que no era tal, sino la vibración del planeta asintiendo inconsciente. Los filamentos azules salieron de sus manos como si sus venas se quisieran escapar al firmamento, desde donde los dedos olímpicos de la ionosfera pulsaban el teclado de la corteza terrestre. Un piano anunciando que los niños podían volver a nacer y convertirse en gigantes de hielo.