País Relato - Autores

jacinto muñoz vivas

el turista

—Céfiro 4, en la confluencia de los agujeros SC-1, CGV-1, AC-12 y XC-36, el estrecho por donde pasan todas nuestras vías de comunicación hacía la parte interesante de la galaxia. El cuello de la botella, el punto débil en el conflicto que se avecina.
La IA me explicaba mi misión en el tono desganado y chulesco de todas las de su clase.
—Desde siempre los Cefirotas se han declarado neutrales y exceptuando una zona de alrededor de sus planetas principales, nos han dejado libertad de acción en el resto del sistema. A nosotros y a los malos, y claro, ellos no han dejado de acumular naves y fortalezas orbitales, una por cada una de las nuestras. Todo sin queja salvo un mensaje enviado a las dos partes donde, resumiendo, nos aconsejaban cambiar de actitud para evitar terminar mal, pero que total, a ellos les daba igual, que sólo nos avisaban por cortesía y buena vecindad.
Big Bang, el nombre que ella misma había adoptado, emitió una sonora carcajada.
—¿Terminar mal? Que sabrán esos cobardes de lucha, muerte y mundos arrasados sin mediar provocación. De sobrevivir en el universo hostil.
Bufó o algo parecido antes de recuperar su discurso y su tono de suficiencia.
—Te preguntarás por que nos preocupamos sin nos dejan campar a nuestras anchas, no lo hagas, las preguntas y las respuestas son cosa nuestra, aunque hasta tú podrías deducir que en una guerra total no hay neutrales, y menos aún si están a nuestra espalda y no sabemos de ellos más que lo que ellos mismos nos quieren contar. Igual también estás malgastando tu tiempo pensando en por qué no los hemos borrado del espacio, el primer motivo es evidente, nuestros estimados antagonistas no se habría quedado quietos, el segundo, que disponen de un escudo capaz de bloquear cualquier sensor y de resistir, según nuestras estimaciones, el ataque combinado de varios revientaestrellas. Eso es mucho resistir y la prueba de una tecnología avanzada y por tanto peligrosa. Son neutrales pero no idiotas.
Big Bang esperó a que mí limitado entendimiento captara la totalidad de las implicaciones de su charla.
—Información, esa es la clave, siempre, información completa y veraz.
No pretendía que respondiera y no lo hice.
—Como te he dicho, su escudo no deja pasar nada y sólo muestran lo que quieren que veamos, en sus comunicaciones siempre aparecen como humanos y la conclusión preliminar es que utilizan técnicas polimorfismo celular, su aspecto real puede ser cualquier cosa con toda probabilidad desagradable y deberás estar preparado para ello.
Asentí como se esperaba de mí.
—Hemos aprovechado cada uno de los visados de turismo que nos han concedido, hombres mejores que tú bajaron ahí, y ninguno de ellos ha regresado. No eras el primer candidato de nuestra lista, ni siquiera el penúltimo —añadió cáustica—, eres el que han aceptado. La verdad es que no confiamos mucho en tus posibilidades pero eres lo que hay y, si todo va bien, contarás con ayuda, te implantaremos una interface de última generación con la que esperamos romper el bloqueo, si funciona. Limítate a seguir nuestras instrucciones, si no, recuerda a quien debes lealtad, no olvides que sin nosotras los humanos no seríais nada.
Eso era algo que nos inculcaban desde la cuna, un hecho histórico, un principio que nunca, ninguno de nosotros, había traicionado.
* * *
La mujer estaba para mirarla dos veces, incluso tres o cuatro.
—El estímulo sexual es el más viejo de los trucos para corromper a los hombres. —la nueva interfaz había logrado burlar el bloqueo y Big Bang resonaba claro en mi cabeza—Recuerda que usan técnicas de polimorfismo y que eso tienes delante es más falso que la paz universal.
No pude evitar sonreír encandilado al tenderle mis credenciales.
—Bien —dijo Big Bang—, hazle creer que ha conseguido su objetivo.
—Bienvenido a Cefiro-4 —me regaló una sonrisa falsa pero tan perfecta como cada una de sus curvas.
Durante los trámites de acogida, Big Bang no dejó de aleccionarme.
—Busca detalles tecnológicos, sobre todo cualquier cosa que se asemeje a instalaciones militares, centrales de energía generadores de escudo o nodos susceptibles de ser atacados —se lo pensó mejor—. Déjalo, fíjate en todo, nosotras nos encargaremos de decidir si merece o no la pena.
—La lanzadera le trasladará a su hotel.
—Gracias —no me resultó nada fácil fijarme en otra cosa que sus ojos.
—¡Humanos! —comentó despectiva Big Bang.
* * *
En los anales consta que alguna vez, en la Tierra, hubo playas así y bosques y aves y hoteles y comidas y bebidas. Eran los tiempos de la abundancia, la corrupción de la raza y la dejadez, cuando los humanos dejaron el trabajo y las decisiones en manos de las primeras inteligencias artificiales. Fueron ellas las que nos despertaron y nos lanzaron a la conquista de la galaxia, garantizando con la expansión y la lucha nuestra supervivencia como especie.
Big Bang me lo recordaba continuamente, cuando tomaba un baño, cuando dormitaba en la hamaca, cuando disfrutaba de la cena, durante las copas y en la cama haciendo lo que se hace después.
—Pregúntale de donde es, en que trabaja, si tiene familia, hijos. Palpa la base de su cráneo, el cerebro es la zona más sensible en casos de metamorfosis completa.
—¡Por Dios! Así no hay forma de follar en condiciones —osé recriminarle una vez.
—No estás aquí para eso —respondió tajante—, llevamos una semana investigando, la guerra se acerca y no hemos conseguido nada que merezca la pena.
—¡Qué quieres que haga! Mi visado no me permite abandonar la zona del hotel.
—Habrá que tomar medidas drásticas.
Su propuesta fue descuartizar a uno de aquellos seres, como los llamaba él. Era necesario un examen molecular y genético completo para determinar su naturaleza.
—¿Qué crees que me harán si me pillan?
—No esperar a que lo hagan, hemos de abandonar estas instalaciones y ver lo que hay más allá de los muros electrónicos del hotel.
—¿Y cómo salgo del planeta?
—No es necesario que salgas, todo lo que ves y haces ya está siendo almacenado. Sacrificarte por el bien común es un honor con el que alguien como tú deberá darse por muy satisfecho.
Sí, un altísimo honor. Sacrificarme yo y una chica rubia, preciosa, con unos ojos azules y tiernos que decían cómeme, pero no troceada. Había quedado con ella para cenar y la esperaba junto al mar, la arena húmeda y el exquisito combinado de no sé qué, sugerido por el encantador camarero, no ayudaba mucho a tomar esa decisión.
—¿Disfruta de su estancia entre nosotros? —Era la misma mujer de la aduana, luciendo lo que en cualquier otro cuerpo hubiese sido un austero traje de baño.
No recuerdo lo que respondí.
—¿Me invita a una copa?
—No olvides que el uso de estímulos sexuales es...
—¡Cállate! —dije en voz alta.
—¿Cómo ha dicho?
—Perdón no me refería a...
Ella sonrió.
—Puedo ayudarle a desprenderse de esa interfaz con un simple gesto —alzó una mano juntando el índice y el pulgar.
—Niégalo todo, despídete con cualquier ex...
Creo que asentí, ella chasqueó los dedos.
—¡Sal corr...¡ —La voz de Big Bang se convirtió en un susurro después en nada.
—¿Lo sabía desde el principio por qué...?
—Nos gusta jugar —me guiñó el ojo—, si me invita a esa copa le cuento una historia y usted decide.
Le invité a las que quiso. La historia fue breve, los Cefirotas eran descendientes de humanos llegados desde la Tierra en naves generacionales, lanzadas al espacio mucho antes de la llegada al poder de las IA. Expediciones que nunca regresaron y pasaron poco a poco a poco al olvido.
Una hora después mis lealtades estaban con los míos y había anulado la cita con la rubia.
—Las inteligencias artificiales soy muy listas —le confesé esa noche a mi nueva amiga—, muchísimo más que cualquiera de nosotros, pero en mi opinión, nunca aprenderán a disfrutar de la vida.