BUENO, hay quien se enorgullece de que su fecha de nacimiento coincida con la de algún gran escritor o artista, o con algún acontecimiento histórico importante. Y mira, yo siempre había revindicado que nací el mismo año que los Beatles publicaron Revolver, en 1966. No es que crea en horóscopos ni nada de eso, pero siempre me pareció que nacer a la vez que Revolver significaba algo, que iba a ser una especie de talismán que me protegería para siempre. Toda la vida.
No, no, eso está fuera de toda discusión: Revolver es uno de los mejores álbumes de la historia, si no el mejor. Revisa cualquiera de esas listas que publican por ahí. ¡La de veces que habrán copiado el riff de «Taxman»! No hay una canción mala en todo el disco; bueno, igual «Yellow Submarine», pero yo creo que es por sobreexposición, no sé si me entiendes, la hemos oído demasiadas veces, en demasiados sitios y, sobre todo, pésimamente interpretada. Pero ni siquiera «Yellow Submarine», que también tiene su gracia, con Ringo cantando y todos los ruiditos que le metieron detrás. Hasta las menos conocidas, las que no suelen salir en las antologías de los Beatles, son buenas: «Doctor Robert» y «And Your Bird Can Sing», sin ir más lejos. Es uno de los primeros discos pop que son eso, un disco y no una mera recopilación de singles; ya, ya sé que eso a ti no te dice nada, eres de otra generación, pero yo sigo pensando que un disco es algo más que un conjunto de canciones. Revolver no es algo que se pueda escuchar en un aparato de MP3, mezclado con otras trescientas canciones: hay que degustarlo solo, en su conjunto. Pienso yo.
Por eso no acababa de creérmelo cuando las cosas me empezaron a ir mal. No, no voy a entrar en detalles; es mejor. Pero no había duda de que todo marchaba cada vez peor, es algo de lo que te das cuenta enseguida cuando estás metido; no sé cómo explicártelo. Así que ponía una y otra vez la copia de Revolver que me había llevado conmigo, en busca de una respuesta, o quizá como si de aquella manera pudiera obrar una especie de exorcismo, ya sabes. Pero nada funcionó. Y empecé a obsesionarme con el tema. Los otros, claro está, pensaron que me había vuelto loco y me pedían que dejara de poner aquel disco, que bajara el volumen al menos. La canción que menos aguantaban era «Tomorrow Never Knows», a Aitor sobre todo le sacaba de quicio. Pero yo estaba en mi habitación, y allí podía hacer lo que me diera la gana, así que no les hice ni caso.
Entonces comencé con mi pequeña investigación; a los demás no les dije nada, por supuesto. El caso es que la fecha exacta de mi cumpleaños es el dieciocho de febrero; quiero decir que yo nací el dieciocho de febrero de 1966. Enseguida me enteré de que no coincidía en absoluto con la de la publicación de Revolver, porque los Beatles lo presentaron en verano, pero aún tenía esperanzas: sólo con que una de las canciones se hubiera grabado aquel dieciocho de febrero me habría bastado. Aunque hubiera sido una única pista de una canción, yo qué sé, la de la sección de cuerdas de «Eleanor Rigby». Navegué en internet, me acerqué hasta la biblioteca central: es increíble la cantidad de cosas que hay escritas sobre los Beatles; se puede seguir la vida de cada uno de ellos durante los años sesenta casi día por día. Pero fue inútil: entre enero y marzo de 1966 John, Paul, George y Ringo se tomaron las primeras vacaciones de su carrera musical hasta la fecha, y no se volvieron a encontrar hasta abril, precisamente para empezar a grabar Revolver.
De manera que el dieciocho de febrero no pasó nada que tuviera que ver con aquel LP. ¿Se le ocurriría aquel día a McCartney la melodía de «Here, There and Everywhere», por ejemplo? Era imposible saberlo y, en todo caso, hasta a mí mismo me parecía que era hilar demasiado fino. Pero, entonces, ¿qué acontecimiento significativo pudo haber sucedido en el mundo del pop el dieciocho de febrero de 1966? Ésa fue mi preocupación durante mucho tiempo, y ésta la respuesta que encontré después de no pocas pesquisas: aquel día los Beach Boys habían empezado a grabar «Good Vibrations», su último gran clásico. Y entonces comprendí por qué tenía la impresión de que todo iba mal, y por qué iba a acabar peor.
Ésa la conoces, ¿verdad? Seguro. Sí señor, ésa es. Una gran canción, no puede decirse que no. A mí también me gustan los Beach Boys, por lo menos los de aquella época: eran los únicos que podían hacer frente a los Beatles en los Estados Unidos. Pero el significado de «Good Vibrations»» es radicalmente distinto al de Revolver. Fíjate, para los Beatles fue una de sus cumbres, pero en modo alguno la última: luego vino el single «Strawberry Fields Forever», el Sgt. Pepper’s, «All You Need Is Love», el álbum blanco… Podríamos hablar todo lo que quisiéramos sobre esos discos, y puede que no llegáramos jamás a estar de acuerdo, pero no se puede negar que los Beatles siguieron en la brecha hasta el final. Incluso en Let It Be, que para mí es más flojito, hay canciones que merecen la pena. Pero con los Beach Boys no hay discusión posible: «Good Vibrations» marca el principio del fin, aunque fuera su sencillo más vendido.
Fíjate: mientras que los Beatles emplearon cuatro meses en completar Revolver entero, los Beach Boys tardaron siete meses en dar por finalizada «Good Vibrations», una única canción, aunque la mayoría la grabaron en la sesión aquel dieciocho de febrero de 1966; de hecho, publicaron el single en octubre, bastante después de que saliera Revolver. ¿Cómo…? Porque lo leí en las notas de una de las últimas reediciones del disco. Si, claro, antes de que me metieran aquí; no la voy a tener conmigo… Ya sabes que sólo nos dejan guardar diez CD, y nunca habría pedido que me mandasen uno original; siempre copias, ya sabes que nos las acaban quitando. ¿Es que tú no tienes CD…? Ya, sí, reconozco que para eso sí que está bien el MP3, no digo yo que no.
Bueno, el caso es que los Beach Boys tardaron siete meses en terminar «Good Vibrations», pero en realidad tendría que haber dicho que el culpable fue Brian Wilson. Brian era el líder del grupo en aquellos momentos, el compositor de la mayoría de las canciones de los Beach Boys, o por lo menos de las mejores. Un genio, decían. Estaba decidido a crear canciones progresivamente más complejas; minisinfonías, como él solía llamarlas. Y para eso cada vez recurría menos a sus compañeros del grupo que, a fin de cuentas, tampoco es que fueran unos músicos sobresalientes: en ocasiones los Beach Boys sólo se limitaban a grabar sus armonías vocales sobre un colchón ejecutado por un tropel de músicos mercenarios dirigidos por Brian. «Good Vibrations» fue una de esas minisinfonías, sin duda la mejor, pese a que para finalizarla tal y como Brian Wilson la oía en su cabeza se necesitaron decenas de sesiones de grabación. Y la primera de esas sesiones, la más importante, tuvo lugar el mismo día que nací yo.
¿Es que no comprendes lo que quiere decir eso? «Good Vibrations» iba a formar parte de Smile, el álbum de los Beach Boys que iba a superar definitivamente a los Beatles y al mismísimo Revolver. Pero el ansia perfeccionista de Brian Wilson fue tan grande que las sesiones de grabación de Smile se fueron prolongando y prolongando, engordando cada vez más la cuenta de gastos de la compañía. Se anunció su publicación para enero de 1967, luego para la primavera de ese mismo año; se llegaron a fabricar las fundas del disco, con su portada y todo, antes de que se prensara el disco e incluso se hicieran las mezclas definitivas… que nunca llegaron. Brian no logró terminar el disco: agotado por la presión y el consumo de drogas, al final se vio obligado a abandonar el proyecto, y Smile se convirtió en el disco fantasma más famoso de la historia. En su lugar los Beach Boys publicaron al final del verano un LP gris confeccionado a partir de los retales de Smile. Pero para entonces hacía tiempo que estaba en la calle el Sgt. Pepper’s, y los Beach Boys ya habían perdido el tren de la historia. Dejaron de ser un grupo renovador, y se fueron convirtiendo en lo que fueron y siguen siendo, un combo para la eterna nostalgia de la California surfera.
¿Comprendes ahora por qué no podía ser de buen agüero que yo naciera el mismo día que los Beach Boys empezaron a grabar «Good Vibrations»? Eso fue lo que les dije a mis compañeros, esto mismo que te estoy contando. Pero no quisieron escucharme, no permitieron que me marchara del piso. Yo les avisé, les dije que les iba a traer mala suerte, les rogué que me dejaran irme: me contestaron que estaba poniendo en peligro la seguridad de todos y al final, ¿sabes qué?, me encerraron con llave en una habitación interior. Hasta que entrara en razón, me dijeron.
Allí me encontró la policía cuando asaltaron el piso. No recuerdo si fue tres días o una semana después mi confinamiento, porque para entonces ya había perdido por completo la noción del tiempo. Luego, cuando nos volvimos a ver en la pecera, durante el juicio, me dijeron que todo había sido por mi culpa: ¿por qué te crees que pasan de mí los del colectivo, aquí en el maco? Piensan que la policía me detectó en alguna de mis salidas a la biblioteca o al ciberlocutorio de enfrente de la casa, pero yo estoy seguro de que no es así; seguí al pie de la letra todas las normas de seguridad, te lo juro. Sí, estaba escrito desde el día en que supe que la fecha de mi nacimiento no tenía nada que ver con el Revolver de los Beatles, sino con el fin de los Beach Boys. Si me hubieran hecho caso y me hubieran permitido marcharme a tiempo nada de aquello habría ocurrido, y el comando nunca habría caído, o por lo menos no entonces.
¿De verdad no quieres venirte a mi chabolo a oír el Revolver? El aparato no es muy bueno y la copia, bueno, la copia es la que es: a ver si sacan los de EMI de una vez una edición digital del disco como es debido. En cuanto la pongan a la venta le pediré a mi madre que la compre y me envíe una copia. Los Beatles son lo más, en serio te lo digo.