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Libros de guillem estaban durán

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guillem estaban durán

el polizonte

Su gran problema, siempre fue el temor a no llegar a ser nunca amado. Un agujero negro le carcomía desde mucho antes que ni tan siquiera aprendiera a diferenciar ese sentimiento al que no era capaz de ponerle nombre. Puede que incluso media vida más tarde, tampoco fuera capaz de hacerlo.
Su vida no había sido para nada sencilla, pero lejos de caer en la autocompasión y el victimismo, prefería obviar a sus más allegados los verdaderos sentimientos que le inundaban día tras día. Uno de ellos, la soledad, había sido compañera de viaje sin que nadie le hubiera preguntado antes su opinión al respecto. Al principio, tenía sus ventajas. Sin compromisos, sin grandes sacrificios. Pero era demasiado joven y demasiado ingenuo como para adivinar que ese polizonte, le iba a acompañar el resto de su vida. A veces, hasta trató de bajarse de ese tren en marcha, para librarse definitivamente de ese extraño pasajero que se había apegado a él de forma peligrosa. Quería ver más mundo y conocer todo tipo de gente que nunca antes tuvo oportunidad o el coraje de hacerlo. Pero bajar de aquella maquinaria en marcha deliberadamente, no fue quizás el camino más correcto ni tampoco, el más rápido. Multitud de personas desfilaron ante él cual si de un carrete de película se tratara. Pero el carrete siempre terminaba fundiéndose a negro en un mar de lágrimas. Decepción tras decepción, asistía impertérrito a un espectáculo dantesco en el que una y otra vez, se repetía la misma trágica historia. El mismo patrón que describía un círculo perfecto, se solía mostrar ante él con diferentes rasgos y diferentes nombres. Pero su propósito no era sino otro que hundirlo cada vez más. Como si conocieran alguna debilidad suya que ni él conocía de sí mismo. Quizás, era el temor a esa soledad que le acompañaba en cada uno de sus pasos, ahora disfrazada de sombra, el que percibían. Y el que explotaban inmisericordemente, hasta su extenuación.
No obstante, eso no impidió que continuara intentándolo hasta el límite de sus posibilidades. Tanto intentó encajar en aquel mundo imperfecto, que pronto olvidó que aquella sombra que le perseguía, cada vez se hacía más y más grande hasta el punto de engullir todo su universo. Al principio, no le dio excesiva importancia y solo lo achacó a un azar que nunca le había proporcionado ninguna buena mano. Como si la partida estuviera amañada desde mucho antes que las cartas se repartieran sobre la mesa. Sabía que la suerte no le había sonreído jamás, aunque eso no impidió que siguiera intentando ganar a la banca. Pero aquella amenaza que se erigía en forma de penumbra y tomaba prestados sus contornos a plena luz del día y de la noche, era cada vez más real a medida que el odio y la desazón, se apoderaban poco a poco de todo su ser, aunque, nunca llegara a doblegarle enteramente. Sospechaba que una batalla interna se libraba en los confines de su ser, y creyó que la ganaría si conseguía acallar a su adversario hasta el extremo de autoconvencerse de que, en realidad, nunca existió.
Pasaron los años, y algo había cambiado. Parecía que aquel abismo insondable de tinieblas había llegado a desvanecerse prácticamente por completo. Por fin el azar no interfería en el algoritmo de su vida y, hasta podía permitirse el lujo de esbozar una sonrisa sincera que proviniera directamente de su alma. Sin embargo, aquella permanente sensación de paz y desahogo, se tornó en agridulce cuando de repente y sin previo aviso, los patrones que antaño una vez reconoció, regresaban manifestándose en otras personas. Solapando un pasado y un presente que habían permutado su existencia cohabitando al mismo tiempo, y sellando para los congéneres, su inminente futuro.
La situación lejos de mejorar, se convirtió en una antigua canción de infancia que creía haber olvidado, aunque esta jamás, le hubiese olvidado por completo a él. La música que se reproducía en su cabeza, era la que había albergado en su interior prácticamente desde que hacía uso de razón y sin razón alguna también, allá seguía susurrando letras que jamás debieron ser escritas ni concebidas. Entonces se preguntó si era posible, que alguna vez soñara con aquella forma que llevaba cosida a sus zapatos y, que recreaba a la perfección todos sus movimientos desde mucho antes de lo que en verdad creía. Recordó que una vez hacía ya mucho tiempo, soñó con que un personaje de sus escritos, su propio hombre del saco más concretamente, acaba dando con su paradero inevitablemente y terminaba arrebatándole su vida de forma cruel y salvaje tal y como en la ficción, solía describir a esta sombra que casualmente también tenía el extraño don de imitar a sus semejantes de forma antinatural. ¿Y si en realidad, el verdadero yo, murió entre las sábanas en un grito ahogado que nadie pudo oír, y quien despertó en su lugar, fuera aquel usurpador que durante tanto tiempo le había estado robando su vida, cual una vela que se apaga lentamente hasta quedar extinta?
Aquella pregunta le aterrorizó en sobremanera y le hizo perder por momentos la cordura. Cuanto más pensaba en ello, más dolor le afligía en su maltrecha alma. Si era cierto, uno de sus escritos no solo estaba maldito, sino que, además, había extirpado su llama hasta apoderarse enteramente de ella. Por fin tenía una explicación a todas las desgracias que le habían acontecido. Aunque dicho razonamiento, no era el más adecuado para alguien que utilizaba la lógica en su día a día a pesar de que nunca cerró la puerta a lo inexplicable. Creía en fantasmas y también en cosas que la ciencia era incapaz de explicar, a pesar de que no tuviera pruebas de que existieran. Pero aquello, era algo radicalmente distinto incluso para alguien acostumbrado a crear historias de terror que, tampoco tenían base científica más que la prueba irrefutable de que su mente, no podía parar de hilvanar argumentos que pasasen a formar parte de su particular “estudio del mal”. Y en aquel bizarro estudio, un personaje de su extraña galería, había asomado por una ventana y de alguna manera inverosímil que le sobrecogía el solo pensarlo, había conseguido abrir una de sus puertas imaginarias de la ficción, a la realidad. También recordó que, en dos ocasiones durante un breve periodo de tiempo, dos personas que no se conocían de nada y que coincidieron con él en un contexto de negocios, aseguraron haberle visto aquel mismo día en otro lugar no muy lejano a donde se encontraba, vestido de la misma forma, de pies a cabeza y con idénticos rasgos a los suyos. El único problema es que él jamás había estado en dicha ubicación aquel día en particular. Aunque la zona donde le habían supuestamente avistado, era un lugar que le era perfectamente reconocible. Su antiguo hogar.
Todo en su mente empezó a cobrar un inapropiado e insólito sentido que por inverosímil que pareciera, era lo más cercano que había estado jamás de tocar la verdad casi con sus propias manos. Fue entonces, cuando encendió la luz del cuarto de baño, y al fin se puso a la par con el reflejo que se proyectaba delante de él. Había imaginado que estaría esperándole sonriente y altivo. Orgulloso de que hubiese descubierto el secreto más oscuro que había albergado dentro de sí, alimentándose de toda su mala suerte para construir una vida paralela que no le pertenecía. Pero no fue eso lo que encontró. Lo que halló, fue su propio reflejo imitando cada una de sus muecas y sus contornos. Sin fisura alguna. Ni una señal que le hiciera indicar que algo malvado había crecido allí desde más allá de tiempos inmemoriales. Pero tampoco le sorprendió lo que vio de sí mismo. Se reconoció inmediatamente, para bien o para mal. Nada iba a atravesar del espejo y llevárselo a otra dimensión. Aquello solo podría pasar en una de sus obras o en alguna película, como contrapunto decisivo al clímax final de haberse desvelado la auténtica identidad del protagonista. Pero de repente, algo inesperado cambió el guion de su existencia. Le preguntó a su doble de tú a tú, como era su vida allá. Si todo era igual que en su realidad, pero de forma invertida. Si había hecho daño a más gente que se cruzara en su camino aparte de su réplica original o, por el contrario, solo necesitaba infligirle dolor a la única persona con la que compartía al cien por cien todos sus genes. Todas aquellas preguntas quedaron sin contestación, obviamente. Porque aquella maquiavélica función de teatro, jamás iba a terminar hasta que, a alguno de los dos, sus latidos, dejaran de sonar en perfecta armonía y la partitura quedara al fin, huérfana de compositor. De este modo se liberarían ambos. Pero el ser de carne y hueso que había padecido aquella sombra hasta los confines de la locura, no quería ponerle las cosas tan fáciles a su otra mitad. Aguantó la mirada firme y prolongadamente a esa lámina de cristal que se dibujaba enfrente suyo. Primero fueron minutos; luego, horas. Más tarde, días. Quizás, semanas. Pasaron años y ninguno de los dos había podido apartar la mirada el uno del otro. Sabía que estaba interpretando el papel de su vida y que lo llevaría hasta el final. Pero también sabía que tarde o temprano, algún gesto o mueca fuera de lugar, lo delataría. Y cuando llegara aquel momento, agarraría a aquel usurpador y ambos dejarían de vivir el uno para el otro.