¡Maldita gente adulta!
Y mis padres dentro de ese grupo llamado "adultos", gracias a esos dos personajes que me han dado la vida, dos personas que amo incondicionalmente y que me aman de la misma manera, hoy es un nuevo comienzo para mí al menos. Para ellos, creo que también, no sé cuanto les durará ésta vez, pero la que liga los rebotes soy yo. Siempre.
Me llamo Giselle, gracias a un Ballet del mismo nombre según me contaron mis progenitores, ellos adoran ese nombre, así como todo el resto de la familia. En mi opinión, es nombre de prostituta. Nada que hacer. No lo cambiaré. Tendré que lidiar con ese nombre por respeto a ellos, o al menos hasta que cambie de parecer; de todas maneras todavía no he cumplido mi mayoría de edad.
Por suerte mis amigas me llaman Gis, o Gise. Me gusta más.
Primer día del resto de mi vida…
Me desperté antes de que sonara el maldito despertador en forma que Kitty que me regalaron mis abuelos para éste nuevo comienzo, pareciera que ellos no se enteraron que no tengo más cinco años, ya estoy pronta a cumplir dieciocho y odio a Kitty, ni siquiera la odio por el mito de que fue creada por una bruja, ni todo lo que se dice de la creación de esa gatita sin boca, la detesto porque en éste preciso momento está sonando y estoy a punto de revolearla contra la pared, pero por respeto, otra vez esa estúpida palabra, por respeto a mis abuelos, que tanto quiero no lo haré, tal vez le pueda sacar las pilas y dejarla de adorno para que la vean cuando me vienen a visitar. Lo haré luego.
Me levanto despacio, estiro todo mi cuerpo, miro hacia la ventana que está a mi derecha y ya entra un rayo de sol, me paro frente al rayito de sol para que me atraviese, es como si necesitara de ese pequeño toque de energía para poder afrontar este nuevo día que comienza; una amiga me dijo así como al pasar: "es parte de la aventura de vivir", me cuestiono la definición de la palabra aventura.
Camino unos pasos y vuelvo a estirar mis brazos hacia arriba, bostezo sin guardar el sonido, lo primero que hago es mirar mi móvil para ver que mensajes nuevos tengo, y si no hay mensajes, enviar uno a mis amigas Vero y Ale, las tengo en un grupo de Whatsapp, así es más fácil ponernos al día ya que no las voy a ver hasta el fin de semana que pienso escaparme a la casa de alguna de ellas para la dosis de abrazos y mates necesarios para poder sobrellevar todo este lío que tengo, si es que sobrevivo a mi primer semana en la nueva secundaria, claro.
No hay mensajes, decido enviar uno:
*Hola perritas lindas ¿cómo están? ¿Duermen? ¿Qué me pongo para el primer día de clases en donde voy a ser "la chica nueva"?
Mientras espero la contestación de alguna de ellas, abro mi ropero y miro hacia arriba y hacia abajo, hay varias opciones, vestidos, jeans, blusas, remeritas, camisolas, más abajo están los zapatos, todavía desordenados, teniendo en cuenta que la mudanza fue solo hace dos días.
Entran dos mensajes:
*Vero: remera y jean nena ¡así matas!
*Ale: ¡de acuerdo con Vero!
Mi contestación es:
*¡No quiero matar! ¡Quiero ponerme la capa de invisibilidad de Harry Potter! ¡Pero no la encontré!
Vero y Ale insisten:
*Remera y jean, y mostrá esas tetas hermosas que tenés.
*Vero: Contanos si ves algo potable.
*Ale: Portate mal, y envía fotos, ¡mucha merde!
*Yo: ok, gracias chicas, ¡las quiero! Remera y jeans son los ganadores. Bye!
Y así es como me visto, jeans desgastados, tengo que pensar por un rato el color de remera para usar porque a pesar de que me encantan las blancas, esas marcan más mis tetas, y todavía no me he amigado con ellas, y menos para el primer día de clases en un lugar completamente desconocido para mí, por lo tanto me decido por una remera azul oscuro escote en V, no muy ajustada, aunque para ser honesta no disimula una mierda mis tetas. ¡Gracias abuela! La mejor herencia, ya sabré como utilizarlas de forma efectiva.
El calzado es lo más fácil, ya que estoy vestida informalmente me pongo unas botitas de tela con detalles de "animal print" gris y negro en las puntas. Me encantan.
Mi cabello, otro tema para charlar en terapia, mucho, enrulado y con vida propia. Si me hago un rodete, no se disimularía mi gran trasero en forma de manzana. Si me lo dejo suelto corro el riesgo de parecer un león.
Me miro en el espejo, hago morisquetas, me lo acomodo para un lado, para el otro, pruebo un peinado, pruebo otro, ¡maldito pelo descontrolado de mierda, qué hacer contigo! Sigo haciendo morisquetas, pienso en ponerme un sombrero, que ridiculez, la chica nueva y con sombrero, no es una buena opción, la descarto totalmente.
Entonces decido hacerle dos trencitas finas una de cada lado y unirlas detrás de mi cabeza, así estoy prolija, sin pelos en la cara y más o menos presentable.
Bajo a desayunar, y veo a mi querida y desordenada madre, intentando tener todo organizado en la mesa para que su única hijita, o sea, yo, pueda tener una dieta balanceada.
—¡Buen día hija! ¿Cómo te preparas para éste gran nuevo comienzo? —pregunta mi mamá mientras se toma un mate.
A mi hermosa madre los mates le gustan con limón, pero no con una cascarita de limón en el mate, le pone jugo de limón al agua caliente dentro del termo, y medio litro de endulzante dietético, según ella, la peluquera le dijo que era muy sano y que eliminaba no sé que del organismo. Si eliminara grasa al menos, los tomaría con más cariño, pero como son de mi madre, no le puedo decir que no los quiero, en cierta manera, ya me he acostumbrado al ácido del limón y al sabor metálico del endulzante. Horrible.
—Hola mamá, ¿te digo la verdad o te miento? —le contesto mientras mastico una tostada.
—Siempre la verdad Giselle… —me contesta en tono serio.
—La verdad es que me siento terriblemente ansiosa, enojada y desconcertada, no es justo que yo tenga que cambiar de escuela en el último año de secundaria.
—Estás preciosa, sabés que donde vas brillás, y no vas a tener problemas hija, confía en vos misma.
—Ok mamá, como vos digas, sabés que lo que me digas en éste momento, no me va a entrar por ningún lado —respondo haciendo un revoleo de ojos.
—Bueno hijita, sé que va a estar todo más que bien. Tomate unos mates y te llevo.
Me bajo del auto y camino abrazada a mi cuerpo, cuando soy consciente de ese mecanismo de defensa, me descruzo los brazos y enderezo mi figura. Sigo caminando hacia la entrada del Instituto, tengo varios escalones que subir, y tengo que esquivar estudiantes, si se les puede llamar estudiantes a ese grupo de gente rara con pelos pintados de diferentes colores y ropas que pareciera que estuvieran listos para una fiesta de disfraces. Más que raros son ridículos.
Entro al aula de clases que me toca durante toda la mañana y estoy sola, parece que la puntualidad en éste lugar no es un común denominador, como tengo asientos para elegir elijo el primero de la izquierda, al lado de la ventana, con vista al patio-parque-playón de gimnasia. A través del vidrio se ve lo grande que es éste lugar, árboles de todo tipo y hasta diría yo que se ven algunas flores, tal vez estoy alucinando, o son las ganas que tengo de evadir mi realidad de ser "la nueva".
A los pocos minutos de estar sentada sola allí, entra un grupo de chicas, vestidas, o desvestidas, no sé como describirlo, usan minifaldas que miden treinta centímetros, tacos altos y tops. Y yo que no me animaba a mostrar mi escote. ¡Qué tonta!
Todas me miran pero siguen charlando, o sea, me ignoran, se sientan al fondo, yo sigo mirando por la ventana. Luego entra un grupo de varones, estos sí que dan miedo, tienen jeans desgastados pero anchos y los usan a la mitad del culo, o sea se les ve mitad de la ropa interior que llevan puestos, ¿será que quieren demostrar que realmente llevan algo debajo? Solo espero que se los cambien seguido y no tener que ver ninguna mancha de nada ¡puaj! ¡¡Qué asco!! Algunos tienen gorros de baseball de diferentes colores. Son como una imitación barata de raperos, debe ser la moda en éste lugar.
Ellos sí me miran y se sientan cerca de mí. Aunque siguen con su charla siento sus ojos puestos en mí. Pero no me voy a acobardar, sigo con la cabeza en alto mirando el más allá.
Siento que alguien se me acerca y me saluda cortésmente.
—Hola chica nueva, soy Carly ¿Cómo te llamas? —me toma la mano y me deposita un beso. Que cursilería barata por dios y que horror, es una mujer vestida de, no sabría como describirla, ¿de hombre tal vez?
—Hola. Soy Giselle. Lo del beso en la mano estuvo de más.
—Almorcemos juntos y te presento a mis amigos… —llega a decirme intentando imitar una voz masculina, justo en el momento en que entra el profesor, no le contesto porque la verdad, no tengo ganas.
Ese beso me dio muchísimo asco, estoy a punto de salir corriendo a lavarme las manos ¡puaj! Pero recuerdo que tengo alcohol en gel en el bolso y lo utilizo disimuladamente.
El profesor, un bombón de aquellos que te dejan con la sensación de querer más. Joven, debe tener menos de treinta años, con lo que me gustan los maduritos, tiene una sonrisa hermosa y está vestido muy prolijamente, me mira y se acerca, con la lista de alumnos en la mano, me dice:
—Vos debes ser Giselle Andrade. Bienvenida.
Lo miro, le sonrío y asiento con la cabeza, de repente se me paraliza el sentido del habla, ese perfume que está usando me deja hipnotizada al punto de sonrojarme.
Soy consciente de mi estupidez y contesto, no sin antes aclararme la garganta.
—Gracias Profesor…
—Llamame Marcos, acá no somos muy formales que digamos. —Me dice sonriendo, maldita hermosa y perfecta sonrisa que acaba de estupidizarme más todavía.
—OK, Marcos —le contesto y le sonrío como una nena idiota mirando un chupetín, por suerte todavía me queda un hilo de cordura y logro controlar mis manos para no acariciarme un rulo, eso que hago siempre que estoy nerviosa.
No creo que sea nerviosismo, me siento totalmente atraída hacia él, y me encantaría creer que ese brillo en sus ojos al mirarme no es para todas sus alumnas igual. Sin embargo, si soy sincera, yo parezco una monja como estoy vestida al lado de las vedettes que tengo sentadas en el fondo del salón.
La materia es inglés y como estudié de pequeña, entiendo perfectamente de lo que habla y hago las actividades en menos de dos minutos así tengo más tiempo de observarlo, creo que los lunes van a tener al profe de inglés como punto a favor.
Cuando se retira, me dice que pase por sala de preceptores y así llenar un par de formularios para un examen internacional por si estoy interesada en rendirlo.
Al entrar a la Preceptoria, veo que él está solo y se está llevando un mate a la boca, esa boca hermosamente formada. ¿Dios mío qué me está pasando?
Me sonríe y me invita con uno, al cual por supuesto no puedo negarme, si quiero chupar de la misma bombilla que él acaba de meterse en la boca…
—Entonces, Giselle Andrade, precioso nombre han elegido tus padres. ¿Deseas inscribirte y rendir? Tal vez puedas obtener algún punto extra para tu futuro currículo vitae, dependiendo de que estés decidida a seguir estudiando —me dice en un tono serio mientras toma el mate de mi mano cuando se lo devuelvo.
El mate es horrible, debe ser como todo mate de escuela, está lavado, tiene muchísima azúcar y el agua está hervida. Un horror, pero lo chupó él antes, eso le da un saborcito extra.
Aunque una alarma de atención suena dentro de mí, algo me dice que éste tipejo no es de fiar, leeré bien el formulario que llenaré, o directamente le diré que vendrá alguno de mis padres a llenarlo o a firmarlo por mí, ya que soy menor de edad, no puedo tomar ese tipo de decisiones sin consentimiento de mis progenitores, eso lo aprendí el día que me fui a agujerear el ombligo para ponerme un piercing. Fui toda contenta y decidida a hacérmelo, así como entré, salí del lugar, me echaron a patadas, bueno no tan así pero mi ser lo sintió de esa manera, me pidieron que volviera con uno de mis padres, para firmar un consentimiento.
Esto debe ser igual. Eso creo.
Estoy leyendo los formularios y a punto de comentarle al profesor que volveré con mis padres para resolver esta invitación cuando veo entrar a un ángel malvado, ese típico nene malo que hace que me derrita, esos tan bien descriptos por las autoras de novelas que leo y de esos que cualquier adolescente como yo se enamora para toda la vida y sufre, pero no le importa, bueno así me siento en ese preciso momento.
—¿Qué necesita Sr. Lozano? —le pregunta el profesor, cambiando totalmente el tono de voz.
¿No era que nos tuteábamos? Raaaro, anotaré eso para luego consultarlo con alguien, si es que encuentro alguien en ésta escuela en quien confiar, al menos como para preguntarle qué tipo de persona es Marcos, el profe.
—No sé man, me echaron del salón, me dijeron que no volviera por un buen rato… —le habla así al profesor pero no lo mira a él, me mira a mí, y yo cada vez me siento más observada, que hermosa criatura que ha sido puesta en mi camino, tiene cabello castaño oscuro, descuidado, desprolijo, barbita de unos días, ojitos verdes y una sonrisa con una separación en los dientes frontales que lo hacen más lindo de lo que es. Es alto y estoy a punto de babear cuando escucho al profesor.
—Sr. Lozano, a mí no me diga "man", yo no soy su amigo, soy su profesor. Y si lo echaron, algo debe haber hecho. Ya lo averiguaré. Me esperan acá que ya vuelvo… —cuando está a punto de retirarse, Marcos, el profe, se gira en dirección al joven de cabello revuelto y le dice —ojo como te comportas con la señorita, es nueva y no queremos dar mala impresión.
Comentario que me sorprende muchísimo, ya que la mala impresión me la llevé en el momento en que entré al instituto.
—¿Y vos que hiciste nena linda? No sos de por acá, tenés otro look. ¿De qué cristal te escapaste chiquita?
—Para tu información tengo nombre, no soy ninguna chiquita, y no me escapé de ningún cristal.
—¿Y tu nombre cuál es chiquita linda? Yo soy Hernán Lozano. Pero todos me dicen "el facha" —enfatiza "el facha" mientras se acaricia la barbilla haciendo un gesto de machito ganador de mujercitas. Éste bomboncito no tiene idea con quien se está metiendo.
—Mi nombre es Giselle. Un gusto Hernán.
—El gusto es mío princesita. Ésta noche hay joda en lo de un amigo, si querés… —es interrumpido por el profesor que entra apurado al lugar donde nos había dejado.
—Sr. Lozano. Vuelva al salón de clases por favor, ya hablé con su profesora, mañana tendrán que venir sus tutores.
Éste se va y me guiña el ojo antes de marcharse.
El profesor se me acerca y quedando a poca distancia me pregunta:
—¿Se comportó correctamente con usted el Sr. Lozano?
—Sí, claro.
—Perfecto, generalmente no deja en paz a las alumnas nuevas, y a usted no la va a dejar tranquila por la belleza que dios le ha dado.
Este profesional ya no me cae en gracia, así que me alejo un paso.
—Si no necesita nada más de mí, mañana vendrá mi madre a charlar con usted y a firmar lo que haga falta para poder rendir esos exámenes. Muchas gracias profesor.
—De nada preciosa, sabés que podés contar conmigo para lo que sea. Para lo que sea…. —vuelve a repetir mirándome con cara libidinosa.
Descartado totalmente el profesor baboso.
La segunda y por suerte última clase del día es con una profesora de geografía, la clase pasa rapidísimo para mi suerte. No veo la hora de llegar a mi nueva casa, mi dormitorio, mi refugio, y mis clases de salsa que por suerte conseguí para ésta tarde en un club cerca de mi nuevo hogar.
Llego a mi casa y me despojo del bolso, de la ropa y me meto en la ducha para poder limpiarme de toda la energía loca de ese lugar de estudios donde voy a tener que pasar el resto del año. Una locura inevitable.
Dos horas después estoy entrando a un salón lleno de espejos y música que me relaja el alma, me llena de vida y me divierte como muy pocas cosas últimamente.
Los dos profesores son divinos, una pareja que ha ganado concursos de baile por varias ciudades y hasta han representado a mi país en el exterior. Es hipnotizante verlos bailar. Mi corazón late fuerte y mis caderas comienzan a moverse al ritmo de los timbales y bongos.
Luego de una entrada en calor mientras escuchamos el tema "Represent Cuba" de Orishas con los pasos básicos, al ritmo del un, dos, tres, hacia delante con el pie izquierdo y continuando con el derecho hacia atrás contando cinco, seis, siete; seguimos con otros pasos, con giros hacia un lado, medios giros, acompañados de movimientos de brazos. Todo lo sé, me sale a la perfección, hace más de un año que lo practico y por suerte tengo mucha facilidad para los ritmos caribeños. El culo grande ayuda.
Me estoy preparando para seguir a la profesora en aprender una nueva coreografía que presentarán en unos meses, cuando por el espejo veo una figura conocida, un cabello despeinado y un cuerpo hermoso para admirar. Esta vez no lleva puestos jeans y remera con mangas como en la escuela, en este momento lleva una musculosa de hombre que deja sus hombros y brazos al descubierto; cosita linda, ¡que bien estás!, también tiene puestos unos pantalones anchos de cintura baja y un calzado diseñado para los bailarines de este tipo de ritmos, los mismos que llevo puestos en éste momento.
Hago de cuenta que no lo veo, aunque sé que ya me vio. Mi cabello nunca pasa desapercibido.
Miro de reojo y veo que una de esas rubias teñidas con vinchas por minifalda, se le acerca, lo agarra del cuello y le planta un beso en los labios, él se deja, pero no le devuelve el beso. Solo la agarra de la cintura y la hace a un lado. La mira con furia y si mi vista no me falla, logro leer de sus labios, "terminamos", tal vez logro leerlo porque se lo dice articulando cada sílaba, como para que ella lo entienda. Quiere decir que está solito, ¿Por qué será que siempre me gustan los chicos malos, será que tengo que correr a socorrerlo? ¿Estará sufriendo? Recuerdo las palabras del profesor ahora "Sr. Libidinoso" para mí, y sacudo mi cabeza como para aclarar las ideas, no creeré una palabra más que me diga ese profesional, poco profesional, fuera del aula. Me dejaré guiar por mi instinto. Como siempre.
Sigo bailando, al compás de la música y recordando la coreo, hasta que tenemos un descanso de dos minutos para tomar agua. Me quedo en un rincón, porque desde ahí me siento protegida, no quiero cruzarme con "Carly", ni recibir ningún beso más de esa desfachatada figura.
La próxima media hora de la clase será en parejas. La mayoría de las veces que he tomado clases de salsa en otros salones de mi otra ciudad, abundaban las mujeres, y nos teníamos que repartir los pocos hombres que se animaban a tomar ese tipo de clases. Miro a mi alrededor, y este no es el caso. Los profes nos piden que nos consigamos una pareja. Me voy acercando tímida al centro del salón, no conozco a nadie, salvo al bombón de cabello despeinado, pero el que quede solo, se vendrá conmigo. Estoy recogiéndome el cabello, como haciendo tiempo mientras las demás parejas se van eligiendo a sí mismas, cuando una mano tibia se posa sobre mi hombro y una voz conocida hace estremecer todo mi ser, me dice:
—Hoy bailás conmigo princesita, veremos que movimientos tenés… —con voz socarrona.
—Tengo los movimientos necesarios como para dejarme llevar por un buen partenaire, espero no me defraudes.
—Para nada reinita. Vas a ver como se baila realmente esto.
Los primeros acordes comenzaron y a la cuenta de un, dos, tres, comenzamos a seguir la coreo en pareja.
Siempre supe que éste ritmo era caliente, pero nunca me había pasado a mí, hasta que me agarró Hernán. Sus manos ya hirviendo, sosteniendo mis manos, rozando mi cintura en los giros, acariciando mi pecho en algún que otro paso más arriesgado. Su cara cerca de la mía, su cuerpo rozándose con mi cuerpo por todos lados. ¡Por el amor de los salseros con buenos movimientos qué caliente estoy!
Seguimos los pasos a la perfección, repetimos un par de veces más, hasta que los profes se acercan a nosotros y nos felicitan por la hermosa pareja que hacemos, agradezco bajando la cabeza para que no vean lo sonrojada que estoy. Éste bomboncito me vuelve loca y no quiero que lo sepa. Su aroma a perfume y a su ser me derrite. Su respiración agitada cerca de la mía hace que me muerda el labio.
Nos alejamos unos metros para tomar agua y para dejar que otras parejas puedan ser evaluadas por los profes. Hernán me acerca la botella de agua y con ella acerca su cuerpo al mío, me corre el cabello de la nuca que en éste momento está toda transpirada, me sopla detrás de la oreja y me dice:
—Me volvés loco chiquita —me vuelve a soplar y continúa —quiero conocerte.
Todo mi cuerpo se estremece al sentir sus dedos rozando mi cuello. Ni me atrevo a describir como me vibra el cuerpo al sentir su cálido aliento. ¡Claro que quiero conocerlo! ¡Me hace derretir! ¡Qué me importan las teñidas y las demás que lo miran como si quisieran comérselo! ¡Ésta vez me toca a mí!
Me hago la valiente, giro mi cabeza para mirarlo a los ojos y le susurro:
—También quiero conocerte nenito…
Sus ojitos verdes y atrevidos me miran la boca, luego los ojos y me responde:
—Te acompaño hasta tu casa.
—Dale.
Se escucha un silbatazo y me doy por enterada que la clase ha terminado por hoy.
Hernán me suelta lentamente, y yo, o lo que queda de mí, corre hasta los cambiadores para refrescarme, necesito una ducha de agua helada.
Me la doy, me acomoda el termóstato interior y puedo sobrevivir un rato más. Esto va a ser durísimo, tengo que caminar alrededor de ocho cuadras con éste bombón a mi lado hablándome de quien sabe que cosas o tirándome los galgos como hace un ratito. ¡Ay universo querido apiádate de mi!
Salgo como nueva, con mis shorts de jeans ajustados, sandalias sin tacos y remera gris oscura, el cabello recogido en un rodete, porque sigo teniendo calor.
Me estoy colgando el morral cuando lo veo que se acerca, mi mirada lo recorre desde arriba hacia abajo, su cabello mojado y despeinado, su cara sonrojada, una remera blanca escote V que marca sus músculos, jeans rotos y desgastados, y en los pies, no me importa que está usando en los pies, porque no me da tiempo a mirárselos. Estira su mano y señala mi morral, ¿va a hacer de caballero y me lo va a llevar él? Se lo doy agradeciéndole con una sonrisa.
—¿Vamos chiquita?
—Ya te dije que tengo nombre nenito.
—Ok. Giselle. Vamos princesa.
—Bueno nenito, si vamos a empezar a conocernos así, mejor no nos conocemos nada, y listo.
—¡No te enojes Giselle! ¡Era un chiste! ¡Que poco sentido del humor!
—No es poco sentido del humor, es auto-preservación
—Yo no muerdo, a no ser que me lo pidas —se me para enfrente y me sonríe guiñándome un ojo.
¡¡Por favor!! ¡Estoy sufriendo! ¡Mi corazón se va a escapar! ¡Nunca estuve tan nerviosa en mi vida en frente a un personaje masculino! ¿Qué mierda me pasa?
Lo empujo con mi cadera y sigo caminando. Mientras, trato de recobrar el sentido. Se pone a la par otra vez y caminamos en silencio por un par de pasos.
—Te aseguro que algún día me vas a pedir que te muerda —vuelve a abrir esa boca para hacerse el fanfarrón. Me atrae y mucho entonces respondo.
—Veremos.
Continuamos en dirección hacia mi casa y me cuenta de los diferentes profesores a los cuales me voy a enfrentar los siguientes días de la semana. También me invita a otros lugares donde se baila salsa y me sorprende cuando me pide sinceramente que sea su partenaire en los siguientes eventos que él tiene planificados.
La rubia con la que yo lo vi había sido su compañera de baile y "amigovia" hasta que él la encontró besándose con otro, en un pasillo del colegio. Entonces decidió que no podía confiar más en ella. Y que necesitaba urgentemente una nueva compañera. A lo cual accedí.
Llegamos a la puerta de mi casa, me devuelve el morral y se me ocurre algo:
—¿Qué te parece si mañana venís a desayunar antes de ir a la escuela? ¿O no sos de los que se levantan tempranito nenito? —Ahora la que se hace la fanfarrona soy yo.
—No me busques princesita que me vas a encontrar y no sé como me estoy controlando todavía.
—Mañana a las siete…
—OK es una cita… ¿En tu casa? ¡Qué bizarro nenita!
Le pellizco el hombro, acerco mi cara a la de él y le digo mirándolo a los ojos.
—Es la última vez que me decís nenita.
Se acerca más a mí y me devuelve el favor de mirarme a los ojos, abre la boca como para decir algo pero no lo dice, me da un beso en la comisura de los labios y se va.
—Hasta mañana Giselle. Espero que te levantes tempranito. Traigo facturas.
—Hasta mañana compañero de baile.
Entro a la casa, y está mi madre cruzada de brazos moviendo una pierna nerviosa.
—¿Qué fue todo eso? ¿Quién es ese joven tan bonito? ¿Qué van a hacer mañana? ¿Lo conocés lo suficiente como para dejarlo entrar a nuestra casa?
—¡Ufffff mamá! Dejá el formulario de preguntas sobre la mesa y te lo voy completando así tengo tiempo de responderlas de a una.
—Hija loca y tan suertuda. Hermoso joven por cierto. Tomate un mate mientras termino la cena y me contás.
Entonces tomo el mando del mate y mientras ella cocina y yo le cebo mates le cuento el episodio con el profesor, me da la razón, ese tipo no es de confiar. Luego le cuento mi clase de salsa, sin dar detalles explícitos por supuesto, y la invitación de Hernán para que sea su partenaire en sus próximos eventos.
Le informé que mañana vendrá a desayunar así charlamos de los eventos y ella podrá conocerlo.
Esa noche duermo feliz, algo ha cambiado en mí y los problemas de la separación de mis padres pasan a un segundo plano, tengo una perfecta excusa para levantarme temprano y estar espléndida para el desayuno.
Es puntual, a las siete en punto está tocando el timbre, lo veo por la ventana que está al costado de la puerta y tiene carita de dormido todavía, me encanta.
Mi madre está tan o más ansiosa que yo, tiene la mesa preparada, con los mates con limón que a ella le gustan, no pude negociar para que los preparara de otra manera, es su casa y ella decide la mayoría de las cosas.
Abro la puerta y esa sonrisa suya pone mi mundo patas para arriba.
—Buen día princesa —me da un beso en la mejilla y pasa sin dejar que yo lo invite. —Buen día Señora, gracias por dejarme pasar a su casa —le estrecha la mano a mi madre y le entrega un paquete con facturas.
—Buen día Hernán. ¡Qué gusto conocerte!
Mientras tomamos mates nos cuenta a las dos de que se van a tratar los shows que tiene que dar en los próximos dos meses, esa es la agenda que tiene por ahora, es un show por fin de semana y le pagan bastante bien. Mi mamá le pregunta si hay algún contrato que firmar, porque está el tema de que somos menores de edad, él le dice que no, que son todos conocidos y conocidos de su familia los que le han pedido que diera el show. También le cuenta abiertamente lo sucedido con su ex compañera de baile. Mi madre me guiña un ojo, dejándome claro que le cae bien. Se levanta y nos dice hasta luego.
Nos quedamos solos, miro la hora y me doy cuenta que todavía faltan más de veinte minutos para partir hacia la escuela.
—Entonces… —comienza a hablar mientras acerca su silla a la mía.
—¿Entonces? —lo miro sonriente, él me hace sentir bien.
—¿Entonces aceptas ser mi partenaire?
—Ya te había dicho que sí. ¿O no me habías creído?
—Pensé que no hablabas en serio, o que me aceptabas como para que no siguiera "acosándote" como dice el ridículo del profe de inglés, que yo "acoso" a las estudiantes nuevas.
—Mira, no sé cual habrá sido el problema que tuvieron ustedes dos, evidentemente hay algo que yo no sé. Pero no creo que me interese saberlo. Lo que sé es que a él no le creo y decidí creerte a vos.
—Fue simple, princesa, el tipo se metió con una menor de edad, y tuvo la mala suerte de que la menor de edad fuera mi prima, y que yo lo viera. Desde ese momento, ha cambiado su mala fama por la mía. Está siendo controlado y tiene varios sumarios en su prontuario. Yo, si fuera vos, no me acercaría mucho a ese personaje. No sé como sigue en el colegio. Estuvo de baja laboral por un tiempo pero luego volvió.
—¡Ahhh! Entonces mis sensores no me fallan.
—Nop, y decime princesa, ¿qué dicen tus sensores de mí?
—Mmm… me dicen que haga esto… —me acerco y le estampo un beso en sus hermosos y carnosos labios, me quiero escapar y no me deja, me toma del cuello y me devuelve el beso, me suelta el cabello y me acaricia la nuca mientras me besa.
Nuestros cuerpos se levantan de las sillas y se pegan como abrojos, siento su entrepierna crecer y decido alejarme un poco. Vamos terminando el momento de novela y nos miramos sonrientes, nos damos un beso más y nos separamos.
Los dos miramos la hora, es momento de partir hacia el colegio.
Dos semanas después…
Me despierta un sonido familiar, es el ringtone que Hernán programó en mi teléfono.
*Buen día mi dulce princesa. ¿Venís a desayunar a mi casa? Todo bien con lo mates de tu vieja pero prefiero no probar una gota de limón en lo que resta de la semana.
*Jajaja. Ok. En 10 estoy por ahí. Besote mi príncipe.
Las vueltas de la vida, mis padres volvieron a estar juntos, y decidieron quedarse en esta ciudad. La paz y armonía sobran en mi nuevo hogar, dulce hogar, ésta vez espero que dure un poco más que la vez anterior.
Tuve un par de problemas con las teñidas, las exnovias y noviecitas de Hernán, me han tratado de "puta", "trola", "roba novios", "atorranta", y todas las palabras que se puedan usar para tratar mal a una mujer que no te cae en gracia.
Me defendí muchas veces yo, otras Hernán y otras una prima mía, que sorprendentemente va al mismo colegio. Pero cuando yo era la chica nueva ella estaba enferma.
Estos días deje de ser "la chica nueva" para ser la "partenaire" del mejor bailarín de salsa del barrio.
Estoy feliz también porque éste fin de semana vienen mis amigas a visitarme, no las he podido visitar yo aún por los eventos a los cuales tuve que asistir. Ya las puse al día con todo lo sucedido y están terriblemente ansiosas por conocer a mi príncipe de pelo desprolijo.
Toco timbre en la puerta de su casa, que casualmente está a pocas cuadras de la mía y cuando se abre, no lo veo a él, veo un ramo de rosas blancas y una nota gigante que dice:
"¿Querés ser mi partenaire de mates desde hoy hasta que te aburras de mí?"
Me acerco a las rosas, las huelo, corro el gran ramo para darle un beso de esos de novela romántica, y le contesto que sí, pero con una condición.
Me mira asombrado y medio disgustado.
—¿Qué condición?
—Que me vuelvas a decir nenita y me muerdas los labios.
Comienza a reírse a carcajadas, deja el ramo sobre una mesa que está a la entrada de su casa, y me abraza, me hace dar un giro hasta que quedamos cara a cara, agitados y contentos. Me da un beso casto en los labios, luego lame mi labio inferior y lo muerde suavemente.
Me mira a los ojos y me responde.
—OK, nenita hermosa.
Nos empezamos a reír y a besar de nuevo y tararear el tema que nos identifica en ese preciso momento, "Eres" del grupo Café Tacuba.