el billete de lotería
Tuvieron una discusión violenta cuando supieron que les había tocado la lotería. Pablo había comprado un billete y Raluca pretendía compartir el premio. Se trataba de 800 000 euros. La mitad para cada uno. Pero Pablo quería pensarlo mejor. Se metió el billete en un bolsillo de la gabardina y se dirigió a la puerta. Raluca cogió un cuchillo cebollero y se lo clavó en el estómago, buscando la eficacia del pinchazo en las partes blandas. Pablo dio un grito estremecedor y enseguida comprendió el desamor despreciable de su amante. Raluca retiró el cuchillo con rapidez para intentar otra puñalada en el hígado. Entonces Pablo se precipitó por la escalera despavorido. Bajaba las escaleras dando tumbos, apretándose la herida con la mano izquierda. Sangraba mucho. Sentía que su mano se llenaba de calor y humedad y que la vida se le escapaba. Por eso intentaba por todos los medios concentrarse en lo más urgente: llamar a su mujer.
Se refugió en el cuartito de la basura y le envió un mensaje de voz: «El billete está en el bolsillo derecho de mi gabardina. Es para ti y los niños. Perdóname. Te quiero». La viscosidad de la sangre hizo resbalar el móvil que se cayó al suelo. Se agarró la herida con las dos manos para intentar cortar la hemorragia. La sangre le manchaba la camisa y empezaba a formar un cerco negro en el pantalón. Salió a la calle gimiendo y doblado por el dolor. Dio unos pasos titubeantes y cayó desplomado boca abajo. En la acera se fue formando un charco rojo que se extendía lentamente en busca del bordillo.
Cuando llegó su mujer, la zona estaba acordonada con cintas de plástico blancas y rojas. Unos agentes habían cubierto el cuerpo con una sábana. La mujer se detuvo a pensar friamente cómo llegar hasta la gabardina. Al fin se decidió. Respiró hondo, se lanzó a correr y burlando el precinto policial se abalanzó sobre su marido.