Los gark eran todos seres asexuados.
Cada individuo era autosuficiente para reproducirse mediante minúsculas esporas que emitía periódicamente por un órgano eyector.
En un principio, cuando aún no conocían el lenguaje y vivían en madrigueras, los gark emitían sus esporas en las densas ciénagas de los bosques, donde grandes masas de vegetales en descomposición suministraban los principios nutritivos necesarios para su germinación. Tenían que emitir millones de esporas para que unas cuantas lograran germinar, y de esas pocas la mayoría se malograban debido a la hostilidad del medio.
Los gark se hubieran extinguido pronto de no ser porque en sus toscos cráneos ardía una chispa de la más poderosa de las energías: la inteligencia. Construyeron habitáculos para protegerse de los elementos y las bestias; aprendieron a usar el fuego; fabricaron herramientas…
E hicieron recipientes para proteger y controlar la germinación de sus esporas.
Al principio eran simples cuencos de barro, que llenaban con pulpa vegetal recogida en las ciénagas y que mantenían a la temperatura adecuada mediante toscos braseros. Emitían periódicamente sus esporas en dichos cuencos, y cuando alguna lograba germinar la cuidaban y nutrían hasta el completo desarrollo del embrión.
Pasaron milenios.
El primitivo cuenco de barro se convirtió en un pulido recipiente de vidrio y metal, provisto de termostatos e indicadores luminosos, y la pulpa vegetal fue sustituida por un plasma nutritivo científicamente dosificado, en el que el embrión permanecía inmerso hasta su pleno desarrollo.
Los gark, gracias a las condiciones progresivamente favorables de su gestación, fueron naciendo cada vez más sanos y evolucionados: sus cuerpos se volvieron más flexibles y esbeltos, sus sentidos se agudizaron, sus cráneos aumentaron de tamaño para alojar cerebros mayores y más complejos…
Gark cada vez mejor dotados construyeron máquinas cada vez más perfectas.
Del recipiente termostático controlado por el individuo progenitor se pasó a la matriz artificial regulada por una computadora…
Máquinas cada vez más perfectas gestaron gark cada vez mejor dotados.
—Y de la matriz artificial, al robot gestador semoviente, capaz de desplazarse y obtener por sí mismo el alimento del embrión, capaz de tomar decisiones ante una emergencia…
Gark y máquina siguieron mejorándose el uno al otro, en un ciclo progresivo de mutuo perfeccionamiento, hasta que el gark fue una máquina de maravillosa precisión y la máquina fue un individuo de total autonomía.
Y como se habían moldeado mutuamente durante siglos, el gark y la máquina fueron pareciéndose cada vez más, hasta que fueron casi iguales. La única diferencia estribaba en que el gark emitía las esporas y la máquina (a la que no cabía seguir llamando así) las recibía en su seno y, cuando alguna germinaba, albergaba el embrión hasta su total desarrollo.
Para entonces los gark ya no construían las máquinas gestadoras (a las que no cabía seguir llamando así): éstas reproducían en su matriz modelos reducidos de sí mismas, que se desarrollaban exactamente igual que una cría de gark.
Prescindiendo de la disparidad de origen, gark y ex máquina se fundieron y confundieron en una especie común de individuos idénticos, aunque funcionalmente distintos a efectos de la reproducción: el gark y la gark.