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aurora salas delgado

quiero ser tu modelo

“— Aunque la mona se vista de seda… mona se queda…
— Desde luego, tan mona como yo misma soy—. sonrió contestándole.
La miró embelesado.
— Eres preciosa.”
Sara terminó de colocar las nuevas prendas en los estantes. Se giró dándose una vuelta completa y sonrió dándole el visto bueno, había quedado perfecto para la época navideña. El muérdago que había colocado en el techo, estaba justamente sobre ella. Lo miró satisfecha, era la excusa perfecta para besar a un chico, sólo le faltaba un papá Noel o… lo que sería lo mismo, un príncipe de rojo. Cerró los ojos un momento soñando con ese deseo unos segundos para regresar a la realidad y sacudir la cabeza cuando uno de los frutos rojos de la planta cayó en ella.
Rio ante su pensamiento, ¿quién iba a quererla? Mejor dejar los deseos para las películas y sueños.
Se agachó para recoger el fruto caído y no pudo evitar ver su reflejo en el espejo de la columna de la tienda, sus ojos le revelaron lo que ya sabía: azul mirada pálida, cabello rubio liso y manos cuidadas… pero un cuerpo nada esculpido de modelo como a ella le gustaría, simplemente, no se gustaba.
Suspiró fuertemente. No es que tuviera suerte con los hombres; su último novio fue todo un encanto con mayúscula, hasta que lo pilló con su propia vecina y no pudo otra cosa que decirle cosas horribles como que su cuerpo era abominable y no iba a encontrar a nadie que la quisiera.
Y quizás tuviese razón, porque nadie se había vuelto a fijar en ella, y de eso, habían pasado tres años.
Había seguido adelante, eso sí, se había convertido en autónoma de uno de sus sueños: una boutique de ropa de mujer. El negocio le iba bien para ser su primer año, pero había perdido ya toda esperanza en conocer a alguien.
El timbre de la puerta sonó, asomó su vista para ver quién entraba y se quedó toda patidifusa al ver tan singular personaje vestido todo de rojo, en un traje chaqueta rojo, con corbata incluida… alto, rubio y posiblemente, visitante de gimnasio diario.
La buscó y sonrió al toparse con ella acercándose.
—Buenas tardes. —la saludó vivaz con una sonrisa tan encantadora que Sara creyó que relucían como perlas esos dientes que mostraba—. ¿La dueña del local?
—Esto… sí. ¿En qué puedo ayudarle? —dijo reaccionando.
La puerta se cerró tras él, el lugar pareció iluminarse bajo su sombra y persona. Sara no le perdió ni un solo instante de vista mientras él revisaba todo.
—La decoración es preciosa, no había visto una tienda tan bien puesta de adorno navideño. —volvió a mirarla, sus ojos azules cielo la penetraron completamente—. Veo que compartimos el mismo tono de ojos—. sonrió de nuevo y tomó su mano—. Siento ser tan maleducado, soy Tobías, su príncipe de rojo.
Sara parpadeó, ¿había oído bien?
—¿Perdona? ¿Dónde está la cámara oculta?
—¿Qué cámara oculta? ¿Acaso no formulaste tu deseo hará… —miró su reloj dorado posado en su mano izquierda—. quince minutos exactos?
La boca de la chica se abrió alucinada.
—Eh…
—Me encanta el muérdago —oyó decirle—. ¿Sabes que es una de las plantas navideñas más mágicas de la historia? No solo sirve para darse un beso bajo él.
—¿También cumple deseos? —se atrevió a preguntar.
Tobías ensanchó su boca en curva.
—Adivinaste, querida. Así que… aquí estoy.
Sara se quedó mirándolo fijamente un buen rato, todo estaba en sepulcral silencio, tan así que cuando logró reaccionar fue a carcajada limpia negando.
Tobías la miraba extrañado sin saber qué hacer.
La muchacha se alejó de él, ando hacia la mesa de caja y comenzó a revisar en su ordenador ignorándole.
El hombre se aproximó sorprendido.
—¿Estás bien? —le preguntó.
—Todo lo bien que puedo estar en mi propio sueño.
—No estás soñando.
—Ya. —lo miró—. Y me lo dice un príncipe vestido de rojo.
—Soy tu príncipe —aseguró.
—Claro, y yo soy Sara.
—Nombre de princesa guerrera de la paz y la justicia… eres bellísima.
Ella volvió a reír.
—Gracias. Es el sueño más bonito que estoy teniendo en mi vida. Me pregunto qué irá después cuando despierte… ah, si… —dijo con fastidio—, mi puta realidad. Compuesta y sin novio, una tienda qué llevar y esas cosas. —se encogió de hombros.
—No me iré si quieres que me quede a tu lado.
—Lo dicho, eres el mejor sueño de mi vida. Es más, si es solo un deseo, no puede ser ni amor.
—¿Acaso está prohibido quererte o enamorarme de ti?
—Eres un deseo, ¿no? Eres producto de él, por lo tanto, no me quieres, crees que me quieres.
Tobías la miró muy serio.
—Te equivocas, soy un espíritu, llevo tanto tiempo observándote que no tienes ni idea. El hecho de pedir el deseo solamente me dio forma. —la tomó de la barbilla—. No sabes cuan poderoso puede ser un deseo bajo el muérdago.
Sara se quedó embelesada mirándole durante unos segundos.
El sonido del timbre los hizo alejarse un poco. Ella miró quién era y su cara fue todo un sumidero de emociones. Tobías frunció el ceño.
—Hola, buenas, ¿en qué puedo ayudarle?
—¡Sara! —exclamó su vecina—. Me habían comentado que tu tienda tenía cosas preciosas… —la chica miró a su alrededor—. Pero no sabía cuántas—. terminó viendo a Tobías asombrada. Se aproximó—. ¿Un amigo?
—Su novio —se presentó él mismo, Sara lo observó de reojo sin contrariarle—. Tobías.
—OH… —fue a darle dos rápidos besos pero él, la paró dándole la mano a forma de saludo—. Desideria —se presentó cortada tomando la mano—. Encantada.
Tobías simplemente sonrió mientras que Sara no pudo evitar tampoco el mismo gesto.
La puerta volvió a abrirse.
—Desi, ¿qué te queda?
—Cariiii… —lo llamó ella—. ¿sabías que Sara ya tiene un nuevo amigo?
Sara lo miró temerosa, Tobías se metió con ella tras el mostrador y sujetó su mano. Sus ojos se encontraron unos segundos, de alguna manera, ella se calmó.
—Hola, Sara. —la saludó con esa falsa sonrisa tan característica que recordaba—. Dale a Desireria lo que sea que quiera comprar, no tengo mucho tiempo.
—Que vuestra novia escoja lo que quiera. —contestó Tobías—. Un poco más de respeto. —le exigió.
Los dos chicos se miraron fieros a los ojos.
—Desi, date prisa.
—Si. —contestó—. ¿Me ayudas Sara?
Sara asintió soltándose.
—Soy el ex de tu chica. —le dijo directamente—. De verdad, ¿acaso no ves lo fea que es?
—Y yo soy su novio actual, ¿acaso no ves lo feo que TÚ eres? —le contestó angelical.
—Bah… —observó a ambas mujeres entre las telas—. No deja de ser una de entre tantas.
—Sara es una diosa.
El chico lo miró levantando una ceja.
—Es sosa. —le dijo con asco—. Y tiene el cuerpo de una morsa.
—Tiene el cuerpo perfecto para mí, el carácter perfecto para mí y el corazón más que perfecto para mí. —Lo miró fiero—. Es una pena que no supieras valorar lo que tuviste.
—¿Acaso tú sí?
—Yo la tengo en un altar, capullo. —Observó a las chicas que volvían—. Por si no lo sabes, tu novia no ha tardado en echarme ojitos.
—Mientes.
—¿Probamos?
Lo miró retándole. Ellas ya estaban allí.
—Este vestido es precioso, tiene un escote…
—¿Por qué no te lo pruebas? Seguro que te quedará genial. —la cortó Tobías.
Ella lo miró encantada por su atención.
—¿Verdad? Puedo hacerlo ahora mismo.
Tobías se aproximó un poco más.
—Mummm… sí, debe quedarte como un guante… me imagino como sería bailar contigo con esa prenda…
Desideria lo miró con la boca abierta.
Sara escuchaba pasmada.
—Ya está bien. Desi, compra eso y vámonos.
—Quítate —le dijo con asco volviendo a mirar a Tobías—. Este chico es un estúpido, ¿sabes? Dejó a Sara sólo porque yo quería follar con él. Tú también estás invitado a saborearme si quieres… —le habló pícara.
—Gracias por ser tan directa, querida. Pero tengo novia, —miró a Sara—. Y es preciosa.
Desideria no supo qué decir. Miró a su vecina celosa, luego a Tobías y dejó la prenda enfadada sobre el mostrador.
—Perdón por mis malas bromas. —dijo.
El ex de Sara se puso rojo de furia. Tomó a su novia del brazo y tiró de ella saliendo ambos de allí.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Sara todavía perturbada.
—Nada, amor… Y ahora, qué tal si me crees y me dejas besarte.
La rodeó con sus brazos por la cintura atrayéndola hacia él.
—¿Y será un para siempre?
—Te conozco tan bien que no puedo esperar a intentarlo. —se aproximó a su rostro—. Mi diosa…
—Mi príncipe rojo. —le contestó divertida dejándose llevar.