entre personajes anda el juego
“No me fastidies el final de la novela… aunque sé cómo acaba”
(Dedicado a mi amiga y autora de “Saga Mafia”, Bárbara Padrón Santana)
Bárbara terminó la última línea de su libreta, ahora le quedaba otro buen rato para pasar al ordenador. Quizás debería ir acostumbrándose a escribir directamente sobre él y así ahorrarse un poco de trabajo… pero es que no podía evitarlo, era engorroso, ¿llevarte el ordenador a todos lados? Con lo que pesaba y lo ligera que era la libreta y un bolígrafo, no tenía punto de comparación.
—¿Cariño?
—¿Sí, mamá?
—Me voy, tu padre me ha invitado a cenar. ¿Estarás bien? No hagas esfuerzos, tu pie y tu cuello…
—Ya, ya lo sé. Estaré aquí viendo dramas coreanos y comiendo palomitas. En cuanto acabe de pasar todo esto. —le señaló la libreta.
Su madre sonrió.
—Ay, mi niña, está bien, no te acuestes tarde y descansa.
—Sí, tranquila.
Aún no se había independizado, todavía era joven y aún estudiante universitaria. Su pasión de escribir romance y la lectura la tenían completamente perdida entre sueños, ni que hablar del anime y los dramas japoneses y coreanos. Friki, decían que se llamaba eso, ¿y qué más daba? Era un friki rica de cultura y talento, que veía el mundo de mil maneras y era capaz de hacer soñar a sus lectores con sus historias, no tenía nada que envidiar a nadie.
Suspiró, su nuevo protagonista iba a volverla loca, un médico que era todo un bromista pero un encanto como hombre, protector como pocos, de los que hacían que te sintieras como una princesa.
Su teléfono pitó, lo miró, un mensaje del Facebook de una amiga.
—“¿Cómo sigues con tu cuello y pie? Espero que mejor. Era para recordarte que como ya sabes… creo en la magia y pensé en ti. Hoy es luna llena y víspera de nochebuena, no olvides pedir un deseo. Yo deseo que te mejores, pero sabes… ¿qué es lo que más me gustaría? Que tus personajes cobrasen vida, ¿te imaginas? Y si cobrasen los míos ya flipo… jajajaja. Te quiero, preciosa, buenas noches.”
Sonrió y contestó:
—“Gracias. Sí, sería fantástico que mi querido médico estuviese cuidándome de mis dolencias y mi jefe mafioso preparase una venganza contra el que me fastidió el cuello… jajajaja. Buenas noches.”
Mandó el mensaje, de verdad que le encantaría ese deseo. Sería increíble.
Dejó el teléfono a un lado y abrió su ordenador dispuesta a hacer la tarea. Tenía de fondo una música romántica suave que la inspiraba pero de alguna forma, esta vez le estaba haciendo que cerrase los ojos.
Se restregó intentando espabilarse. Leyó lo poco que había pasado de la libreta al ordenador.
—Ay, Salvatore… no soy tu Julia, pero me encantaría serlo por esta noche. Y sí, no estaría mal que Saulo mandase a freír espárragos al del accidente que me provocó la contractura, duele horrores, ¿sabes?
Suspiró, que mala costumbre estaba comenzando a tener de hablarle a sus personajes. Se levantó yendo a la cocina a por algo de beber, en ello estaba, que se sobresaltó al ver pasar una sombra hacia su cuarto.
—Qué extraño, no esperaba que volviesen tan pronto.
Se acercó hasta allí y casi se le cae el vaso que llevaba cuando vio quién era.
—¿Bárbara? —sonrió divinamente—. Ya, ya lo sé… quizás debí llamarte antes, pero es que no me dejas contestarte, siempre eres tú la que hablas. ¿Por qué no ibas a ser mi Julia por una noche? Además, me necesitas, ¿te has visto? Tu cuello y ese pie derecho, estás echa un candil, cariño.
—¿Salva?
El personaje se miró.
—Sí, creo que así me llamo y sí, soy yo. ¿Por dónde iba? Ah, sí… pasa, querida, voy a examinarte, no me fio de ningún médico que no sea yo mismo y mi diagnóstico.
Bárbara miró el vaso de agua unos segundos, ¿se había echado agua u otra cosa que le estaba haciendo alucinar?
—Estoy esperando, amor.
Ella reaccionó, fuese como fuese, ahí lo tenía, ¿por qué no aprovechar la ocasión?
Pasó dejando el vaso en su mesa de estudio, Salva cerró la puerta y la miró pillo.
—En serio, ya sabes que tienes que desnudarte, ¿no? Un chequeo es un chequeo.
—Pero… me duele el cuello y el pie, no el pecho. —se defendió toda colorada.
—Es un chequeo completo y profesional—. explicó todo sonriente—. Así que desnúdate y siéntate en la cama.
Madre mía, menudo mandón.
Se quitó la parte de arriba de su pijama, esa era otra… ella en pijama, y aquel hombre en traje chaqueta. Sus pechos sobresalieron sin malas intenciones, pero su médico no pareció opinar igual cuando le cogió uno de ellos y tosió disimulado.
—Creo que está perfecto… su tacto es exquisito, suave y tamaño más que adecuado y gustoso.
Se sentó tras ella soltándola, examinó su nuca, la hizo moverla hasta que ella gimió dolorida.
—Lo siento. —se disculpó al ver que él se levantaba.
—Desde luego, había que matar al hijo de su madre que te hizo esto, hablaré con Saulo… pero después de terminar de examinarte. Por favor, quítate el pantalón, quiero ver tu pie.
—Pero el pie… solo tengo que quitarme el zapato.
—Es un chequeo completo, Bárbara, completo. —le recordó feliz.
Ella hizo caso y se quitó el resto del pijama, sintiendo como los ojos de su doctor se la comían, ¿o era su imaginación?
—Mummm… —la mano de Salva la recorrió desde sus muslos hasta llegar a su pie dolido en una caricia que la hizo estremecerse—. Parece que está algo mejor de lo que pensaba.
—Es una buena noticia, además, no me duele tanto… creo que no tanto como el cuello, al menos.
Él la miró fijamente.
—Se acabó. —tomó su móvil y marcó—. ¿Saulo? Sí, quiero que me hagas un favorcillo. ¿Sabes quién es Bárbara? ¿Cómo dices? Mira… tú ya tienes a Byanca, te lo recuerdo… Pues haber salido de entre las líneas, valiente, Bárbara está siendo enterita para mí. Pues… ahora no puede ponerse, llamaré más tarde.
Bárbara miró al hombre que tenía delante escudriñando los ojos. Aquello debía ser un sueño, un sueño un tanto extraño.
—Bien, ahora cierra los ojos, te haré la prueba de los sentidos.
—¿Qué clase de prueba es esa?
—Cierra los ojos.
Ella los cerró. Sintió las manos de Salva por sus hombros, un ligero masaje que la estaba relajando y olvidando de cómo se encontraba hasta que cambiaron el ritmo y volvió a tomarle un pecho.
—No abras los ojos… déjate llevar, amor.
Sus caricias se intensificaron, cubriendo su otro pecho haciendo que suspirase con gozo, se mordió sus labios inferiores en un intento de retener ligeros gemidos que se iban escapando de sus labios… pero no pudo, aquellas manos bajaron por sus costados y se fueron metiendo entre sus piernas lentamente comenzando con un masaje demasiado erótico. De alguna forma, aquella estaba siendo una alucinación muy agradable.
—Ahora debo probar el sabor. No abras los ojos.
—¿Probar… el qué? Hum…
No pudo decir más, era su lengua, estaba segura, en su pecho, le había quitado el sujetador y los saboreaba como si fueran helados exquisitos, deleitándose, iba a perder la cabeza si seguía así.
—Dios… Salva…
—Amor… —susurró soplándole con su aliento en los senos—. Eres tan hermosa…
La tumbó sobre la cama, bajando hacia sus muslos nuevamente y entonces… un móvil sonó.
Salvatore la dejó con fastidio, Bárbara abrió los ojos para ver su personaje furioso.
—… está bien, está bien… Dios, un día los ahorcaré a todos y luego haré su autopsia a carcajadas. —se giró hacia Bárbara—. Perdona, amor… no quería dejarte así, el deber me llama. —La besó en los labios gustosamente, Bárbara se sintió estremecer.
Salva se alejó lento y en cuanto le sonrió, desapareció.
Bárbara parpadeó, seguía desnuda, sin sujetador, con los labios hinchados y ni qué decir del calor que tenía en el cuerpo.
Reaccionó colocándose su pijama. Buscó su vaso de agua, incrédula de lo que le acababa de suceder, el cuello hasta le dolía menos.
—Suelta el vaso donde sea, Bárbara, ahora es mi turno.
Ella se giró.
—¿Saulo? ¿Qué haces aquí? ¿Y Byanca?
—Lo entenderá, tú me diste vida, pequeña… —la tomó de la cintura apegándole a él—. Me tienes loco, vas a decirme ahora mismo quién es el hijo de puta que te hizo eso en el cuello. Voy a dejarle una notita.
—Calma, calma… el del seguro ya se ha encargado, fue un accidente.
—Los mejores asesinatos son accidentes. A mí ese no me la da con queso, pequeña… —la besó—. Qué labios tan jugosos… me pregunto si Salva ha llegado a probarlos, espero que esté entretenido.
—¿Qué…?
La tomó en brazos y la llevó a la cama, subió su pijama y sin perder tiempo se dedicó a comérsela.
—Me encanta tus senos… son perfectos… sabrosos y exquisitos… —besó su barriga mientras iba bajándole el pantalón y ella se quedaba demasiado extasiada para hacer algo que no fuera disfrutar—. Me pregunto si sabes igual aquí… —bajó sus braguitas.
—Oh… Dios…
Él sonrió, uno de sus dedos acarició los pliegues de aquella concha. Bárbara apretó los puños y cerró los ojos, soltó un gritito cuando la lengua de él, caliente, comenzó a saborearla.
—Eres un caramelo, Bárbara… —dijo con la voz enronquecida del deseo—. Pienso hacerte mía…
Paró, solo para desvestirse y por todos los santos que iba a hacerla suya…
—¿Bárbara? ¿Bárbara?
Bárbara abrió soñolienta los ojos, ¿todo había sido un sueño?
—Sí, mamá… estoy acos… ay… —se tapó la boca, estaba desnuda debajo de las sábanas. Miró la puerta, estaba cerrada y con el pestillo, suspiró aliviada.
—¿Cariño?
—Buenas noches, mamá.
Su madre pareció respetar su intimidad, ni siquiera forzó la puerta para ver si abría.
—Buenas noches, cariño, descansa y ten dulces sueños.
—Oh, ya lo creo. —contestó más para sí que para su madre y sonrió cerrando los ojos.