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aurora salas delgado

bombones

“Sábeme tan dulce como el chocolate… quiero comerte, beberte…amarte.”
Cansada y más que cansada, volvió a abrir el correo. Era frustrante no saber nada de él… ¿pero no decía que él y el ordenador eran amigos? Entonces… ¿Dónde narices estaba?
Abrió sin ganas una ventana nueva para poner un capítulo de su serie favorita, “pequeñas mentirosas”, el spam del video interrumpió a lo grande y en todo el medio de su visión. Suspiró con dejadez y leyó sin querer el anuncio:
“Escribe tu carta a Papá Noel, estas navidades, serán inolvidables…”
—Ya… —dijo con sarcasmo, y tomó las teclas—. Por eso te voy a pedir que venga un bombón para este bombón que está aquí. —dijo y escribió, pulsó “enter” y rió tras su travesura—. Ala… como si fuese verdad.
Le dio al “play” de la pantalla, tras unos minutos, la serie comenzó a salir con el resumen del capítulo anterior.
Lara se echó hacia atrás en el sofá, dispuesta a disfrutar de algo en aquella noche desolada, con un frío y lluvia que golpeaba la persiana bajada. Arrebujada con la mesa camilla y su brasero puesto, su colacao calentito en un lado de la mesa, todo al alcance para no levantarse.
El portero sonó. Levantó la vista extrañada, no esperaba a nadie. Otro spam salió al ataque sin pulsar nada. Lo leyó incrédula, restregándose los ojos.
“Por favor, su regalo de Navidad, ha sido enviado, ábrale la puerta.”
—Debe estar afectándome el sueño o quizás le eché demasiado cacao a la leche. —se dijo en voz alta. El portero volvió a sonar insistente. Se incorporó ya curiosa y lo tomó—. ¿Sí?
—Hola, soy repartidor de paquetes urgentes, ¿señorita Lara Zuara?
—Sí, la misma.
—Por favor, tiene que firmarme.
Apretó el botón para abrir abajo.
Sintió que el ordenador había cambiado a una música de... ¿sorpresa? Corrió a ver la pantalla, otro spam.
“Gracias por abrir la puerta de abajo, su regalo de Navidad está a punto de llamar a su puerta, no dude en abrirlo!”
—¡Oh, Dios Mío! Dime que esto es una alucinación… no claro… una cámara oculta.
Buscó por toda el salón, si había alguna, desde luego estaba bien escondida, porque no se veía por ningún lado, claro, su nombre lo decía “oculta”. El timbre de la puerta sonó haciendo que diera un respingo.
El ordenador repiqueteó con un mensaje, un nuevo spam.
“Señorita Lara Zuara… su regalo, abra, por favor… los bombones necesitan comerse”
—¡¿Qué?! Esto pasa a castaño oscuro, amigo. —le dijo al ordenador.
El timbre volvió a oírse, esta vez más de seguido, mientras otro mensaje aparecía en la pantalla.
“¿No era un bombón para otro bombón?”
—Lo que me faltaba —dijo ella exaltada—. Un hacker pervertido. Mira que si me tenía vigilada y es vecino.
A todo eso, se asomó por la mirilla. No había nadie, ¿pero no tenía que firmar? Sólo había una caja roja de Nestlé gigante en su mismísima puerta.
—Esto es una locura, claro… me he dormido, no hay otra explicación. Mensajes lunáticos, hacker y bombones… ay, me dejé la cámara por algún lado. —dijo abriendo.
Examinó la caja con recelo, sin notar nada extraño que no fuera su tamaño. La empujó, asombrándose de que fuera tan liviana, quizás sí fuera realmente una caja de bombones o…
—¿Y si es una bomba? —pensó soltándola de improviso, pero ya estaba dentro de casa.
Las luces se apagaron, la caja se abrió y la puerta se cerró tras ella a la vez que unos brazos la rodeaban. La fragancia masculina la absorbió por completo, ese perfume que reconocería en cualquier lugar, esas manos que achacaban su cintura posesivamente…
Las manos subieron por su espalda mientras la otra se colaba por su camiseta buscando su pecho; antes de que ella pudiera pronunciar una sola palabra, su boca fue cubierta e invadida por sabor a chocolate… chocolate de bombón.
Decían que el cacao era afrodisiaco, quizás solo el pensarlo y desearlo también lo era, porque aquél paquete recién abierto estaba haciendo que la temperatura de su cuerpo subiese.
Dejó su boca, marcando besos por su cuello, haciéndola suspirar y cerrar los ojos; el cuerpo masculino la mantenía apretada entre la puerta y él, todo apagado a excepción de la pantalla del ordenador que sonaba con otra música diferente; apenas podía adecentar a su cerebro, pero ella juraría que era la banda sonora de “nueve semanas y media”. Si era un sueño, ¿por qué no dejarse llevar?
Aquellas manos engancharon una de sus perlas por debajo de la tela del sujetador, alzándola y moldeándola a su gusto, haciéndola vibrar por el placer, a sabiendas que ella se estaba derritiendo como el chocolate con el sencillo contacto. Sintió su boca aproximarse a su oído mientras su otra mano bajaba hasta la cinturilla de sus pantalones.
—¿Pediste un bombón?
—Para otro bombón —recalcó ella en un jadeo.
La pantalla emitió un ruido, Lara supo enseguida que era otro mensaje de spam loco.
—¿No vas a leerlo?
—Esto es un sueño. —contestó ella y sintió su risa antes de que su boca fuera invadida de nuevo.
Aquél hombre la arrastró hacia el salón, tomándola en brazos, soltándola sobre el sofá sin dejar de besarla; sólo cuando la tuvo en frente de la pantalla, la soltó.
—Lee.
“No es un sueño… Feliz Navidad, bombón, aquí está el otro bombón”
Las luces se encendieron a un clip de un sonido de teclas de teléfono. Lara abrió los ojos de par en par.
—¿Cómo has…?
Él le guiñó un ojo.
—Soy un hacker pervertido. —dijo riendo.
—Me gustan más los bombones —replicó ella.
Tiró de él, robándole un beso.
—¿Y si apagas las luces con ese truquito de nuevo? —le preguntó.
—Mumm… ¿Ya no es un sueño?
—No siempre Papá Noel me manda lo que quiero para Navidad, y menos por adelantado. —Él volvió a reír dejándose echar sobre ella—. Creo que pediré bombones muchas veces… —dijo y la luz se apagó.
“Te quiero, bombón”
Exhibía la pantalla.