PAIS RELATO

Libros de aurora salas delgado

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aurora salas delgado

alas de terciopelo

“Alas… alas que brillan, aun en la más absoluta oscuridad.
Brazos que atrapan y reconfortan hasta lo más hondo de mis pesares.
Besos, besos que arropan y reavivan mi alma como tocada por el cielo…
El cielo… ese cielo de tus ojos en los que me perdería por siempre.”
Ani no sabía ya si reír, llorar o patalear allí mismo mientras su hija pequeña no paraba de comentarle el panorama del día que había tenido, como si fuese una persona mayor, con su colacao, al lado de ella que sostenía su taza de café. Mientras la mayor leía un libro en su habitación sin darle importancia.
—… Y entonces mamá, Lucas cogió los colores de Elena, lo sé porque lo vi, y se los quitó. Es que como le gusta Elena, se lleva cosas suyas a su casa, mira que es tonto, mamá, le podía decir que le gusta y yastá. Qué complicados son los chicos —bebió de su brebaje.
—Sí es verdad, con lo fácil que es hablar.
—Ya mismo llega Navidad, mami. Mañana nos vamos con papá —su madre la miró un poco en shock por el cambio de tema—. No quiero que te quedes aquí.
—¿Y dónde sino?
—Quiero que venga ese chico que vi anoche pasar por la puerta de tu cuarto cuando estabas durmiendo.
Aquella frase la dejó totalmente pillada.
—¿Entró alguien mientras yo dormía?
—Mamá, por favor, lleva haciéndolo casi cada noche.
—Sí, hasta en el súper ha estado detrás de ti— oyó que decía su hija mayor apareciendo en la sala— Pienso que deberías conocerle a la de ya.
—Oh— logró decir mirando a una y a otra— Me estáis gastando una de las bromas más malas de vuestras vidas.
—No es ninguna broma, es solo que se deja ver a ratos —se quejó la pequeña—. Con lo guapo que es, no lo entiendo.
—Guapo, ¿eh?
—Sí, unos ojazos azules como el cielo despejado— siguió su niña.
Ani negó con una sonrisa.
—Bueno, pues el día que se presente en condiciones y no se esconda de mí…
—Saldrás con él, así no estarás más sola cuando nos vayamos con papá.
Ani miró a Naira, su hija mayor era la que más sufría en su ausencia aunque no lo demostrase en gestos.
Nita se levantó de repente y fue al mueble del salón buscando una vela. Cogió una magdalena y la colocó encima.
—Sopla, mami. Pide un deseo, pide que él venga mañana y ya todos los días.
—Nita… —la avisó— seguramente las dos lo habéis soñado— suspiró mirando sus caritas que se habían puesto muy serias—. Está bien, si eso os hace callaros y olvidaros del tema.
—Tienes que decirlo en voz alta —la siguió Naira— para que sepamos que no nos engañaste.
—Entonces no será un deseo que se cumpla.
—Se cumplirá, sabemos que él está esperando este momento— la cortó Nita.
Miró a las niñas de reojo, volvió a suspirar. Era extraño, pero recordaba ver a alguien en su casa con esa descripción, no podría olvidar esos ojos, pero era imposible… y aun así, si lo fuera… era su amor secreto. Naira le dio las cerillas para que encendiese la vela, una vela que tenía guardada de color rojo especialmente para adorno en la Navidad.
—Es perfecta —señaló Naira cuando la encendió.
Hicieron un corro y se cogieron las tres de las manos alrededor de la vela.
—Cierra los ojos y pide el deseo —la apremió Nita—, luego sopla.
Ani, cerró los ojos, cogió aire profundamente y habló.
—Deseo… conocer al chico que me ronda de ojos azules. ¿Vale así? —preguntó a sus niñas.
—Vale —aprobó Nita—. Aunque te aviso que te va a gustar mucho y te vas a enamorar.
Ani rio.
—Vale, mami. Sopla.
Sopló tras la aprobación de Naira. Al tener los ojos cerrados, no pudo ver la pequeña brisa que movió las cortinas cercanas a la ventana cerrada que había tras ella.
—Bien, ahora a la cama, es tarde. Vuestro padre vendrá temprano.
—¿Podemos dormir juntas esta noche? Ya no te veremos hasta después de Navidad.
—Sí —contestó abrazándolas.
Se fueron a la cama. Ani observó a sus pequeñas dormidas cada una a un lado de ella, rodeándola. Lo único que tenía sentido en su vida en aquellos momentos, era ese amor hacia sus hijas, un amor que no podía ocultar.
—Dulces sueños.
Una sombra sumergió desde la puerta observando con una sonrisa aquella estampa y desapareció.
Ani sonrió entre sueños mientras veía esos bonitos ojos azules mirándola con cariño.
A la mañana siguiente, Ani ya tenía preparada las mochilas de viaje de las niñas. Se había levantado temprano para hacerles pancakes de desayunar. Ya no volvería a verlas hasta nochevieja.
Nita fue la primera en ir hacia ella con su cara de recién levantada. Sonrió en cuanto vio lo que su madre preparaba y fue corriendo a avisar a su hermana.
La mañana pasó volando. A las doce venía su padre a por ellas.
Naira dio un fuerte abrazo a su madre en cuanto recibió un toque en el móvil.
—Es papá —la informó—. Te echaré de menos, mamá. Cuídate mientras. Te llamaremos mañana para felicitarte la Navidad. Y si viene Blue, déjale que se quede, ¿vale?
Se alejó de su madre.
—¿Blue? —preguntó a su hija asombrada.
—Sí, Blue, se llama así —le respondió Nita abrazándola también—. Te quiero mucho, mamá.
Ani sonrió.
—Y yo, tesoro —cogió a su mayor—. Os quiero con locura.
Las niñas se dejaron abrazar. El móvil sonó nuevamente y las dejó ir.
—Te llamaremos.
—No os olvidéis.
—Y tú, no te olvides de Blue.
Su madre puso cara de incrédula pero asintió. Se despidieron y Ani cerró la puerta mirando el salón despampanado de ropa que planchar y recoger, algunos juguetes por medio,
Suspiró, puso música en su móvil y se puso los cascos para no molestar a ningún vecino.
En eso estaba, cuando sintió un escalofrío por la espalda. Se giró asustada al no esperarlo pero no había nada.
—Dios… mi imaginación empieza muy temprano.
—Deja a Dios en su trono —le dijo una voz delante de ella, se giró dando un brinco, quedándose boquiabierta—. Sí, soy yo. Ojos azules como el cielo despejado, según tu hija.
—No… no mencionó nada de alas…
—Ah… estas… —dijo moviéndolas a lo ancho del salón, haciendo que volasen algunos papeles que había sobre la mesa.
—Espera… estoy soñando… anoche no dormí lo suficiente. Si, debe ser eso —se dijo a si misma dándole la espalda—. Tengo muchas cosas que hacer, así que a despertar.
Blue sonrió a su espalda, rodeándola con sus alas, acariciándola con ellas y reteniéndola.
—No soy un sueño.
Ani apreció la suavidad de aquellas plumas como de terciopelo, blancas nacaradas, como siempre las había imaginado que las tendría su ángel.
—Cielos… —se giró mirándolo— ¿eres un ángel?
—Soy Blue, pediste tu deseo. Estaba esperando que lo hicieras. Quería hablar contigo, conocerte… no me basta con cuidarte a escondidas y hacerme invisible. Me cansé. Eres una mujer demasiado testaruda.
—Siento ser así —le dijo aún asombrada.
—No, no lo sientas. Es por eso que deseaba estar aquí, así, en físico, delante de ti… —sus alas desaparecieron, su forma era como más humana—. ¿Sobraron pancakes?
Ella rió.
—Puedo volver a hacer.
—No… al menos espero un poco —la tomó de las manos acercándola a él, dejándola que lo mirase sin poder dar crédito—. Qué hermosa eres, Ani —le dijo hechizándola con esa azulada mirada—. Que labios tan apetitosos.
Dicho y hecho. Aquél ángel se inclinó sobre ella besándola sin darle tiempo a reaccionar.
Ani cerró los ojos, era embriagador, dulce, sabía a chocolate.
Se retiraron y miraron, ella sorprendida y él entusiasmado.
—Te ayudo con la ropa.
Ani no dijo nada, sólo se quedó observando como Blue buscaba y sacaba la tabla de planchar y su accesorio de utilidad, tomaba una camisa del montón de ropa y se disponía a la tarea.
De alguna manera, reaccionó y se fue a la cocina a recoger lo que quedaba. No estaba segura de cómo iba a terminar aquello, pero por el momento, si era un sueño, le estaba encantando.
Blue era un ángel, con un cuerpo de infarto, ojos azules y pelo castaño claro, con una barba fina de unos días que le daba un toque de atractivo inaguantable. Parecía sacado de una película, de su película, porque ella había soñado con él en más de una ocasión, estaba segura.
—He terminado con la ropa. Voy a recoger las habitaciones.
Madre mía, debía estar en el paraíso de los sueños. Lo vio ir hacia el dormitorio de las niñas, salir e ir al suyo. Ella había acabado con la cocina.
Se dirigió al cuarto para ver como él acaba de terminar de hacer la cama. Al agacharse un poco, aquellos vaqueros le marcaron un trasero que bien merecía un silbido.
—Nos queda la compra —le dijo levantando la vista hacia ella con esa sonrisa angelical.
—¿Compra? No… ya la hice, además…no puedo. Tengo que sobrevivir lo que me queda de mes.
Blue hizo un “Tris” con sus dedos corazón y pulgar. Un pequeño ruido se oyó tras ella. Ani fue a la cocina rápidamente donde había una pila de bolsas con comida, fruta, bolsas de patatas, leche, dulces, latas… una botella de sidra.
—Madre mía… ¿cómo no he soñado yo con un ángel como tú antes?
Blue rió.
La tarde fue pasando. Comieron y charlaron. Se sentaron en el sofá e hicieron una maratón de la serie a la que se había enganchado. A la noche, pensando que ya se despertaría, Ani fue a darse una ducha. Blue se quedó fuera, sin decir nada.
El agua caía cálida, haciendo que se relajase más de lo que ya estaba. Era una sensación maravillosa aquel ángel, Reconocía que la atraía como un imán y, pensándolo cuidadosamente, estaba más que segura, era él, su ángel de los sueños, con él que hablaba y compartía todo, el que amaba en secreto… aquel beso había sido increíble, ojalá ese sueño acabara en algo más que aquel beso, ojalá fuera real.
Tomó aire, posiblemente iba a despertar y todo se desvanecería, volvería a su realidad solitaria de nochebuena en cuanto cruzara la puerta con su pijama.
Salió triste. No le apetecía ni preparar cena, sentía que había comido de verdad aunque todo marcara a ensoñación.
—¿De verdad crees aún que soy un sueño? —ella se volvió para ver como la mesa se había convertido en un buffet con un apuesto hombre vestido de gala—. Permíteme que te vista, Ani— al instante, su pijama desapareció y en su lugar llevaba un vestido de terciopelo marino hasta las rodillas, su pelo arreglado y tacones—. Que linda… y mía para esta noche, y si tú quieres, puedo estar en todas.
Ella se acercó, necesitaba tocarlo, comprobar que era real después de pellizcarse ella y hacerse daño, oír esa carcajada ante su incredulidad.
Blue la dejó tocar su cara, acariciar esos pómulos de estatua griega, esa barbilla… nariz… pelo… ojos que la contemplaba con un aprecio y amor que la hacían sentirse tan única.
—¿Quién eres?
—Soy quien te cuida, te apoya en todo momento, te observa cada noche para cuidar de tus sueño, para estar cerca de cada paso, para curar cada herida… soy tu compaña de cada noche que escucha todos tus pesares, soy tu guardián…
—Pero los ángeles de la guarda nunca se hacen visibles ni se enamoran, ¿no?
—Ese es mi problema, tú.
—Si soy un problema…
—No me he explicado, no quiero seguir invisible… tú eres mi problema, me enamoré de ti, eres mi problema, ya no deseo solo tenerte en distancia —la tomó de la cintura, volvió a aproximarse a su boca—. O lo que es igual… no deseo verte solo cuando estás en el mundo onírico. Es demasiada tortura pudiendo tener así, cerca… Y dime… —le susurró casi mientras iba preparándose para besarla— ¿acaso no te acuerdas de mí? Te dejé que me vieras varias veces, hemos hablado y hablado tanto...
—Siempre pensé que eras un sueño.
—Soplaste las velas, me llamaste, tu deseo hecho realidad— besó su boca— ¿Y si me quedo aquí contigo? —la besó abrazándola, acariciando su espalda pegándola a él— Dime que no me quieres aunque sea un poquito…
—Blue… —susurró ella su nombre volviendo a dejarse llevar por sus besos, se retiró un segundo y le susurró al oído— creo que lo sabes… eres mi ángel…
Él rio regresando a su boca, desabrochando la cremallera del vestido y bajando en cascada de besos a sus hombros que iba dejando al descubierto.
—Tu amor secreto.
Ani rio.
—Feliz Navidad, Blue.
—Feliz Navidad, amor —dijo perdiéndose en ella, rodeándola con sus divinas alas.