País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

yo dos y tú uno

Dicen que era un matrimonio que no tenía familia. Ya llevaban muchos años de casados. Una noche se pusieron a cenar y, como siempre, preparó ella tres huevos pasados por agua: uno para ella y dos para su marido. Pero aquella noche no sé qué bicho le picó a la mujer, que dice:
—Mira, ya estoy harta de que todas las noches te comas tú dos huevos y yo uno. Esta noche va a ser al revés: tú uno y yo dos.
—Ni hablar. Yo dos y tú uno. Como siempre.
—¿Y eso por qué?
—Porque lo digo yo y en esta casa la autoridad la tiene el marido.
—Pues ni hablar. Esta noche, tú uno y yo dos.
—Que no.
—Que sí.
Bueno, pues estuvieron discutiendo un rato y ninguno daba su brazo a torcer. Ya cansado el marido, dice:
—Como insistas, me muero.
—Pues muérete.
Entonces él se hizo el muerto y la mujer salió a la calle gritando:
—¡Ay, que mi maridito se ha muerto! ¡Ay, que se me ha muerto!
Vino el cura y le prepararon el entierro. Ya lo llevaban para el cementerio, y la mujer se acercaba a las andas, diciendo:
—¡Dejadme que lo bese por última vez!
Y con este pretexto se le acercaba a la cara y le decía al oído:
—Tú uno y yo dos.
Y contestaba el otro muy bajito:
—Yo dos y tú uno.
Y el entierro seguía. Ya llegaban al cementerio y otra vez se acercaba ella:
—Mira que voy a dejar que te entierren.
Y el otro:
—La autoridad es la autoridad: yo dos y tú uno.
Conque llegaron al cementerio. Lo bajan de las andas y ya van a ponerlo en la sepultura. Otra vez ella, gritando, se le echa encima y le dice al oído:
—Por última vez. Tú uno y yo dos.
—Ni hablar. Que me entierren.
Y como ya lo iban bajando, dice ella:
—¡Está bien, cómete los tres, pedazo de animal!
Y entonces él se incorporó de un salto y gritó también:
—¡Qué me como tres, que me como tres!
La gente, que no sabía lo que estaba pasando, echó a correr atemorizada, y un cojo que iba en la comitiva decía:
—¡No corráis tanto, hombre, por lo menos que pueda escoger!