País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

las tres maravillas del mundo

Había una vez un rey que tenía tres hijos. Cuando ya era viejo se puso malo y los médicos le dijeron que para sanar tenían que traerle las tres maravillas del mundo.
Y dijo el hijo mayor:
—Padre, déjeme salir en busca de las tres maravillas del mundo.
Y el padre le contestó:
—No, hijo, no puede ser, que tú eres quien ha de heredar la corona.
Pero tanto estuvo insistiendo, que el padre le dijo que bueno, que se marchara en busca de las tres maravillas del mundo.
Se marchó el mayor a buscar las tres maravillas del mundo y caminando dio con una cueva de ladrones, que lo cogieron, lo metieron en su cueva y de allí no pudo salir.
Conque cuando ya pasó mucho tiempo y el hijo mayor no venía, dijo el que le seguía en edad:
—Padre, ya que mi hermano no viene, deme usted licencia para ir a buscarlo y ver si encuentro las tres maravillas del mundo.
Y el padre le dijo:
—No, hijo, no puede ser. Ya que tu hermano no vuelve, tú has de heredar mi corona.
Pero él le estuvo rogando hasta que le permitió marcharse en busca de su hermano y de las tres maravillas del mundo.
Y se marchó, pero le pasó igual que al mayor. Dio con la misma cueva de ladrones, y lo cogieron y lo metieron en la cueva con su hermano.
Pasaron años y años, y cuando ya vieron que los dos mayores no volvían dijo el menor a su padre:
—Padre, mis hermanos mayores no vuelven. Deme usted licencia para ir en busca de ellos y para buscar las tres maravillas del mundo.
Y el padre le contestó:
—No, hijo, eso no puede ser, que, si tus hermanos no vuelven, tú eres ahora quien ha de heredar la corona. Eso no lo puedo consentir.
El hijo menor empezó a llorar y decía que para qué quería él heredar la corona si sus hermanos no volvían y su padre no sanaba de su enfermedad.
El padre consintió y se marchó él a buscar a sus hermanos y las tres maravillas del mundo.
Andando, andando, llegó a una cueva que era la cueva del Aire. Salió una vieja, que era la madre de los aires, y le dice:
—Qué mal te quieren los que por aquí te encaminan.
Y él le contestó.
—Yo ando en busca de las tres maravillas del mundo.
Y le dijo entonces la vieja:
—Pues entra y escóndete aquí, que si viene el Aire, mi hijo, y te ve, te devora.
No acababa de esconderse donde le dijo la vieja, cuando el Aire llegó y dice:
—¡A carne humana me huele! ¿Dónde está, que la devore?
Y la vieja le contesta:
—Hijo, es uno que viene en busca de las tres maravillas del mundo para curar a su padre.
Y dice el Aire:
—Eso no puedo hacerlo yo. ¡Que se vaya! Únicamente mi hermano el Sol, que se extiende por todas partes, puede dárselas. Que se vaya y que le diga a mi hermano, el Sol, que va dirigido por mí para que le ayude a buscar las tres maravillas del mundo.
Conque otro día se marchó el muchacho a buscar la cueva del Sol. Y después de andar varios días con sus noches llegó a la cueva del Sol y pidió posada. La misma vieja salió y le dice:
—Mal te quieren los que por aquí te encaminan.
Y él le contesta:
—Vengo en busca de las tres maravillas del mundo para darle salud a mi padre.
Entonces la vieja le metió en un rincón y le dijo:
—Estate ahí, porque, cuando llegue mi hijo, el Sol, te abrasará.
Y llegó el Sol y dice:
—¡A carne humana me huele! ¿Dónde está, que la abrase?
—Hijo mío —dice la vieja—, es un pobre muchacho que viene dirigido por tu hermano el Aire a buscar las tres maravillas del mundo para curar a su padre.
Y dice entonces el Sol:
—Pues que salga y se vaya, porque no le puedo ayudar. Mi hermana la Luna es la única que puede dárselas. Que se vaya y le diga que va dirigido por mí.
Conque al otro día se marchó el muchacho a buscar la cueva de la Luna. Anduvo por muchos reinos sin poder llegar, hasta que después de caminar muchos días con sus noches llegó a una cueva y preguntó si era la cueva de la Luna.
Y salió la misma vieja de antes y le dijo:
—Mal te quieren los que por aquí te encaminan.
Y él le dice:
—Vengo en busca de las tres maravillas del mundo para airar a mi padre.
Y le dijo la vieja:
—Bueno, pues escóndete en este rincón, que, si llega mi hija, la Luna, y te ve allí, te devora.
Llegó la Luna brillando por los cielos y dice:
—¡A carne humana me huele! ¿Dónde está, que la devore?
Y la vieja le dice:
—No, hija mía; no es más que un pobre muchacho que viene dirigido por tu hermano el Sol.
Y dice entonces la Luna:
—Si viene en busca de las tres maravillas del mundo para airar a su padre, y es así, que salga, que únicamente mi hermano el rey de las aves, se las puede dar. Él se extiende por todos los mundos. Que se vaya y le diga que va dirigido por mí.
Al otro día se marchó otra vez y después de caminar llegó a una cueva donde vivía el rey de las aves.
Y salió la vieja de siempre y le dijo:
—Mal te quieren los que por aquí te encaminan.
Conque él le dice:
—Vengo en busca de las tres maravillas del mundo para curar a mi padre.
Y la vieja le dice:
—Yo te meteré en este rincón, porque, si llega mi hijo, el rey de las aves, y te ve allí, te devora para la cena.
Fue llegando el rey de las aves y dice:
—¡A carne humana me huele! ¿Dónde está, que la devore para la cena?
—No, no, hijo mío —le dice la vieja—; mira que es un pobre muchacho que viene de parte de tu hermana, la Luna, en busca de las tres maravillas del mundo para curar a su padre.
—Pues que se marche, porque yo no se las podré dar —dijo el rey de las aves—. Únicamente mis aves, que se extienden por todo el mundo, lo sabrán.
Se acostaron todos a dormir y le dieron al muchacho una cama para pasar la noche.
Otro día muy tempranito fueron a despertar al muchacho y le llamó el rey de las aves y le dijo:
—Mire usted: voy a llamar a una pareja de cada clase de aves y usted se pone en medio de ellas y les pregunta si saben dónde están las tres maravillas del mundo. Tiene que decirles: «Avecillas que andáis por el mundo, ¿me daréis noticias de las tres maravillas del mundo?». Y si a las tres veces no responden es que no saben decirlo.
Y llegaron todas las aves del mundo llamadas por el rey de las aves. A cada pareja que llegaba se ponía el joven entre ellas y les preguntaba:
—Avecillas que andáis por el mundo, ¿me daréis noticias de las tres maravillas del mundo?
Pero ninguna podía responder porque no sabían. Y faltaba por venir todavía un águila coja. Cuando llegó, le dijo el rey de las aves:
—Aguilita, ¿cómo has tardado tanto?
Y dice ella:
—Porque estaba comiendo de las tres maravillas del mundo.
Y dice entonces el rey de las aves al muchacho:
—Aquí tiene usted quien le puede enseñar dónde se encuentran las tres maravillas del mundo.
Y le dice al águila coja:
—¿Te atreves a llevar a este joven a dónde están las tres maravillas del mundo?
—Sí, señor —dice la aguilita—; pero me tiene que dar carne para el camino.
El muchacho entonces compró mucha carne y mató a su caballo, y con toda la carne encima se montó en las alas del águila, y salió el águila volando para las tierras donde se encontraban las tres maravillas del mundo. De cuando en cuando el águila decía:
—¡Carne, carne! ¡Quiero carne!
Y cada vez que decía eso él le daba un cacho de carne. Y cuando ya iban llegando al mar le dio el último cuarto de carne. Al llegar al medio del mar, dijo el águila:
—¡Carne, carne! ¡Quiero carne!
K1 muchacho le dijo:
—Ya se ha acabado la carne. Aguárdate un poco que me corte un cacho de mi nalga.
Y el águila le dijo:
—No quiero carne humana. Arráncame una pluma del ala derecha y tírala al mar.
Él se la sacó y la tiró al mar. Y pasaron el mar, y el águila lo puso en una senda y le dijo:
—En aquel castillo que se ve allí están las tres maravillas del mundo.
Entonces se marchó él solo en dirección al castillo y llegó a una casita. Llamó a la puerta y salió una mujer que le preguntó qué buscaba. Cuando el muchacho le dijo que buscaba posada para la noche porque andaba buscando las tres maravillas del mundo, la mujer le dice:
—¡Ay, Dios mío! ¡Buena posada tengo yo!
—¿Qué le pasa? —le preguntó él.
Y entonces la mujer le dice:
—Pues, mire usted, señor, que ya hace tres días que tengo a mi marido de cuerpo presente debajo de la escalera porque no tengo cinco duros para darle entierro.
El muchacho entonces le dice:
—Tenga usted estos doscientos reales para que le dé entierro a su marido.
Le dieron entierro al muerto, y se marchó al otro día por la senda del castillo.
Cuando llegó a la puerta del castillo, le salió una raposa al encuentro y le dice:
—Mira, entra a la sala. Allí hay un pájaro, una jaula, una dama, una cama, y un caballo en una cuadra, que está más allá. De todo eso, escoge sólo una cosa.
Conque entró él muy contento en la sala y vio lo que la raposa había dicho que había. Fue a coger el pájaro y le dijo la jaula:
—¿Te vas a llevar el pájaro sin la jaula?
Iba a salir con las dos cosas cuando le sale al encuentro el gigante que guardaba el castillo y grita:
—¡Traición al castillo, que roban las tres maravillas del mundo!
Salieron los soldados del gigante, lo cogieron y lo metieron en un calabozo, le dieron una buena paliza y metieron con él a unos leones para que lo devoraran. Cuando estaba en el calabozo se le presentó de nuevo la raposa y le dijo:
—¿No te dije que escogieras solamente una cosa? Mira que tres veces te puedo favorecer, nada más.
Lo sacó del calabozo y le dijo que entrara otra vez e hiciera como ella decía. Entró el muchacho y cogió a la dama. Y la dama entonces le dice:
—¿Me llevas a mí sin llevar mis vestidos?
Cogió él también los vestidos; pero, al salir por la puerta, el gigante le salió otra vez al encuentro y gritó como antes:
—¡Traición al castillo, que roban las tres maravillas del mundo!
Y otra vez lo cogieron y le dieron una buena paliza y lo metieron en el calabozo con los leones. Se le presentó otra vez la raposa, lo sacó del calabozo y le dijo:
—Ya sólo una vez más te puedo favorecer. Ahora entras en la cuadra y coges el caballo; pero no la montura.
Entró el muchacho en la cuadra y cogió el caballo, y le dice la silla:
—¿Te llevas el caballo sin llevarme a mí?
Y dice él:
—No, yo no cojo más que una cosa.
Salió con el caballo solo, y al salir de la cuadra ya estaba el caballo aparejado, el pájaro en la jaula y la dama vestida. Montó en su caballo, cogió a la dama y al pájaro y se marchó ron caballo, dama y pájaro, que eran las tres maravillas del mundo.
En el camino por donde iba se encontró a sus dos hermanos. Cuando lo vieron con las tres maravillas del mundo se las quitaron y lo dejaron sólo en el mundo. Fueron ellos y se las entregaron a su padre, que se curó de su enfermedad. El padre les preguntó si sabían de su hermano menor. Ellos le dijeron que por las noticias que tenían andaba por el mundo robando y matando. El padre entonces mandó partes para que lo trajeran vivo o muerto. Y lo hallaron y lo metieron en un calabozo. Y como los hermanos decían que era ladrón y matador, lo iban a poner en la horca. Pero se presentó entonces la raposa en forma de hombre, le tomaron declaración y dijo que el menor era el que había buscado las tres maravillas del mundo.
Entonces el hijo menor le contó a su padre todo lo que había pasado y cómo los hermanos mayores le habían encontrado en el camino, y le habían quitado las tres maravillas del mundo. Y el muerto dijo que el hijo menor le había dado a su mujer dinero para que lo enterrara, y que por eso le había favorecido y venía ahora otra vez a favorecerle, pero que ya no podía estar más en la tierra, y desapareció.
Entonces el padre le dijo a su hijo menor que iba a desheredar a sus hermanos, por malos y mentirosos, y que él heredaría la corona. Y el hijo menor se casó con la dama y fueron ellos rey y reina.