País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

las tres cabritas y el lobo

Éstas eran tres cabritas que iban todos los días a pacer a un monte. Pero había un lobo en las afueras del pueblo que siempre estaba maquinando cómo se las comería.
Un día fue la mayor de las cabritas sola a pacer y se encontró al lobo. Pero como éste quería comérselas a las tres, le dijo:
—Oye, cabrita, ¿por qué no venís hoy a las doce a mi casa, tú y tus hermanas, que os daré mucha comida y muchas golosinas? Anda y díselo a tus hermanitas que allí os espero.
Fue entonces la cabrita y contó a sus hermanas lo que le había dicho el lobo, pero la madre, al enterarse, les dijo que no salieran en todo el día de casa porque el lobo quería comérselas. Luego la madre tuvo que salir y les dijo que no le abriesen la puerta más que a ella. El lobo se cansó de esperar, y viendo que las cabritas no aparecían, decidió ir a buscarlas. Se acercó y llamó a la puerta.
—¿Quién es? —preguntó la más pequeña.
—Abrid, hijitas mías, que soy vuestra madre —dijo el lobo; pero como tenía una voz muy ronca, las cabritas le dijeron:
—No, es mentira. ¡Con esa voz! No eres nuestra madre. ¡Vete!
Se fue el lobo y al rato volvió. Puso la voz muy fina y dijo:
—Abrid, hijitas mías, que soy vuestra madre.
Pero la pequeña no se fiaba del todo y le dice:
—A ver, mete la pata por debajo de la puerta.
El lobo lo hizo y, como la tenía tan negra, dicen las cabritas:
—¡Huy, qué miedo! ¡Tú eres el lobo! ¡Vete, vete!
Fue el lobo y metió la pata en harina. Regresó a la casa de las cabritas y, cuando le dijeron que enseñara la pata por debajo de la puerta, así lo hizo. Las cabritas creyeron que era su madre y abrieron la puerta. Al momento, el lobo se abalanzó sobre las tres cabritas, cogió a las dos mayores y se las comió. La más pequeña se escapó por la ventana y fue corriendo a avisar a su madre.
Por el camino de vuelta, la cabrita y su madre se encontraron al lobo, que estaba tan tranquilo, durmiendo con la barriga llena a la vera de un río. Con mucho cuidadito, la mamá cabra le abrió la barriga y al momento saltaron las dos cabritas, todavía vivas. Luego le llenó la barriga de piedras y se la cosió.
—¡Qué pesado tengo el estómago! —dijo el lobo, cuando se despertó—. ¡Parece que he comido piedras!
Y como le pesaba tanto, al agacharse para beber agua, se cayó al río y ya no pudo salir.