País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

la peña de los enamorados

Era una isla que le llamaban «La peña de los enamorados». Allí vivían un conde y una condesa, que era la más guapa de la isla. La condesa tuvo una hija, y cuando los habitantes de la isla iban a verla, todos decían: «Guapa es la madre, pero más guapa es la hija».
La madre le tomó envidia, y mandó a dos criados que se llevaran a la niña a un monte y la mataran. Ninguno de los criados quería matarla. Llevaban un perro y le sacaron los ojos, dejando a la niña viva en el monte. La niña, encontrándose sola en el monte, se refugió en una peña. Subiéndose en un árbol vio que llegaban siete bandidos. El capitán dijo:
—Ábrete, rosa. Ciérrate, clavel.
Al otro día, cuando salieron los siete bandidos, dijo la niña: «Ábrete, rosa. Ciérrate, clavel». Se lo encontró todo muy desordenado. Lo limpió y lo arregló todo, diciendo de nuevo: «Ábrete, rosa» y «Ciérrate, clavel».
Los bandidos, cuando abrieron la peña, se quedaron admirados. Todos los días alguien hacía la misma faena. Pero un día dijo el capitán:
—Hoy, cuando salga, me voy a volver a ver quién es el alma quema que entra aquí.
El capitán se quedó sorprendido, cuando entró y vio a la niña.
—¡Hija mía! ¡Eres más guapa que la condesa de la peña de los enamorados!
Cuando los demás bandidos llegaron, dijo el capitán:
—Ésta es nuestra hermana. Cada uno le tendrá que hacer un regalo.
Unos le dieron pulseras y otros anillos. La miraban como a una hermana propia. Allí estuvo diez años y tenía cuánta riqueza había en la isla.
Un día se enteró la madre de que había una mujer más guapa que ella, pero no sabía el lugar donde estaba. El conde buscaba a su hija desde que se la llevaron, pero nunca la encontró.
La madre, enterada y llena de envidia, llamó a una gitana:
—Te doy una bolsa de oro, siempre que me traigas la cruz que le puse a mi hija en el cuello.
La gitana era una hechicera. Se llevó dos días dando vueltas al sitio con un anillo de oro que estaba encantado con la insignia de la condesa. Un día los bandidos le dijeron a la niña que podía salir un ratito afuera de la peña para distraerse. Y le dijo la gitana:
—¡Hija de mi alma, qué de tiempo llevo buscándote! Toma un anillo de oro, que es más brillante que los que tú tienes.
—No señora, tengo muchos anillos, que me dan mis hermanos.
—Pero éste es mucho mejor. Dime cuál es el secreto de la peña de los enamorados.
La niña contestó:
—No venderé nunca a mis hermanos ni diré nunca el secreto de la peña.
Poniéndole la gitana el anillo de la condesa, en el acto quedó paralizada, como muerta. La gitana cogió la cruz, y dejando a la niña abandonada en la puerta de la peña, le llevó a la condesa la cruz de su hija. Le dijo que la había matado y que le diera la bolsa de oro.
Los bandidos, cuando llegaron y la vieron muerta, lloraban, y dijo el capitán que tenían que buscar quién había hecho ese crimen. Salieron aquella noche por un vestido blanco para vestirla. Fueron a la casa de la condesa y robaron un vestido blanco que tenía la cruz de la niña. Los bandidos la vistieron y la pusieron en la puerta del conde.
El conde, cuando vio aquello, no sabía si era su hija o no era. Pero había que enterrarla en el mejor lugar del cementerio de la isla.
El conde, cuando iban a enterrarla, dijo:
—Vamos a ver a quién pertenecieron tantos anillos.
Al sacarle el anillo con la insignia de la condesa, la niña volvió en sí y dijo:
—Éste es mi padre.
Y dijo el padre:
—Ésta es mi hija. Dime el secreto de dónde has estado.
—No lo diré mientras usted no consiga el indulto de mis hermanos.
Como el conde era el rey de la isla consintió en darle el indulto. Al otro día salieron para la peña, diciéndole la niña al padre:
—Voy a entrar a ver a mis hermanos.
Al llegar la niña dijo: «Ábrete, rosa», y el conde vio a los siete bandidos con los trabucos preparados.
—No tiréis, hermanos, estáis indultados —dijo la niña.
Los bandidos abrazaron a la niña, pues se habían creído que estaba muerta.
Fueron al palacio del conde. El conde llamó a los sirvientes viejos, los cuales declararon que la condesa les había mandado que matasen a la niña, pero que ellos no la habían querido matar.
El conde perdonó a los criados. A la mujer la metió en un subterráneo. Encargó a los bandidos que encontraran a la gitana y la metió en el mismo subterráneo donde estaba la condesa, siendo la hija la más guapa de la isla.