País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

el tragaldabas

Esto era una abuelita que vivía sola con sus tres nietas. A la mayor la mandó a lavar; a la de en medio la mandó a fregar, y 1 a la más chica la mandó a por agua. Y para que volvieran pronto, les dijo:
—En cuantito volváis, os dejo que bajéis a la bodega a comer pan y miel.
Pues volvió primero la más chica y dice:
—Abuela, que ya estoy aquí.
—Bueno, pues baja a la bodega a comer pan y miel.
Pero al entrar en la bodega, estaba allí un tragaldabas, que cantó así:
—Pequeña, por pequeña,'
no vengas acá,
que soy el tragaldabas y
te voy a tragar.
Pero la niña no le hizo caso y entró en la bodega. Al momento el tragaldabas hace ¡aum!, y se la tragó viva.
Volvió la de fregar y dice:
—Abuela, que ya estoy aquí.
—Está bien, hija, ya puedes bajar a la bodega a comer pan y miel, que si no tu hermana se lo come todo.
Entró la de en medio en la bodega y otra vez cantó el tragaldabas:
—Mediana, por mediana,
no vengas acá,
que soy el tragaldabas
y te voy a tragar.
Pero tampoco la mediana hizo caso y entró. Al momento el tragaldabas hace ¡aum!, y se la tragó viva.
Volvió la de lavar y dice:
—Abuela, que ya estoy aquí.
—Está bien, hija, ya puedes bajar a la bodega a comer pan y miel, que si no tus hermanas se lo comen todo.
Entró la mayor en la bodega y cantó otra vez el tragaldabas:
—Mayor, por mayor,
no vengas acá,
que soy el tragaldabas
y te voy a tragar.
Pero la mayor tampoco hizo caso y se atrevió a entrar. Y el tragaldabas también hizo ¡aum!, y se la tragó viva.
Como tardaban mucho, dice la abuela:
—¡Ay!, ¿por qué tardarán tanto mis nietecitas?
Y bajó a la bodega a ver qué pasaba. Al entrar, cantó el tragaldabas:
—Abuela, por abuela,
no vengas acá,
que soy el tragaldabas
y te voy a tragar.
La abuela, que ya sabía quién era el tragaldabas, tuvo miedo y no entró. Volvió arriba y se puso a llorar en la puerta de su casa. A esto que pasó por allí un carretero y le dice:
—¿Por qué llora usted, abuela?
Y la abuela contestó:
—¡Ay, señor! ¡Que en la bodega está el tragaldabas y se ha tragado a mis tres nietecitas!
—Pues no se apure usted, que ya verá cómo yo se las traigo a las tres.
Bajó el hombre a la bodega y el tragaldabas cantó otra vez:
—Carretero, por carretero,
no vengas acá,
que soy el tragaldabas
y te voy a tragar.
Pero el carretero no hizo caso y entró. Al momento hace el tragaldabas ¡aum!, y se lo tragó vivo.
Cuando vio que no volvía, la abuela se puso otra vez a llorar en la puerta, y a esto que pasó una hormiguita:
—Abuela, ¿qué tiene usted que llora tanto?
—¡Ay, hormiguita, si tú supieras! Tres nietecitas que tengo bajaron a la bodega y se las ha tragado el tragaldabas. Y a un hombre que quiso ayudarme, también.
—A ese tragaldabas no le tengo yo miedo —dijo la hormiguita—. Ahora mismo bajo y se va a enterar.
Conque bajó la hormiguita a la bodega y cantó el tragaldabas:
—Hormiga, por hormiga,
no vengas acá,
que soy el tragaldabas
y te voy a tragar.
Y le dice la otra:
—Yo soy la hormiguita
de mi hormigal,
que te pego un mordisco
y te hago bailar.
Dio un salto y se le puso en el culo. Y allí le empezó a picar, hasta que el tragaldabas lo abrió tanto, que salieron las tres hermanas y el carretero, todos bailando.
Subieron muy contentos adonde estaba la abuela y ésta dice:
—¡Ay, hormiguita! ¿Con qué te podremos pagar? ¿Con una talega de trigo?
Y dice la hormiguita:
—No cabe tanto
en mi taleguillo,
ni muele tanto
mi molinillo.
Dice la abuela:
—¿Con media talega?
Dice la hormiga:
—No cabe tanto
en mi taleguillo,
ni muele tanto
mi molinillo.
Dice la abuela:
—¿Con doce granos?
Dice la hormiguita:
—No cabe tanto
en mi taleguillo,
ni muele tanto
mi molinillo.
Dice la abuela:
—¡Con un grano!
Y dice la hormiguita:
—Sí cabe tanto
en mi taleguillo.
¡Sí muele tanto
mi molinillo!