País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

el pescador y su mujer

Allá por los tiempos de Maricastaña vivía un pescador muy pobre con su mujer en una choza. Todos los días salía a pescar al mar, echaba las redes y esperaba a ver lo que cogía para ir a venderlo. Como casi siempre cogía muy poco, pues no salían de la miseria.
Un día pescó un pez muy grande, muy grande, y cuando ya lo tenía fuera, dice el pez:
—Suéltame, Juan, y te daré todo lo que tú quieras.
El hombre se quedó sorprendido y lo dejó escapar sin más. Cuando llegó a su casa y le contó a su mujer lo que le había pasado, ésta se enfadó mucho y empezó a gritar:
—¡Pero mira que eres tonto! ¡Sabiendo que no tenemos ni qué comer! ¡Y dónde vivimos! ¿Es que te gusta vivir en una choza? ¡Si vuelves a coger a ese pez, dile que nos dé mucho dinero!
Juan volvió a pescar al día siguiente y otra vez sacó el mismo pez en sus redes. Éste le preguntó:
—¿Qué quieres, Juan?
Y dice Juan:
—Yo no quiero, que la que quiere es mi mujer.
—¿Y qué quiere tu mujer?
—Pues quiere mucho dinero.
—Está bien. Móntate en mi lomo. No tengas miedo, hombre; móntate.
Se montó Juan en aquel pez de escamas maravillosas, y se perdieron en las profundidades del mar. Nadando, nadando llegaron a un palacio de cristal todo lleno de tesoros.
—Coge lo que quieras y se lo llevas a tu mujer —le dijo el pez.
Juan se llenó un bolsillo de monedas de oro y, cuando llegó a su casa, se las entregó a su mujer. Ésta se puso muy contenta, pero, como tenía tantas ganas de gastarse el dinero, no le duró mucho tiempo y se puso a decirle a su marido:
—Anda, Juan, que se nos ha acabado el dinero. Vete a pescar y le dices a ese pez que queremos vivir en un palacio.
Juan volvió al mar con sus redes y otra vez le salió el pez.
—¿Qué quieres, Juan?
—Yo no quiero, que la que quiere es mi mujer.
—¿Y qué quiere tu mujer?
—Pues ahora quiere un palacio.
—Está bien. Vuélvete a tu casa, que la hallarás convertida en un palacio.
Así lo hizo Juan. Cuando llegó y quiso entrar, unos criados lo pararon en la puerta. Tuvo que porfiar con ellos y decirles que hablaran con la dueña que era su mujer. Por fin salió ella, vestida como una gran señora, y lo dejaron pasar.
A los pocos días, la mujer ya estaba aburrida de vivir en un palacio y dice:
—Mira, Juan, vas a ir y le dices al pez que queremos ser rey y reina.
Juan fue y le contó al pez lo que pasaba.
—¿Qué quieres ahora, Juan?
—Yo no quiero, que la que quiere es mi mujer.
—¿Y qué quiere tu mujer?
—Pues ahora se le ha antojado ser reina, y que yo sea rey.
—Está bien, hombre. Vuélvete y encontrarás a tu mujer sentada en el trono.
Volvió Juan en su barca y, cuando llegó al palacio, vio a su mujer sentada en un trono, rodeada de condes, duques y lacayos. Al poco tiempo de vivir así, dice:
—¡Ay, Juan, corre y dile al pez que queremos que el sol sólo salga para nosotros!
Otra vez fue Juan y le pregunta el pez:
—¿Qué quieres, Juan?
—Yo no quiero, que la que quiere es mi mujer.
—¿Y qué quiere ahora tu mujer?
—Ni más ni menos que el sol sólo salga para nosotros.
—Anda, vuélvete a tu casa —dijo el pez, y desapareció en el mar.
Cuando Juan volvió al pueblo, en vez del palacio estaba otra vez la choza, y en la puerta su mujer llora que llora.