País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

el caballo verde

Esto era una mujer que tenía deseos de tener un hijo, y como no lo tenía se lo pidió al demonio. El demonio le contestó que se lo daba con la condición de que a los veinte años tenía que quitárselo, y que, si no se lo mandaba a su castillo, él vendría a por él.
Desde pequeño ella le ocultó a su hijo la verdad, hasta que cuando fue a cumplir los veinte años, la madre se puso a llorar, venga a llorar. El hijo le preguntó que qué le pasaba y ella le confesó toda la verdad. Entonces el muchacho le dijo que no se preocupara, que él se iría al castillo cuando llegara la hora y que, con un poco de suerte, volverían a verse.
Llegó el día de irse. Cuando iba a pasar por un pueblo, se encontró a una mujer que lloraba desconsoladamente:
—¿Qué le pasa a usted? —le preguntó.
—Que se me ha muerto mi marido y no tengo dinero para enterrarlo.
El muchacho se compadeció de ella y le dio dinero para que enterrara a su marido. Siguió su camino y al poco tiempo le salió un caballo verde, que le dijo:
—Móntate encima de mí y, cuando te veas en apuros, dices: ¿Qué será de mi caballo verde?
El muchacho se montó en aquel caballo y, al pasar junto a un árbol, vio una paloma enredada en las ramas. Entonces se bajó del caballo y le dijo:
—Espérate, que voy a salvar a esta pobre paloma.
La cogió, la echó a volar y siguió su camino adelante. Al pasar por un río, vio un pez fuera del agua, que se estaba muriendo. Paró y le dijo lo mismo a su caballo. Cogió el pez, lo echó al agua y siguió su camino adelante. Llegó a un arroyo donde había muchas hormigas que no podían cruzarlo. Entonces él las cogió y las pasó al otro lado.
Por fin llegó al castillo del demonio, que le dijo:
—Te someteré a tres pruebas. Si las superas, podrás volver a tu casa.
—Está bien, ¿y qué pruebas son?
—La primera es que en una noche tienes que juntar plumas para llenar siete colchones.
Entonces el muchacho, muy disgustado, dijo: «¿Qué será de mi caballo verde?», y se le presentó el caballo a la puerta del castillo. Le contó lo que le pasaba y el caballo le dijo:
—No te apures; móntate en mí.
Y lo llevó corriendo, corriendo adónde se habían encontrado a la paloma enredada entre las ramas. Estaba la paloma en el mismo árbol; le contaron lo que pasaba y dijo:
—No te apures. Tú me salvaste a mí la vida, y yo te la salvaré a ti.
Llamó a los pájaros y les dijo:
—Haced todos como yo.
Empezó a moverse y empezaron todos a largar plumas hasta que hubo para llenar los siete colchones.
Cuando el demonio vio superada la primera prueba, le dijo:
—Mañana por la mañana me tienes que traer un anillo que perdió mi bisabuela en el río.
Entonces el muchacho dijo: «¿Qué será de mi caballo verde?», y se le presentó en seguida a la puerta y lo llevó corriendo adonde habían encontrado al pez que se estaba muriendo fuera del agua. Se asomó el pez y le contaron lo que pasaba. El pez dijo:
—No te apures. Vete a la otra parte de la orilla y me esperas.
Y por allí salió el pez con el anillo en la boca.
Cuando se presentó con él al demonio, éste le dijo:
—Tengo un granero lleno de toda clase de granos mezclados. Por la mañana me los tienes que tener separados en distintos montones.
«¿Qué será de mi caballo verde?», dijo el muchacho otra vez, y el caballo se le apareció y lo llevó corriendo adónde se habían encontrado a las hormigas. Les contaron lo que pasaba y ellas acudieron todas al castillo. En una noche separaron los granos de trigo, de maíz, de avena, de cebada, y los hicieron distintos montones. Cuando por la mañana los vio el demonio dijo:
—Está bien. Puedes marcharte con tu madre.
Salió él muy contento, corriendo a todo galope con su caballo verde, y cuando llegó a su casa, entró, se abrazó a su madre y lloraron de alegría. Luego salieron a darle las gracias al caballo, pero se encontraron a un hombre que les dijo:
—Yo soy el alma de aquél a quien mi mujer pudo enterrar, cuando nadie quería darle dinero para mi entierro, gracias al dinero que usted le dio.
Y al instante desapareció.