País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

el burro cagaduros

Éste era un padre que tenía tres hijos. Y eran muy pobres. Un día el mayor dijo que se marchaba a ver si ganaba qué comer. Llegó a un pueblo —muy lejos— y se ajustó con un amo. Quedó en que le daría en tres años un burro que cagaba duros. Nada más decir: «Burro, caga duros», pues cagaba lo que le pedían.
Luego llegaron los tres años, y le dio el amo el burro. El muchacho se marchó con él hacia su pueblo. Llegó a una posada y mandó poner cena, y dio de cenar al burro. Al otro día por la mañana, preguntó a la posadera que cuánto era la posada. Y con eso, según se lo dijo, marchó a la cuadra:
—Burro, caga duros.
Cagó tres. Pero el posadero le estaba mirando. Cogió y, según le estaba dando la cuenta el ama, le cambió el burro y le puso otro igual. Y llega el hijo mayor a casa de su padre y le dice:
—¡Ahora sí que vamos a ser ricos! Traigo un burro que caga duros.
Y se pusieron a cenar. Conque le dice después su padre:
—¡A ver, a ver ese burro que traes tan bueno!
Salen a la cuadra, y se pone:
—Burro, caga duros.
Y como no era el que tenía de antes, pues no los cagaba. Y sus hermanos le hacían rabiar.
—¡Vaya, para traer esto! —decía el de en medio—. ¡Un burro tan malo! ¡Vaya, para estar allá tres años, has traído bastante! Pues ahora me voy a marchar yo.
Y fue y se ajustó por una mesita, que nada más que decía: «Mesita, componte», pues se componía con todo lo que quería comer. Aquél estuvo un año, y al año le dio el amo la mesita. Y se volvió a casa de su padre. Pero en el camino llegó a la misma posada de su hermano. Pidió habitación para él solo. Puso la mesa y estaba cenando él solo. Le miraban por entre la puerta y decían:
—Si tiene de todo en esa mesa.
Y decía el amo al ama:
—¿Se lo has dado tú?
Y decía el ama:
—Yo no.
—Pues él está cenando.
—Pues lo traería él.
Al otro día por la mañana, pidió el muchacho la cuenta de la habitación. Pero fue el amo y le quitó la mesita aquélla y le dio otra parecida. Cuando llegó donde el padre, decía:
—Yo he sido mejor que mi hermano, pues traigo una mesita que todo lo que le pido me da.
—A ver, a ver.
Va a abrir la mesa, y le pasa lo que al del burro: no darle nada. Y le dice su hermano:
—¿Te has quedado en tal posada?
—Sí, me he quedado allí.
—Pues entonces ya te la han hecho como a mí.
Y dice el hermano pequeño:
—¡Lo que es que no traíais nada y decís que traíais mucho! Ahora me voy a marchar yo a ver si traigo más o traigo menos.
Se marchó y llegó a un pueblo. Y se ajustó en casa de un amo nada más por una cosa: un palo al que decía: «Palo, sal del saco», y, en saliendo el palo del saco, le pegaba a todo el mundo. Aquél estuvo tres meses. Y después de los tres meses le dio el amo el palo.
Al volver a casa de su padre, se quedó en la misma posada que sus hermanos. Al otro día por la mañana, pidió la cuenta y dice:
—Pues yo no les pago. Es mucho lo que me pide. Yo no he hecho tanto gasto.
—Pues nos tienes que pagar.
El amo coge un palo y le iba a pegar. Y dice él:
—¡Palo, sal del saco! Y si no me dan el «Burro, caga duros» de mi hermano y la «Mesita, componte», termino con todos.
Y se lo tuvieron que dar, después de la paliza que les pegó el palo. Marchando por el camino, decía:
—Yo he tenido más suerte que mis hermanos. Ahora sí que puedo decir que en tres meses he ganado más que en cuatro años mis hermanos.
Llegó a casa de su padre y llama a sus hermanos:
—¿Es esto lo que os habían robado a vosotros?
Sus hermanos contestaron que sí era lo que les habían robado. Y su padre se ponía muy contento y decía:
—A ver si te la ha pegado.
Empezaron:
—¡Burro, caga duros!
Y el burro empezó a echarlos.
—¡Mesita, componte!
Y se compuso una gran mesa para poder comer todos. —También traigo otra cosa que nada más decir: «Palo, sal del saco», si no lo vuelvo a meter, puedo con todos los del barrio.
—Pues vamos a verlo —dice uno de los hermanos, que no se lo creía, y dice: «Palo, sal del saco», y al primero que le pegó fue al que lo dijo, y si el más pequeño no lo manda parar, se lía también con el otro hermano, y hasta con el padre.
Y aquí se acabó el cuento con pan y pimiento, y por un agujero salgo y por otro entro.