País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

el aprendiz de brujo

Una vez era una madre que tenía un hijo que se llamaba Periquín, niño muy aplicado al estudio. Y un día le dijo su madre:
—Hijo mío, deseo que estudies una carrera para que seas un hombre útil. ¿Qué carrera quieres estudiar?
—La magia negra.
Entonces la madre preguntó a un maestro de magia si quería enseñar a su hijo.
—Sí —contestó el maestro—, pero con una condición.
—¿Cuál es?
—Que al cabo de un año tiene que venir a ver a su hijo, y si no lo reconoce, me quedo con él para siempre.
—Conforme.
Cuando se iba acercando la fecha convenida, Periquín se convirtió en un palomo, salió de casa del maestro sin que nadie lo viera, y fue a decirle a su madre:
—Ya está próximo el día en que usted tiene que ir a reconocerme. Ese día el maestro nos va a transformar a todos los estudiantes en palomos. Después echará maíz en el suelo para que lo comamos; pero yo, en vez de comer, me entretendré en saltar por encima de mis compañeros. Y cuando el maestro le pregunte a usted que si me conoce, diga que sí, que soy el que está dando saltos.
Fue la madre a casa del maestro y éste le llevó a donde estaban los palomos y dijo:
—Uno de estos palomos es el hijo de usted, ¿lo conoce?
—Sí, es aquel que tanto salta. Y digo que es aquél, porque cuando era rapaz todo su afán era saltar por encima de Mía iguales.
—Acertó usted, señora. Puede usted llevarse a su hijo, que ya sabe más magia que yo.
Periquín, al marcharse con su madre, se llevó consigo el mejor libro de magia que tenía el maestro. Y cuando Periquín se vio en su casa, dijo:
—Madre, desde hoy en adelante tendremos dinero a manos llenas. Mañana es día de feria y yo me voy a convertir en una vaca pinta; llévela usted a vender y pida por ella ciento cincuenta ducados; pero en la venta, que no entre la esquila, porque en la esquila estoy yo.
La madre llevó la vaca a la feria y en seguida se le presentó un comprador, y le dijo:
—¿Cuánto pide usted por esa vaca?
—Ciento cincuenta ducados, pero en la venta no entra la esquila.
—Está bien.
Marchó el comprador con la vaca para su pueblo y la metió en la cuadra. Al día siguiente, cuando fue a darle de comer, se encontró con que había desaparecido.
Y Periquín dijo a su madre:
—Ahora voy a convertirme en un caballo; lléveme usted a la feria, y pida por él trescientos ducados; pero que no entre el freno en la venta, porque en el freno estoy yo.
Entretanto, el maestro encantador echó de menos el libro, y dijo para sí:
—Nadie me pudo quitar el libro más que Periquín. Mañana es día de feria en tal parte, y puede que esté allí ejerciendo la magia; voy a ver si lo cojo.
Se presentó el maestro en la feria y vio que la madre de Periquín tenía un caballo puesto a la venta.
—¿Cuánto pide usted por este caballo? —le preguntó el maestro.
—Trescientos ducados.
—Está bien.
—Pero en la venta del caballo no entra el freno —dijo la madre.
—Yo lo compré con el freno.
—Que no.
—Que sí.
En esto llegó la justicia y le dio la razón al maestro, el cual montó sobre el caballo, le dio un latigazo y dijo:
—¡Ah, Periquín! Ahora me vas a pagar el libro que te llevaste.
El maestro mandó a sus hijos que metieran el caballo en la cuadra, y que no le dieran de comer ni le quitaran el freno. El caballo no hacía más que mover la cabeza y abrir la boca, y entonces dijeron los rapaces:
—¡Pobre caballo! Le hace daño el freno, vamos a quitárselo.
Se lo quitaron, y el caballo se convirtió en una trucha y desapareció río abajo.
Entonces el maestro se convirtió en una culebra y comenzó a perseguir a la trucha. Ésta se metía por entre las piedras y se dejaba caer de lo alto de las cascadas, y cuando iba llegando a la presa de un molino, vio que la culebra se le echaba encima y, para librarse de ella, se transformó en paloma.
Inmediatamente, la culebra tomó forma de águila; pero la paloma se hizo un mosquito y por una rendija entró en la habitación de una princesa, a la cual dijo, después de haber vuelto a su primitivo ser:
—Me voy a convertir en un anillo y a colocarme en tu dedo. Dentro de pocos minutos vendrá por aquí un caballero y te pedirá el anillo; dáselo; pero cuando vaya a recogerlo, lo dejas caer al suelo y se romperá en varios pedazos. Entonces pisa el pedazo más grande, y cuando sientas que empuja hacia arriba, levanta el pie.
Periquín se convirtió en un anillo y se colocó en el dedo de la princesa. Y llegó el caballero y le pidió el anillo. La princesa lo dejó caer al suelo y se rompió en varios pedazos, y puso el pie sobre el más grande de ellos.
El caballero se transformó en una gallina y comenzó a comerse los pedazos del anillo. Y en esto el pedazo que estaba debajo del pie de la princesa empujó hacia arriba, salió convertido en una raposa y se comió la gallina.
Después se hizo hombre y se casó con la princesa y vivieron felices.