País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

cuando llovía buñuelos

Juan el tonto estaba casado con María la lista. Todos los días salía Juan al campo a guardar las ovejas, que era lo único que su mujer quería que hiciera. Un día Juan el tonto se encontró una bolsa de monedas de oro. La abrió y, al ver las monedas, dijo:
—¡Anda! ¡Cuántas medallas sin cadena!
Volvió a su casa y le dijo a su mujer:
—¡María, mira cuántas medallas sin cadena me he encontrado en el monte!
María, como era muy lista, le siguió la corriente a su marido. Pero se guardó las monedas y le dijo:
—Sí, son unas medallas que no valen nada, porque no se les puede poner cadena.
Aquella misma tarde se puso a hacer buñuelos, muchos buñuelos. Se subió al tejado y empezó a tirarlos por la chimenea. Juan el tonto, que estaba calentándose al amor de la lumbre, vio caer los buñuelos y cogió los que pudo. Con las manos llenas se fue a buscar a su mujer, gritando:
—¡María, mira, que está lloviendo buñuelos! ¡Qué está lloviendo buñuelos!
La mujer bajó del tejado y dejó que el otro se pegara el atracón, sin decirle nada. Luego se fue a la cuadra y extendió un mantel sobre el pesebre. Puso una vela a un lado y a otro de la burra, y mandó a Juan a que le echara de comer. En cuanto Juan vio aquello salió corriendo y gritando:
—¡María, que la burra está diciendo misa! ¡Que la burra está diciendo misa!
Pues al día siguiente la mujer no quiso que Juan saliera al campo con las ovejas, por que no fuera contando lo que había pasado. Entonces lo llevó a la escuela para que aprendiera a leer y a escribir. Pero Juan se acordaba mucho de sus ovejas y, cuando vio en la cartilla la «B» con la «a», dice:
—¡Ba, ba, báaa, mis ovejitas allí van!
Y cuando vio la «B» con la «e», dice:
—¡Be, be, béee, mis ovejitas allí vien!
Total, que su mujer tuvo que quitarlo de la escuela, y al día siguiente allá que va Juan el tonto al campo. Por el camino se encontró con un señor montado en un caballo, que le preguntó:
—Buen hombre, ¿no se habrá encontrado usted por casualidad una bolsa?
—Sí, señor, que me la he encontrado —contestó Juan.
—¿Y dónde la tiene usted?
—Pues en mi casa. Que se la di a la María. Pero ella me dijo que no tenían valor, porque eran medallas sin cadenas.
—¿Ah, sí? Pues mira, a mí me gustaría verlas. ¿No te importa que vaya contigo a tu casa?
Y así fue como Juan se presentó en su casa con aquel señor. El hombre le dijo a María que tenía que entregarle la bolsa, porque era suya. Y dice María:
—¿Qué bolsa? No sé de qué me está usted hablando.
Y dice Juan:
—Que sí, María. ¿Es que no te acuerdas el día que me mandaste a la escuela?
Ya aquel señor le pareció muy raro que el tonto fuera a la escuela. Pero más raro le pareció cuando oyó lo que siguió diciendo:
—¿No te acuerdas cuando llovía buñuelos y la burra decía misa?
Y ya con esto, dice el hombre:
—Perdone usted, señora, que la haya molestado, que harta desgracia tiene usted.
El hombre se fue, y María la lista se quedó con todo el dinero y al marido le compró un rebaño de ovejas el doble del que ya tenían.