País Relato - Autores

antonio rodríguez almodóvar

benibaire

Había una vez tres cabritas muy pobrecitas, y la mayor dijo:
—¿Qué haremos?
La segunda contestó:
—No lo sé.
Y la tercera dijo:
—Yo sí que lo sé. Vamos a casa de Benibaire y hurtaremos tres cantaritos de aceite.
—Bien pensado —contestaron las otras—. Vamos allá. Después de andar una legua, sintieron una voz que decía: —¡Be, be!
Vieron entonces a un gran carnero, se asustaron y echaron a huir.
—Huir, huir,
que nos va a embestir.
Pero el carnero les gritó:
—No os asustéis. ¿Adónde vais?
Ellas le contestaron:
—A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite. —¿Queréis que vaya?— dijo el carnero.
Le respondieron:
—Ven.
Anduvieron otra legua y oyeron una voz que dijo:
—¡Miau, miau!
Y vieron un gato negro muy grande; se asustaron y echaron a huir, diciendo:
—Huir, huir,
que nos va a arañar.
Pero el gato les gritó:
—No os asustéis, no os arañaré. ¿Adónde vais?
—A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite. —¿Queréis que vaya?
—Ven.
Anduvieron otra legua y oyeron una voz que gritaba:
—Quiquiriquí.
Y vieron a un gallo muy fiero; se asustaron, y echaron a correr, diciendo:
—Huir, huir,
que nos picará.
Díjoles el gallo:
—No os asustéis, no os picaré. ¿Adónde vais?
—A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite. —¿Queréis que vaya?
—Ven.
Anduvieron otra legua y se encontraron un montón de estiércol; se asustaron y echaron a huir diciendo:
—Huir, huir,
que nos ensuciará.
Dijo el estiércol:
—No tengáis miedo, no os ensuciaré. ¿Adónde vais?
—A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite. —¿Queréis que vaya?
—Ven.
Anduvieron otra legua y se encontraron una aguja capotera; se asustaron y dijeron:
—Huir, huir,
que nos pinchará.
Dijo la aguja:
—No tengáis miedo, no os pincharé. ¿Adónde vais?
—A casa de Benibaire a hurtar tres cantaritos de aceite.
—¿Queréis que vaya?
—Ven.
Anduvieron otra legua, y llegaron a casa de Benibaire; y como era de noche, estaba la puerta cerrada.
—¿Cómo entraremos? —dijeron las cabritas.
A lo que contestó el gallo:
—Yo, gallo, gallazo, volaré y volaré al tejado, y entraré por la chimenea.
Y así lo hizo, y les abrió la puerta.
Entraron en la casa y dijeron:
—¿Dónde nos esconderemos?
El gallo dijo:
—Yo ya tengo puesto; me iré al humero.
El gato se escondió en la ceniza; el estiércol en las pajuelas; la aguja se metió en la toalla y el carnero se metió detrás de la puerta; entonces se fueron las cabritas a las tinajas a sacar el aceite.
Estando sacándolo se les cayó el embudo y se despertó Benibaire, que dijo:
—¡Ay, Señor! Ladrones que han entrado en mi casa.
Se levantó y se fue al humero, y miró por el cañón de la chimenea a ver si era de día. Estando mirando le cayó una porquería que el gallo le echó y se quedó ciego; fue a tientas a buscar pajuelas para encender la luz y, como el estiércol estaba entre ellas, se ensució todas las manos.
—¡Ay, Señor! —dijo—. ¡Qué manos tengo tan sucias!
Y fue a buscar la toalla para limpiarse y, como estaba clavada en ella la aguja capotera, se la clavó; fue a encender la luz en el ojo del gato y éste se le abalanzó y lo arañó todo; fue huyendo para salir a la calle y, cuando llegó a la puerta, salió el carnero y le dio una topada por detrás que lo echó a rodar; se fue al molino huyendo, se cayó al río y se ahogó, y las cabritas se quedaron hechas amas de la casa, y lo pasaron muy bien, y yo fui y vine y no me dieron nada, sino unos zapatitos de cobre, otros de cristal, otros de azúcar y otros de cordebán; éstos me los puse, los de cristal se me rompieron, los de azúcar me los comí y los de cobre son para ti.