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ambrose bierce

el santo diácono

Un Predicador Ambulante, que durante horas había trabajado con ahínco en la viña de la virtud, susurró al oído de un Santo Diácono de la iglesia local:
—Hermano, estas gentes te conocen, y tu apoyo activo rendirá abundantes frutos. Pasa tú el plato, y te daré la cuarta parte.
Así lo hizo el Santo Diácono, y tras meterse el dinero en el bolsillo esperó a que se marcharan los feligreses y entonces le dio las buenas noches.
—¡Pero el dinero, hermano, el dinero que reuniste! —le recordó el Predicador Ambulante.
—No hay nada para ti —fue la respuesta—; el Adversario les ha endurecido el corazón y sólo han dado una cuarta parte.