Cuando Julio Roca era editor de “Diario del Caribe” de Ciénaga, un pequeño pueblecito perdido en la costa de Colombia, le contó a Juana lo siguiente:
Una vez un gringo aventurero resolvió fundar un cine en un minúsculo y remoto pueblecito del corazón del Africa. La noticia rodó como un incendio por los alrededores. El día de la inauguración, todos los leones de la zona llegaron a la entrada de la tolda donde funcionaba el cine. Porque los leones se habían dicho:
“—Vamos, que a lo mejor la película es de la Metro y ahí salimos en todas”.
Juana, quien también es gringa y extravagante, pensó solamente que los leones también tienen el pelo amarillo.