Julián, mi primo futbolista, me pasa a recoger. Avanzamos por la Vitacura profunda, hacia el final de la avenida, llena de neones y pubs y letreros que me recuerdan los suburbios de Oklahoma City.
Esto es la zorra, huevón, me dice. Lo vamos a pasar bacán.
Vamos a un cumpleaños de un tal Toby Zárate, que ahora es de la Católica. Hay mucha rubia platinada que, me informan, son casi famosas y salen en las portadas de los tabloides basura. Mi primo es de los pocos futbolistas rubios, lo que lo coloca en un sitio privilegiado. Su tía, y mi madre, guardan los recortes de prensa. Julián ha sido portada de Caras y Cosas, dos revistas que odian el fútbol. Él me dice que su nivel de fama no tiene nada que ver con la fama de esas minas.
Si me las culeara, entonces, la fama de ellas subiría, pero lo penca es que la mía descendería ene, me explica. Por eso me agarro minas que nadie conoce. Así no me huevean los paparazzi.
El local se llama Pancho’s (o Juancho’s) y de las paredes color zapallo cuelgan fotos de James Dean y Marilyn Monroe. Me sirven un anticucho. Más allá, un grupo de nerds dot com celebran algo.
Deseas algo, me dice una chica con dreadlocks y unos ojillos celebratoriamente verdes.
Dame un Absolut Cranberry, le digo, recordando a Silvana, la colombiana del barrio de Foggy Bottom.
¿Qué?
Un Absolut con jugo de arándano.
¿Qué?
Eh... Absolut tónica, le digo.
No tenemos Absolut.
Mi primo me dice que me ubique. Para qué pedís huevadas raras, me dice, serio. Estamos en Chile. Atina. Pide pisco, huevón. El pisco ahora la lleva. Piscología pura. Me ofrecieron hacer el comercial pero tuve que hacer el de la palta Hass. Los deportistas, se supone, no tomamos alcohol.
Igual es lindo el comercial de la palta, le dice la chica, que está atenta a la conversación. Yo ahora como mucho más palta. Te juro que juraba que tenía ene colesterol cuando nada que ver.
Viste, me dice mi primo, orgulloso.
Dame una piscola, entonces, le digo, recordando mis viejos tiempos.
¿Normal o light?
¿El pisco?
La cola.
Normal, no más.
Mi primo sonríe y me dice: así me gusta, Santiago. Que intentes adaptarte. Aunque esta huevada, huevón, ha cambiado más que la cresta.
¿Para mejor o para peor?
Para mejor, primito. Para mejor.
Toby Zárate hace su entrada triunfal. Toby tiene el pelo con visos rubios. Lo sigue todo el equipo de la Católica. Las rubias gritan.
Tomo mi piscola. Sabe igual que hace veinte años. Es un buen sabor, pienso.
Welcome to Santiago, Santiago. Se te echaba de menos.
Salud.
Salud.