Santiago se ubica a 543 metros sobre el nivel del mar, en la llamada Zona Central del país. El barrio alto de la ciudad, en efecto, está más alto (muchos creen que se llama así porque ahí viven los ricos, lo que es cierto, pero la verdad es que, a partir de la Plaza Italia, la ciudad comienza a empinarse). Santiago del Nuevo Extremo está a 2.051 kms al sur de Arica, la ciudad más nortina del país, en la frontera con el Perú, y a 3.141 kms al norte de Punta Arenas, que es la ciudad más austral del mundo (en rigor, no es más que un pueblo grande). El Oceáno Pacífico está a escasos cien kilómetros al poniente, mientras que los majestuosos Andes son prácticamente parte de la ciudad y se ven desde cualquier barrio (esto sucede como tres días al año, luego de unas de esas tormentas que lo inundan todo; ese día, la ciudad es quizá la más bella del mundo, pero lo cierto es que el resto de año uno cree que vive dentro de una sopa de lentejas; la contaminación no te deja ver el San Cristóbal, acaso te va a dejar ver la puta cordillera).
El clima de Santiago es moderado y la media es de unos 14,5 grados celsius. La máxima, en verano, alcanza, a veces, los 32 grados, aunque la oscilación térmica fluctúa en unos 20 grados. La mínima, en invierno, llega, en los días más fríos, a un par de grados bajo cero, con una máxima invernal de unos 8 grados (te hielas todo el día). La precipitación anual es de unos 350 mm (aunque yo creo que es más; el clima ha cambiado mucho en todas partes).
El idioma oficial del país es el español (el acento, eso sí, es asqueroso y da un poco de «vergüenza ajena»; es decir, parece insólito que gente que se cree civilizada posea un acento tan patético; somos, sin duda, los que peor hablamos el castellano en el mundo; según una colombiana muy guapa, con la que tuve algo, somos los «australianos del idioma español», pues chacreamos el idioma de Cervantes de la misma manera que los canguros y los koalas se mandan a guardar a Shakespeare).
El horario del país, y de la ciudad de Santiago, es:
En invierno: -4 horas GMT.
En verano: -3 horas GMT.
(Una señora que veraneaba en Nantuket, madre de una abogada amiga mía, quedó sorprendida al enterarse que, durante la mitad de año, compartíamos el mismo huso horario que la Costa Este; ella pensó que estábamos «mucho más atrasados»).
El aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez (SCL) (alias Pudahuel ) se encuentra a unos 17 kilómetros al poniente del centro de la ciudad. Existe un servicio de bus (aproximadamente US$1,30), además de taxis oficiales (aproximadamente US$16). El código de país de Chile es el 56. El código área de Santiago es 2. Para llamar a celulares, dentro de la ciudad, desde un teléfono fijo, es necesario anteponer el 09. Para llamar a celulares desde el exterior se digita 56-9 y el número. Para marcar desde Chile al exterior es necesario marcar una clave de tres dígitos, dependiendo del carrier que se utilizará (hay muchos y siempre están ofreciendo buenas promociones. El servicio comunicacional en Chile es excepcional, lo malo es que la gente sólo habla estupideces y uno se entera de cosas de las que no quería enterarse). En el área céntrica se encuentran locales con servicios de Internet, aunque no existen en tal cantidad como en otros países latinoamericanos.
El cerro Santa Lucía, en pleno centro, es un monumento histórico. Este pequeño cerro, hoy convertido en un exuberante parque (y un antro sexual, una suerte de motel al aire libre), tiene la altura de un edificio de unos 18 pisos y se alza en plena Alameda. Bautizado como Huelén, por los indios de la zona, fue a los pies de esta formación rocosa que el conquistador Pedro de Valdivia fundó la ciudad el 12 de febrero de 1541 (exactamente 424 años antes que yo).
Debido a su asombrosa (¿?) ubicación geográfica, Santiago es una de las pocas capitales del mundo en que las canchas de esquí (a sólo 50 kms montaña arriba) y la playa (a 100 kms) están tan cerca. Uno puede hacer ambas cosas en un mismo día (¿En qué época? Nunca he conocido alguien que haya ido a esquiar en la mañana y se haya ido a bañar al mar en la tarde; además, nuestras playas son horrosamente heladas y violentas; no tenemos ni una playa decente tipo Brasil o Cancún). Cerca de la ciudad, además, están los mundialmente célebres viñedos donde se producen los deliciosos vinos chilenos (no están mal, es cierto, pero la verdadera razón de que los vinos chilenos sean famosos es porque son baratos: not bad for the price).
La población de Chile alcanza unos quince millones de habitantes, de los cuales unos cinco millones y medio de personas se consideran santiaguinos (quizá son más, pero lo cierto es que somos hartos; cuando yo pienso en Santiago, pienso en los barrios que conozco y domino, no es que eche de menos San Miguel, la tierra de Los Prisioneros, o Peñalolén; no creo que esto demuestre que sea cuico o huevón o insensitivo, y podría apostar que alguien oriundo de Cerro Navia o de Quinta Normal o de la Avenida Matta o, no sé, de La Florida, no siente para nada como propias las comunas de Vitacura, Maipú, San Bernardo o, Dios no lo quiera, La Dehesa; puta, yo nunca he ido a Chicureo, donde ahora viven muchos de mis ex compañeros de curso; incluso La Reina, para mí, es un mundo desconocido excepto por la disco Casamilá, a la que era un asiduo (¿existirá?); se me ocurre que cuando alguien, sea de donde sea, piensa en Santiago, piensa en el barrio en el que vive, en el barrio en que se crió, en el sector de su colegio o universidad, más el centro y, desde un tiempo a esta parte, su mall más cercano; eso para mí, entonces, es Santiago; Santiago, para mí, es Providencia y el sector de El Golf, y Vitacura, más partes de Ñuñoa; nada más y nada menos; aquellos que dicen que toda la ciudad es su ciudad, que aman y atesoran comunas donde nunca han ido, que dejen de mentir y se vayan al carajo; sé que sería más romántico recordar las pichangas en esas callecitas cerca del Cementerio General, cómo comprábamos pan donde doña Audelia en la calle Santos Dumont y cómo nos colábamos con mis amigos al Hipódromo Chile, pero lo cierto es que eso nunca sucedió; una pena, quizás; pero así es).
El servicio de Metro es bueno y pasa por los principales sitios turísticos.