«Eres un asegurado», me dijo, una vez, mi hermano Jonás en el mirador del World Trade Center. Estaba de visita. Su primera vez en USA, cuando aún otorgaban visas y no te humillaban en el aeropuerto.
Why are you here? Why did you come? What do you want? When will you leave?
Nos encontramos en Nueva York. Paseamos por todas partes. Yo le pagué todo. Me acuerdo que vimos la obra musical Tommy, de The Who, que nos pareció peor que la película que teníamos en video en Santiago. Entramos a una galería que exponía cuadros de Claudio Bravo y nos parecieron demasiado caros y mi hermano dijo que prefería tener fotos, que eso no era arte. Me explicó que el Museo Guggenheim, de Franklin Lloyd Wright, era anterior a los Dos Caracoles de Lyon con Providencia. En un pequeño bar cerca de NYU vimos a Lisa Loeb, una cantante de anteojos que se parecía a una chica que siempre me quiso pero nunca me amó. Me había tomado tres rones y nos habíamos fumado un pito que le compramos a un tipo hediondo en Washington Square Park. Lisa Loeb se puso a cantar y me acordé de cómo quise pedirle matrimonio a esa chica que siempre leía y cómo ambos evitamos tocar el tema hasta que no hubo más tema que tocar. Fue, desde luego, mi culpa, pero eso no mejora las cosas.
Tantas cosas que uno no hace por miedo y cuando dejas de tener miedo, ya no tienes cosas que hacer.
«Estás aquí por la plata», me dijo mi hermano mirando hacia la otra torre del World Trade Center. «No se puede estar en cualquier parte por la plata. Por amor, por sexo, por drogas, por poder, no sé, porque te persiguen y te van a meter preso y torturar; por todo eso te puedes ir, pero no porque tienes un buen trabajo».
«No me hables de mis sentimientos, ¿quieres?».
«Tú no tienes sentimientos. Nunca has regresado. Nunca has regresado, huevón. Nueve años. Nueve años. Dame una razón, pero una razón que me la crea, por la que vives acá. ¿Ah? ¿Por qué?».
«Viajo mucho. El puto FMI me envía a todas partes. No ha sido a propósito».
«Todo es a propósito».
«No es que me escapé; ni me perdí. Escribo, llamo, los he invitado. Recorrí todas las Carolinas con mi mamá. Llegamos hasta Savannah. Incluso fuimos a ese cementerio del bien y del mal».
«¿Tomaste fotos para probarlo?».
«Al viejo lo paseé por todo Washington. Conocí todos los monumentos. Almorzamos centollas en Annapolis».
«Sos un santo, Santiago. Un santo».
«No, pero... son puntos a mi favor».
«Andá a joder, boludo».
«No hables como argentino, ¿quieres?».
«Andá a joder».