País Relato - Autores

alan riefe

la discusión

—TODO ESTO es culpa tuya —gimoteó—, ¡siempre que nos detienen, siempre que venimos a parar a una miserable prisión como ésta, es por tu culpa!
—No pude poner en marcha el motor del automóvil —se defendió el otro—; estaba ahogado y el polizonte cayó justamente entonces por allí.
—Cayó justamente entonces por allí. Permaneció allí todo el tiempo, vigilándote y jugando contigo…, dejándote meter la cabeza en la ratonera —dijo despreciativamente.
—No lo vi. ¿Crees acaso que tengo ojos en la nuca?
—Eres el individuo más estúpido que he visto en toda mi vida. ¡No sé cómo me asocio contigo!
—¿De veras? Pues, escucha: si no fuera por mí…
—Si no fuera por ti, ¡ahora estaría yo en libertad! Tienes la mente de un niño de cuatro años, estúpido. ¡Estúpido!
—¡No me hables de ese modo!
—¡Estúpido! ¡Estúpido!
—Si no dejas de insultarme, te arreglaré las cuentas. ¡Te mataré!
—No me hagas reír. Ni siquiera fuiste capaz de matar al polizonte. Te quitó la pistola como si fuera un caramelo. ¡Idiota! Cada vez que planeo algo interesante, tú lo estropeas todo. ¡Estúpido!
—Escucha…
—¡No me dirijas la palabra!
—Entonces, cesa de llamarme estúpido; no lo soy. Mira, fuimos ambos a robar el coche, ¿no es así? Tú pudiste conducir, no era preciso que lo hiciera yo. Así hubieras sido tú el responsable. Fue un golpe de mala suerte. Son cosas que pasan.
—Sólo a ti. Te aterrorizas, basta que veas un polizonte para que te asustes y ahora nos echarán cinco años a los dos. ¡Estúpido!
—¡No repitas esa palabra!
—¡Estúpido!
Las manos del otro se elevaron y le agarraron por la garganta. Gritó:
—¡Déjame!
Pero las manos habían comenzado a apretar. Sus ojos se abrieron, como sorprendido de la fuerza que tenían los dedos, como si comprendiera de improviso que en sus manos residía el poder de matar. Apretó con más fuerza, aplastando la tráquea, apretando…, más fuerte…, más fuerte…
—Suicidio por estrangulación. Parece increíble —observó el médico forense.
—Lo mismo puede llamarse asesinato —opinó el psiquiatra—. Estuvo peleando consigo mismo toda la noche. Es el caso más raro de desdoblamiento de personalidad que he conocido.